Con las manos vendadas

Vengo con las manos vendadas. Para hablar de boxeo. Y de la vida.

Porque el boxeo es vida... vive duro.

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Tranquilo Papá, ¡ya está! No pasa nada

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Sobre el autor

Jero García

Entrenador de boxeo. Ex boxeador profesional. Enamorado del cine, de los libros, de la vida, del Atleti. Y por supuesto, del boxeo. Eterno aprendiz. Zurdo cerrado. Carabanchelero, de corazón isleño, el ring es mi casa, y este... mi patio de recreo.

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Tarde de verano dominical, finales de julio.

Nada mejor que dar un paseíto por un barrio más castizo que la Puerta de Alcalá: La Latina.
Los fines de semana del séptimo mes del año, Madrid suele parecer un episodios de The walking dead, y no por la sangre derramada, si no por la falta de seres humanos en sus calles.
Así que, con la compañía de mi hijo mediano (lo defino así porque no sé cómo llamar al segundo de mis cuatro vástagos) decido descender de mis terrenos majariegos al casi Madrid de los Austrias. La verdadera razón de bajar a los madriles, no es otra que ir a disfrutar de una obra de teatro en las tablas latineras, donde dos de mis amigos y antiguos alumnos están dando una lección interpretativa con una comedia fresquita, Dos+Dos.
Después de unas risas a costa del cambio de parejas, mundo al que nos introduce este guión fantástico donde a cada golpe de gracia provoca un dolor abdominal, nos tocó esperar a los actores. Salieron rápido. El primero, Álex Barahona, al que recibimos con un caluroso abrazo y con el que rápidamente comentamos la jugada.

Alex se tiró unos cuantos años entrenando en La Escuela y para mí, y no es por hacerle la pelota, posiblemente sea de los actores que han entrenado conmigo, que mejor lo hace. Todavía recuerdo los guanteos a cara de perro que se marcaba con Guinea a las cuatro de la tarde.

Después salió mi hermanito Dani Guzman, y aunque en los últimos años no hemos tenido una relación fluida, él sabe que lo quiero como si fuera de mi sangre. Gracias a él me introduje un poco más en la televisión y... miren como he acabado. En esta vida es de ser educado ser agradecido, y a Dani tengo que darle las gracias por echarme una mano a mí y otra mano al boxeo. Que ahora se apuntan muchos actores a púgiles, pero el primero que se jugó la jeta fue el señor Guzmán.

No me gusta dar mucho la brasa a los intérpretes, pues acaban de terminar una función y eso desgasta y mucho. Nos despedimos rápido y nos alejamos del teatro.


- Iván ¿qué hacemos? ¿Qué te apetece? ¿Tienes hambre?

- No mucha, Papá.
- Son las nueve, es pronto para cenar ,la verdad ¿Nos damos un rulo por el barrio?

Un chaval con dieciséis años por primera vez latineando... Tendrían que haberle visto, tenía los ojos como platos, ante las indicaciones del peazo de guía que se había buscado para enseñarle los entresijos de la Cava Baja.

Yo hacía años que no aterrizaba por allí, pero recordaba que en mis tiempos de demonio, aquello fue como mi segunda casa. Qué de historias para contar... pero no lógicamente para mi pequeño aprendiz de ser humano, que oídos que no oyen corazón que no siente.

Nos recorrimos las calles y le fui contando alguna que otra anécdota no censurable, como la puerta de la Cava Baja 5 donde en su playa besé por primera vez a la que hoy es su madrastra y madre de sus hermanos.

El paseo no quedó ahí... Mi pequeño, porque para mí siempre será mi pequeño, aunque ya es un bicho de casi 1,80, rubio y con ojos verdes, últimamente delgado y fuerte como el vinagre, encontró su público durante nuestra caminata y yo... Yo no contaba con eso. No contaba con que un simple gesto de unas cuantas chavalitas, me pudieran bajar la autoestima hasta el alcantarillado. Que ni mi popularidad labrada a base de enderezar adolescentes me salvaba: todas las chicas a nuestro paso se fijaban en el canalla de mi hijo, ¡nooooooooo! ¿Qué ha pasado? Definitivamente, me estoy haciendo mayor ¡Porca Miseria!

Así seguimos nuestro periplo latinero y a la altura de "El Viajero" se oye el retumbe de mi nombre a gritos. Miramos hacia la dirección del Mercado de La Cebada y veo a uno de los más cracks que te puedes encontrar en la noche madrileña: Javi "el americano".

Joder ¡qué alegría!

Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y últimamente solo habíamos mantenido contacto por una desgracia familiar.

