Psicoterapia de tercera generación: Borra los peores recuerdos con movimientos oculares

Llamada EMDR, consiste en estimular la zona bilateral del cerebro (relacionada con la memoria y las emociones) a través de movimientos oculares guiados por el terapeuta. Avalada por la OMS, ahora se investiga su uso en trastorno bipolar, fibromialgias y alzhéimer

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A. Jiménez. 

Tiempo de lectura 8 min.

30 de enero de 2017. 18:13h

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Regular las emociones desde éstas mismas y no desde la cabeza. Ése es el objetivo de un nuevo modelo de psicoterapia calificado de tercera generación y conocido como EMDR (de-sensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares). Avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las Guías Clínicas Internacionales para el tratamiento del trauma, surgió en Estados Unidos en los años 80 y ha ido creciendo en Europa hasta llegar a aquí.

Cuándo

Lo que llama la atención es su metodología, ya que emplea la estimulación bilateral del cerebro para llegar al punto clave en el que se produjo un trauma realizando movimientos alternativos de los ojos dirigidos por el terapeuta, y así trabajarlo para que deje de causar daño. En un principio se empleó en grandes catástrofes como tsunamis, terremotos, incendios, y también en abusos sexuales... Sin embargo, hoy en día ha evolucionado y se emplea «también en personas que viven situaciones que a veces resultan estresantes en la vida cotidiana y que empiezan a agobiar al individuo. Es un abordaje psicoterapéutico recomendado para tratar problemas, relacionados con el trauma interno a la identidad de la persona, con el tipo de apego y situaciones como desprotecciones, abuso emocional, y psicológico, y con el trauma interpersonal (como separaciones traumáticas, acoso laboral, acoso escolar, cambios de trabajo, etc.)», explica Francisca García, psicóloga especialista en psicología clínica y salud y presidenta de la Asociación EMDR España.

En definitiva, está recomendado para quienes han vivido situaciones en las que la bioquímica del cerebro, sobre todo del cortisol y la adrenalina, han sobrepasado los límites de la ventana de tolerancia «y en esos casos, a veces, el recuerdo queda atrapado en el tiempo, encapsulado, con las mismas emociones, sensaciones, y pensamientos que en el momento en el que se produjo la situación estresante», añade García. Y eso no es todo. EMDR España ha colaborado «con profesionales y ha contribuido económicamente en investigaciones sobre el trastorno bipolar , fibromialgias, alzhéimer, y otros», añade. Además, puede aplicarse a todas las edades, «incluso a los niños, lo que sucede es que adaptamos el protocolo estándar a la casuística y la edad del paciente», especifica García.

Sin embargo, hay que ser cautos, pues «está contraindicado en pacientes que no pueden tolerar bien las emociones como por ejemplo personas con cardiopatías o problemas neurológicos graves o en aquellos que sufren abuso de sustancias o con mucho deterioro cognitivo. En esos casos, tenemos que actuar interdisciplinariamente con los médicos, psiquiatras...», matiza la experta.

Usos actuales

Arwen Caban, clínico EMDR del gabinete Trinidad Bonet de Madrid añade que «hoy en día la usamos para todos los trastornos que no tengan base orgánica. Desde trastornos de la alimentación, obsesivo compulsivo, de pánico, de ansiedad, depresión, fobias simples, duelos, trastornos adaptativos, estrés... Los cuadros de base orgánica no los va a curar, porque no se puede, como ocurre por ejemplo con la esquizofrenia, pero sí hay muchos síntomas de esta enfermedad que tienen que ver con la desadaptación social y se pueden aliviar al reprocesar determinados recuerdos del paciente».

Por su parte, Raquel Quílez Pardos, psicóloga y psicoterapeuta especializada en el tratamiento del trauma simple y complejo en Barcelona, añade que «también se aplica EMDR de forma muy novedosa en lo relacionado con el trauma deportivo, el alto rendimiento. Se puede tratar lo que ha originado que un atleta haya dejado de ser tan bueno en su deporte, si ha sufrido una lesión y tiene miedo a volver a lesionarse o a no alcanzar un determinado éxito... También, trabajo mucho con infertilidad o traumas perinatales, disfunciones sexuales masculinas y femeninas, dolores en las relaciones y dolor crónico pélvico».

Así funciona

Lo complicado es explicar, especialmente a los más escépticos, cómo se trabaja. Y la psicóloga y clínica EMDR Cristina Díaz Reina lo hace de forma sencilla. «Por la noche, en la fase REM del sueño, se produce el movimiento rápido de los ojos (que activa los hemisferios y el cerebro), se procesa la información del día y se archiva. Si en un momento de nuestra vida hay una situación con una carga emocional muy fuerte el cerebro, cuando por la noche va a procesarlo, no sabe cómo hacerlo y queda sin archivar, como en un cajón de sastre. La persona puede seguir viviendo, pero eso estará de fondo y puede salir años después», aclara.

