Migrañas, la dieta sólo desencadena un 10% de las crisis de dolor

La relación entre lo que se come y los picos de dolor está sobredimensionada, pero sí es aconsejable evitar el ayuno y reducir el consumo de alimentos como mariscos, quesos curados, cítricos y pescados azules

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18 de septiembre de 2017. 15:00h

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Dolor de cabeza intenso, mareo, sensación de vértigo, fuerte sensibilidad a la luz y al ruido, náuseas o incluso vómitos... Son los síntomas que experimentan los más de cinco millones de españoles diagnosticados de migraña (12,6% de la población), una enfermedad neuronal que resulta muy incapacitante, ya que más de un millón y medio de ellos padece migraña crónica, lo que significa que sufren dolor de cabeza más de 15 días al mes. Este negro panorama se oscurece aún más cuando se habla de prevalencia, ya que, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), al menos un 25% de los pacientes no han consultado nunca su dolencia con el médico y podrían existir más de un 40% de enfermos sin diagnosticar.

En este sentido, la dieta se convierte en una importante moneda de cambio para los pacientes, que en muchos casos están convencidos de que determinados alimentos que comen les provocan dolor de cabeza. Sin embargo, «la relación entre migraña y alimentación está sobreestimada, ya que en los ensayos clínicos de calidad se ha visto que no más del 10% de los pacientes tiene algún desencadenante reconocido por ellos como inductor de las crisis de migraña en la mayoría de las ocasiones», confirma Laura Esquius, nutricionista y profesora de la Cátedra Estudios de Ciencias de la Salud de la Universidad Abierta de Cataluña.

A pesar de ese escaso diez por ciento de relación entre dieta y migraña, la alimentación es una pieza clave en la prevención y tratamiento de esta dolencia. «Aunque no todas las crisis de migraña tienen su origen en la alimentación, conviene saber que el consumo de determinados alimentos puede acelerar su aparición y agudizar los síntomas. De esta forma, una dieta “preventiva” podría reducir el número e intensidad de las crisis, aunque ello no quiere decir que la migraña desaparezca, ya que existen otros múltiples factores que la desencadenan», matiza Sonia Santos, vocal del Grupo de Estudio de Cefaleas de la SEN, quien añade que «en general, los alimentos que pueden desencadenar una crisis de migraña son aquellos ricos en aminas biógenas (histamina, tiramina, serotonina, feniletilamina), compuestos fenólicos y aditivos alimentarios (como el glutamato monosódico y el aspartamo).

Priorizar lo natural

Pero, ¿qué alimentos de nuestra despensa son los que esconden esos «enemigos» de la migraña? «Los productos que se han relacionado habitualmente como desencadenantes de esos fuertes dolores de cabeza son los que contienen nitratos (precocinados, bacon, salami, salchichas...); los ricos en tiramina (como el chocolate, los quesos curados, los higos, los cítricos, el aguacate, el plátano, las cebollas, el vino tinto, algunos pescados como los azules); con alta presencia de histamina (como los mariscos) y aquellos con glutamato monosódico (productos precocinados y procesados), sin olvidar la cafeína y el alcohol», detalla María Ballesteros, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). De hecho, «una revisión reciente sitúa al vino, y específicamente al vino tinto, como la bebida alcohólica desencadenante de crisis por excelencia. Si bien es cierto que son necesarios estudios más consistentes y con mayor rigor científico, entre los mecanismos que explicarían este hecho destacan la composición del vino tinto, rica en compuestos fenólicos flavonoides, y su capacidad para interferir en el metabolismo de la serotonina a nivel del sistema nervioso central», recuerda Santos.

A pesar de esta larga lista de alimentos «non gratos», los expertos coinciden en afirmar que «no podemos aconsejar a los pacientes determinados tipos de dietas especiales o restrictivas. Es más, la supresión de ciertos alimentos puede ser peligrosa por producir déficits de vitaminas y oligoelementos, por lo que es una práctica desaconsejable en el embarazo. El problema no está en el qué se come, sino en el cómo», afirma Esquius.

