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Prevención de ictus, una asignatura pendiente a nivel mundial

Un informe internacional advierte de las carencias en anticoagulación y la prevención de accidentes cerebrovasculares. España está a la cola en el uso de antitrombóticos de nueva generación y mantiene las diferencias autonómicas

  • Foto: Gtres
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23 de octubre de 2017. 18:36h

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Pilar Pérez 23/10/2017

La fibrilación auricular (FA) y sus principales consecuencias, los accidentes cerebrovasculares –ictus– son un desafío terapéutico en pleno siglo XXI. Pese a contar con herramientas de diagnóstico y prevención, hay muchas lagunas en el uso de los tratamientos más adecuados para el control de los pacientes. El informe «Prevención del ictus: evolución desigual», realizado por Economist Intelligence Unit (EIU), una división de «The Economist», y patrocinado por Bristol Meyers-Squibb y Pfizer, revela que más del 75% de los mayores de 65 años en todo el mundo no está siendo evaluado para detectar La FA y otros factores de riesgo de ictus durante las revisiones rutinarias en atención primaria, aunque ésta sea considerada una población de riesgo.

España está en entre los países en los que se apunta la existencia de este problema. «Se va mejorando la formación de los médicos, aunque todavía queda bastante por hacer pues de hecho hay un número no despreciable de pacientes con FA que, debiendo estar anticoagulados, no lo están. Ésta sí es responsabilidad del médico», explica Luis Rodríguez Padial, jefe de Servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario de Toledo. Entre los datos que arroja, destaca a la descoordinación y coloca a España a la cola en personal especializado en la patología. Sin embargo, Rodríguez Padial matiza que aunque «la situación no es buena no creo que sea tan mala como se indica en el estudio, realizado en 20 países».

Desde una perspectiva mundial, Becca Lipman, editora de la división de EIU y responsable del informe explica que «con 6,2 millones de decesos, el ictus es la segunda causa principal de muerte a escala mundial, aunque podrían prevenirse cerca del 80% de los casos». Lipman pone énfasis en que el trabajo despierte conciencias alerte a los profesionales sobre «la urgencia en la detección de los factores de riesgo de ictus, incluyendo la FA y la hipertensión», y espera que se tome como un compendio de recomendaciones para cada país.

Importantes son las cifras que dibujan la radiografía del problema en España. Hasta 120.000 muertes al año por ictus, un 40% de los pacientes anticoagulados está mal controlado –como apunta un informe de la Sociedad Española de Medicina Interna– y la media de uso de anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) –que han demostrado más eficacia y seguridad en este tipo de abordaje terapéutico– está cerca del 40%, muy por debajo de la media Europea que supera el 60%, según datos de IMS Midas. «El problema son las diferencias autonómicas en la aplicación de lo que marcan las guías clínicas con el informes de posicionamiento terapéutico de Sanidad. A veces que un paciente se ajuste al uso de ACOD cuesta unos seis meses en los que hay que demostrar que de verdad está mal controlado con el Sintrom. Ese tiempo es delicado y muy preciado para el paciente», subraya Rodríguez Padial.

Además, el especialista pone un ejemplo práctico en el que sólo lo hace bien la comunidad autónoma de Extremadura: «Cuando tenemos que practicar una cardioversión –un proceso en el que aplicamos una descarga en el corazón para revertir el ritmo normal del corazón en pacientes con FA– necesitamos que el paciente esté bien anticoagulado. Al menos tenemos que estar seguros de que se halla así un mes antes y otro después de la intervención, de lo contrario las consecuencias pueden ser fatales. Porque, ¿y si se despega un ‘‘trombito’’? El riesgo de complicaciones, ictus, es alto. Por eso aquí se tendría que cambiar el Sintrom por un ACOD, al menos durante ese periodo. Está demostrado que es coste-efectivo, eficaz y seguro. ¿Qué pasa si al llegar al hospital con todo preparado no se puede llevar a cabo la cardioversión? Ese coste sin sentido no se mira».

CLAVES

Uno de los puntos que se advierte en el informe es que la detección de la hipertensión y la FA no es adecuada y no se realiza con regularidad en la práctica clínica. «La HTA tarda a veces en detectarse, aunque no demasiado. El problema fundamentales de iniciar el tratamiento y de conseguir el adecuado control de los pacientes. También hay que mejorar el diagnóstico de FA. La técnica esencial para ello es el electrocardiograma, que puede realizarse en consulta. Si el paciente tiene palpitaciones rápidas o arritmia en la exploración, debe sospecharse la FA dada su elevada prevalencia», subraya Rodríguez Padial. Otro de los aspectos que destaca son las lagunas en la formación de los profesionales sanitarios sobre la identificación y el tratamiento adecuado de los riesgos de ictus.

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