Medicina Hiperbárica: Mejora la respuesta de tumores de difícil tratamiento a la Radioterapia

Sometidos a oxigenoterapia tumores con mal pronóstico y resistentes a la radiación se vuelven más sensibles a ésta respondiendo mejor al tratamiento. El Hospital Regional de Castellón es pionero en instalar una cámara con este fin en su Servicio de Oncología

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04 de septiembre de 2017. 18:33h

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Hasta hace relativamente poco el principal uso de la medicina hiperbárica relacionado con el cáncer era para el tratamiento de las lesiones producidas como consecuencia de las sesiones de radioterapia (radionecrosis, su nombre médico). Esta relación parece haberse estrechado en los últimos tiempos, pues diversos trabajos han comprobado los beneficiosos efectos de esta terapia en un determinado tipo de tumores. En concreto, lo que se ha visto es que, sometidos a una sesión de oxigenoterapia, éstos se vuelven más sensibles a la radioterapia y responden mejor al tratamiento.

Además de la ventaja que ello supone, otro punto positivo es que suelen ser muy resistentes a la radiación y tener mal pronóstico. «Lo que se busca es sensibilizar el tumor de forma previa al tratamiento radioterápico por razones hipoxémicas, porque son neoplasias que están necrosadas y, dándoles oxígeno se puede mejorar la respuesta de la radioterapia –explica Javier Madero, especialista en Medicina Intensiva y médico adjunto de la Unidad de Críticos del Hospital Provincial de Castellón–. Es un potenciador de la terapia sobre esos cánceres; un tratamiento coadyuvante de sensibilidad a la radioterapia».

Un tumor hipóxico es aquel que no tiene suficiente oxígeno, «que está isquémico, los tejidos están desvitalizados y la radioterapia es menos efectiva que cuando están vitalizados. Además, en este tipo de neoplasias nos podemos dejar células que están inactivas pero que son cancerígenas y que pueden reactivarse y dar problemas en el futuro», continúa Madero. Es el caso del cáncer de ovarios escamoso, de los de cabeza y cuello, como los epidermoides de larínge, «o los gliomas cerebrales que son irresecables y tienen muy mal pronóstico porque son muy resistentes a la radiación», apunta Manuel Salvador, jefe de Medicina Hiperbárica del Hospital General de Castellón. «Estos tumores no pueden radiarse y suelen tener muy mal pronóstico. Sin embargo, con una sesión de medicina hiperbárica se hace sensible». «Además, el tratamiento quirúrgico es muy agresivo y complicado, por eso se intentan tratamientos más conservadores», continúa Madero.

El único problema que plantea este abordaje es que sólo se cuenta con un margen de 20 minutos entre el tratamiento hiperbárico y hasta que se somete al paciente al acelerador de radioterapia. Y, pasado ese tiempo, desaparece el efecto oxigenador.

Es por este motivo que la colaboración entre los hospitales General y Provincial de Castellón ha sido muy estrecha, ya que el primero dispone de unidad hiperbárica y el segundo de acelerador. Pero, ante los buenos resultados obtenidos, el Regional se ha decidido a instalar la suya propia: una cámara de última generación totalmente automatizada y monitorizada para tratamiento convencional de un máximo de ocho pacientes sentados o para dos en estado critico (dos camas en paralelo), y está previsto que empiece a funcionar antes de final de año «para octubre o noviembre», calcula Madero, responsable de la puesta en marcha de la misma.

Ventana temporal

Pero lo que la hace tan especial es su proximidad a los equipos de radioterapia, que no distan mas de 30 metros, acortando así los tiempos de espera tras el tratamiento con oxígeno y el inicio del tratamiento radioterápico. «La creación de la unidad surge por la necesidad de mejorar los resultados de la radioterapia en pacientes oncológicos», subraya el especialista.

