Unidad de Medicina del Adolescente, para pasar de pediatría a general

En una etapa tan complicada, de los 14 a los 18 años, la transición del pediatra al médico general se suma a los cambios propios de estas edades tanto de índole físico como psicológico

  • El equipo médico que dirige la doctora Inmaculada Moreo, (en el centro de la fotografía)
    El equipo médico que dirige la doctora Inmaculada Moreo, (en el centro de la fotografía)
Pilar Pérez,  P. Pérez.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

20 de septiembre de 2017. 09:38h

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Parece que cuando se abandonan las revisiones de pediatría, los niños, ya jóvenes casi adultos, caminan en un vacío sin una atención médica concreta que sepa abordar de forma integral todos los aspectos que son propios de la adolescencia provocados por cambios tanto a nivel psicológico como físicos. Por ello, diseñar una Unidad del Adolescente con tal fin resulta práctico si en ella, además, se concentran profesionales especializados en esta etapa tan sensible de la vida.

En el Hospital Quirónsalud Palmaplanas de Palma de Mallorca han apostado por ello y la doctora Inmaculada Moreo se encarga de coordinar el equipo de profesionales que atiende a chicos y chicas de entre 14 y 21 años. «Tenemos aún poco recorrido, por lo que nuestra casuística no es extensa, pero sí representativa. Contamos con casos de trastornos alimentarios, problemas psicológicos...», cuenta Moreo. Lo cierto, es que su trabajo pretende no abandonar al joven adolescente, que ha recibido un seguimiento tan exhaustivo en su etapa infantil, justo en uno de los momentos más sensibles, que implican el ritmo de crecimiento acelerado, variaciones hormonales y novedades importantes en la vida del paciente.

Pero no sólo se abordan problemas, como trastornos alimenticios, de la conducta o posibles inicios en adicciones como el alcohol, el tabaco u otras drogas, sino necesidades concretas y específicas que pueden surgir como el diseño de alimentación y descanso de jóvenes que empiezan a practicar un deporte de manera casi profesional. «Necesitan conocer cómo hacerlo y de forma sana», explica Moreo. Los adolescentes que realizan prácticas deportivas de alta intensidad deben conocer aspectos relativos a sus necesidades nutricionales, por ejemplo, la necesidad del aporte extraordinario de entre 500 y 1.500 kcal/día a las 2.500 kcal/día que debe ingerir un adolescente. Y también someterse a estudios para prevenir la diabetes, o descartar la presencia de cardiopatías o problemas respiratorios de diversa gravedad.

Derivaciones

Así, no se trata de aglutinar un número infinito de especialistas de diferentes patologías, sino que «tenemos la capacidad de derivar al paciente al médico o servicio que precise. Somos la coordinación de los mismos», apunta Moreo. Destaca el trabajo relacionado con el servicio de Ginecología, se presta especial atención a la aparición de la primera menstruación, y se hace el seguimiento de consultas por ciclos menstruales irregulares, problemas de acné, aumento de vello o prevención de enfermedades de transmisión sexual.

También resulta clave el nexo con endocrinología, desde la que se abordan trastornos del crecimiento como retraso o adelanto de la pubertad, así como el diagnóstico de la diabetes y la obesidad. Se pueden estudiar carencias o cambios en los hábitos nutricionales, trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia, y si es conveniente, activar planes para combatir la obesidad de forma integral. Desde la unidad se realizan análisis y asesoría sobre hábitos nutricionales, combinados con una propuesta de práctica deportiva, así como soporte psicológico, para afrontar los trastornos del ánimo. Sobre esto último, Moreo subraya que «tenemos en el equipo psicólogos que nos ayudan en el afrontamiento de este tipo de alteraciones que en esta etapa son muy frecuentes».

Para el seguimiento adecuado del paciente adolescente, en la consulta se realizará una historia clínica completa orientada a detectar problemáticas desde el punto de vista bio-psico-social, el especialista prestará atención singular a los factores de riesgo como toxicomanías o conductas sexuales de riesgo, situando en primer plano la prevención, con el objetivo de promocionar hábitos de vida saludable. De esta manera, se consigue potenciar la relación del médico con el adolescente y con su familia, y así también, se fomentan hábitos de cuidado de la propia salud.

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