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Registros hospitalarios para saber más del VIH

La cronificación de la enfermedad y el envejecimiento de la población afectada requieren de un nuevo abordaje por parte del sistema sanitario

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19 de junio de 2017. 18:09h

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Eva S. Corada 19/6/2017

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El perfil de la persona con VIH ha cambiado en los últimos años: «Ya no son los jóvenes de antes, ahora son personas más mayores, que han vivido muchos años con VIH. Es alguien que conoce la enfermedad y tiene alrededor de 50 años». Lo dice Jeffrey Lazarus, investigador del ISGlobal de Barcelona, Hospital Clínic, Rigshospitalet, Universidad de Conpenhage y colaborador del Centro de VIH y Hepatitis, de la OMS, y lo confirma la «Encuesta hospitalaria de pacientes con VIH», realizada por el Centro Nacional de Epidemiología-Instituto de Salud Carlos III – cuyos resultados se dieron a conocer hace algunas semanas– una de las principales fuentes de información para caracterizar a las personas con VIH atendidas en el Sistema Nacional de Salud.

Mientras que la proporción de personas mayores de 50 años a penas sobrepasaba del 7% en el año 2001, en 2016 pasa del 46% y la media de edad fue de 47,6 años, siendo la presencia de menores de 25 años muy escasa (2,6%).

Por eso, igual que pasó hace unos años con los pacientes del cáncer, cuando se solicitó la instauración de un plan para atender a los llamados «largos supervivientes» de cáncer (pacientes curados que ya no reciben tratamiento y que al menos han transcurrido cinco años desde el diagnóstico y que requieren un seguimiento especial) ahora se busca algo parecido para aquellos afectados por esta enfermedad.

Porque el aumento en la supervivencia desde el uso de la terapia antirretroviral ha propiciado una mayor exposición a factores de riesgo propios de la población general y, con ello, han ido aflorando otras comorbilidades asociadas al envejecimiento, además de las propias asociadas al VIH o a su tratamiento. De todo ello se habló en el acto, organizado por la Fundación Gaspar Casal, con la colaboración de Gilead «VIH en España: Políticas para una nueva gestión de la cronicidad más allá del control virológico».

Porque, como señala el doctor. Santiago Moreno, expresidente del Grupo de Estudio del Sida (Gesida) de la SEIMC, «ahora el problema no es la toxicidad, la respuesta viral o la adherencia al tratamiento, ahora toda la atención clínica está puesta en estos eventos no-sida, como el mayor riesgo cardiovascular, los problemas del hueso o los del riñón».

Y es que, las personas mayores de 50 años con VIH tienen una mayor morbi-mortalidad que la población general global. Entre los años 2010 y 2014 hubo un aumento significativo de las comorbilidades: 44% antecedentes de eventos cardiovasculares, 24% insuficiencia renal y 42% fracturas. Además, las alteraciones neurológicas y psiquiátricas, así como los casos de cáncer, son más frecuentes en población VIH positiva. Además, destacar que, en 2014, más del 40% de los pacientes tenían una función renal alterada.

Por eso ahora la cuestión es cómo gestionar esa cronicidad. Y la clave para abordar esta nueva situación pasa por «saber qué está pasando con estos pacientes para tomar la acción adecuada porque no sabemos de qué están muriendo los pacientes con VIH, o por qué están entrando en el hospital. Sería muy importante con esta población conocer esta información», asegura Lazarus. Parte de la solución pasaría por hacer registros de estos hechos en los hospitales y centros de salud. «Es más trabajo para los médicos pero una vez que sepamos lo que pasa podremos tomar las medidas oportunas».

También Moreno entiende que es necesario un «cambio de esquema del sistema sanitario para enfrentarlo a esta nueva situación de envejecimiento de la población con VIH». De igual forma se manifestó el portavoz de Sanidad del PSOE José Martínez Olmos quien dijo que «la cronicidad requiere un abordaje diferente. Estamos con la obligación para transformar el sistema sanitario con más atención primaria y menos especializada. Más atención en el ámbito domiciliario y menos en el hospitalario, y dar más protagonismo a los pacientes en su tarea de autocuidado y de formar a los nuevos pacientes que se incorporan», concluyó.

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