Porque, una revisión de la Cochrane Library, que reagrupa todos los ensayos realizados hasta el momento y hace un análisis de los mismos sobre Radiosensibilización en tumores de cabeza y cuello, confirma los buenos resultados clínicos: «Según estos trabajos, reduce en 1-5 años la mortalidad y recurrencia local y mejora el control local del tumor de cabeza y cuello; a dos años la recurrencia local del cáncer de cérvix; y no presentan efectos adversos y tienen un menor índice de lesión severa radioinducida», señala Madero. «Las publicaciones que están saliendo actualmente están reafirmando los datos de esta revisión. Aunque es del 2012, hay que tener en cuenta que son trabajos de supervivencia a cinco años y se van analizando poco a poco todos los datos», apunta el experto.

«Son resultados muy prometedores y han demostrado los buenos resultados de la Medicina Hiperbárica en estos casos. Se aplica sobre todo en Alemania y Japón», confirma Salvador. Porque, lo que está claro es que, aunque aún hay poca literatura científica al respecto es algo muy novedoso y que es el tratamiento que más expectativas está creando. Y, aunque el Hospital Provincial de Castellón es pionero en España en esta aplicación, el tema no está pasando desapercibido y otros centros se estarían planteando la posibilidad de seguir sus pasos. Tal es el caso de La Paz de Madrid, donde existiría un proyecto similar. «La idea de instalar una cámara de Medicina Hiperbárica en el servicio de Oncológica Radioterápica en el hospital se está estudiando, pero no está prevista su puesta en marcha a corto-medio plazo. Estamos pendientes de ver el análisis de las necesidades asistenciales del centro así como de la evidencia científica de la terapia», cuentan a este suplemento desde el hospital.

Heridas que no cicatrizan

Aunque durante años estuvo relegada al campo del submarinismo y las enfermedades por descompresión, esta disciplina ha evolucionado al tiempo que se han ido extendiendo sus indicaciones. Además de los accidentes de buceo o en los casos de intoxicación por monóxido de carbono (para los cuales resulta el único tratamiento eficaz), la terapia hiperbárica es también fundamental en otros campos.

En cáncer, a parte de para la sensibilización de tumores, una indicación muy importante es para tratar las secuelas de la radioterapia, como decíamos al principio. «Entre las patologías no relacionadas con el buceo que más tratamos y en las que obtenemos respetables resultados están las, a veces inevitables, secuelas tras radioterapia oncológica, por tener entre sus efectos la destrucción de la microcirculación local con el subsiguiente sufrimiento del tejido sano», apunta Miguel Ángel Brinquis, jefe del Servicio de Medicina Subacuática e Hiperbárica del Hospital Gómez Ulla de Madrid.

Como la osteorradionecrosis de mandíbula (una secuela muy común del tratamiento del cáncer de boca o larínge con radioterapia). De hecho, según el estudio «Patologías tratadas con oxigenoterapia hiperbárica en el Hospital Gómez Ulla de Madrid», publicado en junio de 2015, las lesiones radioinducidas fueron la indicación principal de tratamiento con el 52,21% de los casos.

Le siguen las úlceras y heridas de difícil cicatrización y con mala respuesta a tratamiento convencional, que supusieron 23% de los casos. Y es que, como asegura Salvador, «todas las patologías relacionadas con una mala irrigación de los tejidos son susceptibles de ser tratadas con terapia hiperbárica». Tal es el caso del pie diabético o las úlceras venosas.

«La cicatrización es un proceso reparativo y las células encargadas de llevarlo a cabo, como los fibroblastos y las células defensivas, son muy altas consumidoras de oxígeno, por lo que aquella se detiene si no hay suficiente oxígeno disponible en el área lesionada, y esto ocurre en muy distintas patologías, –explica el doctor Brinquis–. Dentro del complejo proceso reparativo es fundamental rehacer la red circulatoria y, en trabajos experimentales, se ha demostrado que esto se inicia antes de las 30 sesiones de media. Puesto en marcha el proceso es el organismo el que debe tener capacidad para poder completarlo. Cada sesión nuestra dura unos 80 minutos. Los ciclos de sesiones pueden repetirse», continúa el especialista.