Lo que se hace con el EMDR es provocar ese procesamiento natural de la información que hace el cerebro en la consulta «haciendo conectar con la diana que está formada con la peor imagen de ese momento vivido, junto con la creencia negativa sobre sí mismo. En el momento en el que el cerebro conecta con ello y empezamos la estimulación bilateral (ya sea visual, auditiva o táctil), el cerebro automáticamente empieza la desensibilización de esta situación y el reprocesamiento. Los terapeutas no intervenimos, se va haciendo la estimulación y se le va preguntando qué ocurre», dice Díaz Reina.

Cómo se trabaja

Lo primero de todo, cuando llega un paciente, es «establecer una buena relación terapéutica, conocer bien el problema y a la persona, cómo es la base, el apego. Hemos de empezar por asegurarnos de que está estabilizado y tiene herramientas suficientes para sentirse en control de afrontar el día a día. Esto es el trabajo de EMDR para instalar recursos. Una vez hecho esto, se puede aplicar para el trabajo de trauma. Este orden es fundamental para evitar disociación. EMDR permite una terapia potentísima que debe ser utilizada siguiendo protocolos personalizados», especifica Quílez.

Y no siempre hay un hecho único y puntual que desencadena el problema. Ocurre, por ejemplo, con un trastorno de alimentación desde la adolescencia. «Tiene que ver mucho con el estilo de apego que ha recibido en casa, el desarrollo de la autoestima y de la imagen corporal, con los cánones de belleza de la sociedad... Son muchos aspectos los que hay que valorar, por lo que hay que añadir al EMDR todas las demás herramientas de terapia convencional», puntualiza Caban. La presidenta de la Asociación EMDR España añade que, «por ejemplo puede venir porque acaba de tener una separación y dos meses después tuvo un ataque de pánico, o no puede dormir, o ha empezado a beber, o se muestra muy distraído, etc.». Cada paciente llega con unos síntomas. Lo que se hace es comprender el origen, dar un diagnóstico, explicarle dónde están las informaciones en forma de recuerdos que han dado lugar al problema o trastorno y se le muestra un plan de tratamiento adecuado, incluidos los recursos para poder hacerle frente al trauma. «Pedimos al afectado que se concentre y deje sentir en el cuerpo el malestar al recordar una escena o pensamiento negativo. Una imagen, un recuerdo, una emoción y una sensación relacionados con el problema. Y a partir de esa sensación y lo que le produce, entramos entonces a trabajar en la red de memoria donde está el trauma, y esa situación negativa se va reprocesando, desensibilizándose y transformándose en positiva, gracias a los recursos internos que tiene», sostiene Quílez.

Una vez analizada la base, el terapeuta se pone delante del paciente con los dos dedos levantados y le pide que los siga con la mirada, sin mover la cabeza haciendo movimientos horizontales de derecha a izquierda Y se va acomodando la velocidad en función de la información que le está viniendo. «Siempre les digo que lo van a hacer bien porque es un proceso natural, pero, si no se sienten cómodos o tienen problemas de visión, puedes emplear toques alternativos en rodillas u hombros, o bien utilizar unos auriculares con un sonido bilateralizado. Ahora hay aparatos para hacerlo, en los que a nivel visual hay una pantalla con un punto led que se mueve de derecha a izquierda. A nivel táctil, hay unas pequeñas petacas que se colocan en las manos y vibran alternativamente», puntualiza Díaz Reina.

En cuanto al número de sesiones necesarias, los profesionales aclaran que éste varia en función del tipo de trauma, la cronicidad del problema y la gravedad del trastorno, y puede ser desde tres sesiones para un trauma simple hasta más de un año para problemas complejos. En el caso de los niños, es más fácil trabajar. «Son tratamientos más cortos que se benefician muchas veces al tratar también a los padres al tenerlos como coterapeutas», concluye Quilez.

RECONOCIIMIENTO INTERNACIONAL

En 1987, la psicóloga norteamericana Francine Shapiro, observó que los movimientos voluntarios de los ojos reducían el nivel de angustia que producen los pensamientos negativos. Por ello realizó una investigación con individuos traumatizados por la guerra de Vietnam y con víctimas de abuso sexual para así poder estimar la eficacia de esta revolucionaria terapia. Lo que comprobó fue que los síntomas del trastorno por estrés postraumático se redujo de manera muy significativa.

-Hoy hay más de 50.000 terapeutas entrenados en la utilización de este abordaje terapéutico. En España han sido entrenados unos 4.000 terapeutas.

-La Organización Mundial de la Salud (OMS) en sus directrices para la gestión de las condiciones específicamente relacionadas con el estrés en Ginebra (2013) reconoce la terapia cognitivo conductual (TCC) centrada en el trauma y EMDR como las únicas psicoterapias recomendadas para niños, adolescentes y adultos con trastorno de estrés postraumático.

La American Psychiatric Association (APA), en su guía de práctica para el tratamiento de pacientes con trastorno por estrés agudo y trastorno de estrés postraumático, también determina la terapia EMDR como tratamiento eficaz de trauma.

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