Sin alimentos prohibidos

En esta línea, Ballesteros asegura que «las dietas de eliminación de alimentos para prevenir la migraña pueden ser, por tanto, complicadas de diseñar, con un alto riesgo de eliminar alimentos que no son verdaderos desencadenantes de las crisis de dolor y de ocasionar desequilibrios nutricionales. Por ello, los estudios más recientes siguen sin apoyar la eliminación indiscriminada de alimentos». En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que el estilo de vida y mantener un peso adecuado influye, ya que, tal y como recuerda Ballesteros, «un metanálisis reciente de estudios observacionales ha relacionado la obesidad con un mayor riesgo de migraña y de progresión de la enfermedad de episódica a crónica. Además, la pérdida de peso en obesos también ha demostrado mejorías en los síntomas».

Más allá de los alimentos «incómodos» para la migraña, también existen ciertos recursos de la dieta que pueden actuar como escudos frente al dolor. Algunos estudios confirman los efectos beneficiosos de la vitamina B2, presente en alimentos como las almendras, los champiñones o las sardinas. «Hay sustancias como ciertas vitaminas o minerales que han demostrado su eficacia en la prevención de la migraña. En la consulta utilizamos suplementos de la vitamina B2 a dosis altas (400 mg al día) y el magnesio a dosis media (300 mg al día). La eficacia de estos tratamientos es limitada y menor que la de los fármacos antimigrañosos», asegura Esquius, quien añade que «también hay que tener en cuenta las grasas omega-3 y omega-6, que ayudarán a regular los procesos inflamatorios, aunque es preciso encontrar un equilibrio entre ellas, que se encuentran en los aceites de semillas, los frutos secos y el pescado azul».

Entre las últimas opciones de tratamiento se ha hecho un hueco la suplementación con enzima DAO, «un tratamiento preventivo sin efectos secundarios y muy efectivo para el 87% de los pacientes de migraña, cuya causa de la enfermedad es una baja actividad o déficit de DAO. Un simple análisis de sangre permite conocer si existe este problema, que suele provocar un exceso de histamina en el torrente sanguíneo, lo que aumenta el riesgo de dolor de cabeza», explica Juanjo Duelo, vicepresidente de la Sociedad Internacional de Déficit de DAO. Sin embargo, desde la SEN puntualizan que, «a día de hoy, no existen publicaciones que sustenten la eficacia de este suplemento».

En lo que sí hay acuerdo es que el retraso en el horario de la ingesta resulta un factor precipitante de cefalea. «El ayuno prolongado puede desencadenar una crisis en el 25% de los niños y en el 40% de los adultos. La cefalea por ayuno suele ser bilateral, de cualidad no pulsátil y de intensidad leve-moderada. A veces se presenta en ausencia de hipoglucemia; es decir, el descenso de glucosa en sangre no es el único factor responsable», matiza Santos. Por eso, Esquius hace hincapié en que «es más probable que una persona tenga crisis de migraña en ayunas o cuando se salta una comida que cuando come un determinados alimentos».

La eficaciade la cirugía

En los últimos años la cirugía de migraña ha generado un gran interés, puesto que supone un cambio en la calidad de vida de los pacientes. «La cirugía consiste en liberar la presión de los puntos desencadenantes o nervios implicados en el dolor repartidos en el córtex cerebral. La intervención se realiza mediante pequeñas incisiones en el cuero cabelludo y se realiza de forma ambulatoria. Es una cirugía mínimamente invasiva. La clave del éxito está en elegir bien a aquellos pacientes que realmente son candidatos a esta cirugía, así como la identificación de los puntos de compresión», asegura Ahmad Saad, fundador del Centro de Cirugía para la Migraña de San Diego (EE UU) que realiza esta técnica en el Instituto Javier de Benito de Barcelona. Para los casos de migrañas más rebeldes, con pacientes que presentan crisis frecuentes, otra opción es el tratamiento con toxina botulínica. «Numerosos estudios recientes avalan sus efectos positivos para la migraña crónica, pues reduce la duración de la cefalea y además la previene», asegura Joaquín Ojeda, neurólogo del Hospital Vithas Nuestra Señora de América de Madrid.

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