De esta manera se «consiguen cerrar el mayor porcentaje de heridas que no lo hacen, pero es importante hacer un estudio vascular, coordinarse con cirujanos vasculares para desembrozar, hacer angioplastia o poner un stent para mejorar esa circulación. Y si, a pesar de eso, no se cierran, integramos la cirugía vascular y las curas y se acudiría a la Medicina Hiperbárica», añade el doctor Salvador. Habitualmente, a partir de la segunda semana ya se empiezan a apreciar los resultados.

El abanico de tratamientos que ofrece la oxigenoterapia es muy amplio y también abarca a pacientes con patologías como la sordera súbita, los aplastamientos, los injertos o la gangrena gaseosa. Sin embargo, en los últimos años otra aplicación que ha cobrado especial relevancia ha sido su utilización en el tratamiento de lesiones deportivas por parte de los atletas de élite de todo tipo.

En medicina deportiva

Esto se debe a que «acorta los procesos de curación médicos en los traumatismos. Como tratamiento adyuvante en procesos de desgarros ligamentosos o cicatrizaciones musculares. Es una herramienta más que interesante para el fisioterapeuta pues acelera los procesos de cicatrización de ligamentos, y de consolidación de la fractura. Pero si se utiliza con células madre o factores de crecimiento se consiguen cicatrices demasiado hipertróficas (es decir que el ligamento está más engrosado y pierde flexibilidad)», explica Salvador. «Reduce el tiempo de recuperación a la mitad –coincide Carlos Santelli, especialista en esta disciplina y asesor médico de la Clínica Revitacell de Madrid– pues acelera el funcionamiento normal del organismo (gracias a esa optimización del transporte del oxígeno en los tejidos), y con ello también los procesos de curación».

¿Cómo funciona?

La oxigenoterapia hiperbárica es una forma de tratamiento médico que consiste en respirar oxígeno puro a una presión superior a la normal. El oxígeno administrado en ambiente presurizado actúa como un fármaco. Su mecanismo de acción responde, por un lado, a la variación de la presión ambiental (ley de Boyle Mariotte), pues cuando ésta aumenta los gases experimentan una reducción proporcional de su volumen, y por otro, al incremento de la cantidad de oxígeno disuelto en la sangre ya que, cuando un gas entra en contacto con un líquido (ley de Henry) tiende a disolverse en el mismo. De esta forma, al respirar oxígeno en un ambiente hiperbárico se incrementa en más de 20 veces la cantidad presente en la sangre. Y por eso también el oxígeno es capaz de llegar a sitios donde no lo hace el riego sanguíneo.

La verdadera historia de la cámara de Michael Jackson

Probablemente ya conozca la imagen de la izquierda. Corría el año 1984 y la foto del artista más famoso de la historia metido en una especie de urna de cristal corrió como la pólvora por las redacciones de los tabloides. Rápidamente se difundió la noticia con el titular de que el interprete la había instalado en su casa y dormía en ella con la intención de vivir más de cien años. La verdadera historia poco o nada tiene que ver con este rumor –ni por el motivo de la foto ni por el uso de esta terapia– y, en cambio, sí con la una aplicación real de la oxigenoterapia. Y es que la cámara en la que aparece el «Rey del pop» se encontraba en Unidad de Quemados del Hospital de UCLA en Los Ángeles (EE UU), y que lleva su nombre tras donar la abultada indemnización con la que Pepsi le pagó tras sufrir un accidente rodando un anuncio para esa marca de refrescos que le causó quemaduras de tercer grado en el cuero cabelludo. La cámara en cuestión fue adquirida por dicha unidad de quemados por sus beneficiosos resutados en el tratamiento de ese tipo de lesiones, y Michael Jackson, en una visita al centro, no dudó en hacerse una foto dentro, con el resultado que todos conocemos.

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