¡Qué alegrón! Porque a este tío le quiero... muchas horas en el gimnasio juntos y demasiadas deshoras en algunos garitos gobernados por princesas sin reino. Porque para ser sinceros, los dos son sitios que marcan y mucho. Últimamente no hablábamos demasiado y eso en el mundo del boxeo y de la noche, es como que das pie a que otra gentuza hable de más... Pero Javi es un tío que me ha hecho muchos favores y además es un gran tipo, nunca le he visto decir que no cuando le han pedido ayuda, y eso en mi mundo, os prometo, que es difícil de ver.

Mi sorpresa aumenta cuando veo que la persona que tiene al lado es Rubén Nieto, ¡mi madre!, este tío es dos veces campeón de Europa y el protagonista de uno de los mejores combates que se han podido ver en este país. Para mí uno de las guerras del siglo, Ruben Nieto Vs Nico González por el Cinturón Europeo del superligero.
Qué buen aspecto tiene, y eso no es muy normal, la mayoría de los boxeadores cuando nos retiramos, abandonamos los quehaceres gimnásticos a la carrera. Pero Rubén está estupendo.

Javi me presenta a Antonio, la tercera persona del triunvirato, apoyados en la valla frente a "La Taberna del Búho". Resulta que Antonio es el dueño y es un tío más majo que las pesetas, dialogamos un rato a la sombra del Búho y del Txirimiri hasta que en una voz de mando como un sargento chusquero nos ordena que pasemos dentro de su bar.

- Antonio, este tío es leyenda.

Nos introducimos en las profundidades del garito, llegamos hasta el fondo, y como no podía ser de otro modo, Antonio nos quiere engordar. Yo no soy de comer mucho, pero mi pequeño gran heredero come como una lima.

- Antonio, este tío es leyenda.

Empezamos a encarrilar una sucesión de anécdotas: Javi contó el viaje a La Coruña para disputar el Campeonato de España de Luis Crespo, donde lo hicimos como nunca y perdimos como siempre cuando peleas con la estrella local. Os prometo que tuve la sensación de que mientras iba a coger el agua y la toalla a la esquina, me descuidé y me robaron hasta la cartera. La injusticia de este deporte nos abriga siempre que salimos de nuestro condado.

- Antonio, este tío es leyenda.

Yo conté las veces que aterrizaba en Fabrik y el pobre Nieto estaba currando. Al momento le indicaban por el pinganillo que yo aparecía en escena y él como alma que llevaba el diablo se quitaba el peto fluorescente y se escondía como podía. No era por no verme, pero en esa época su entrenador, Luis "Coraje" Muñoz y yo éramos uña y carne y a Luis no le sentaba nada bien que sus campeones estuvieran haciendo vela al conjunto de desalmados que nos podemos encontrar en algunos lugares nocturnos. Yo en la vida me hubiera chivado, ¡por favor! En un barrio como el mío la etiqueta de soplón, sapo, correveidile o demás sinónimos que podamos encontrar en el diccionario reflejando este tipo de personas, era cavar tu propia tumba. Así que yo estaría callado hasta la sepultura, de hecho lo estuve.

- Antonio, este tío es leyenda.


No sé las veces que se lo pude decir al pobre Antonio o las veces que me lo repetía yo en mi cabeza. Os prometo que retumbaba mi voz como el eco del redoblar de las campanas en mi azotea.

Yo sigo valorando todo lo que puede hacer un boxeador por perseguir la gloria, y creo que lo valoraré siempre, que en este país para nuestra desgracia, los púgiles se la juegan por algo tan efímero como es el triunfo y no por dinero. Que, de "Boxeo Profesional" solo tiene la definición y el nombre, porque toda la pasta de la que se habla en el mundo de las dieciséis cuerdas brilla por su ausencia.
Y me jode, sí, me jode, que a un campeón como Rubén no se le reconozca por la calle, me jode que a un tío que se ha paseado por toda Europa golpeándose con quien le han puesto, no se le valore como merece. Porque ese día en La Latina la gente le tenía que haber hecho la ola y haberle dejado ciego de los flashes de las fotos. Y no es así, Antonio, no lo es... Estamos en tu maravilloso bar con una tortilla española que roza lo esplendoroso y nadie se acerca a nosotros a rendirle pleitesía.

Pero me voy contento por reencontrarme con Javi, con Rubén, por conocer a Antonio, verme una gran comedia y volver a abrazar a mis hermanitos Dani y Álex... Pero a la vez me voy jodido, muy jodido. Por darme cuenta de que mi hijo mediano se lleva las miradas de las chicas y yo no, y sobretodo por percatarme, por enésima vez, del camino tan largo que nos queda por recorrer en el boxeo español. Y de remate, para llegar a casa, solo se me ocurre bajar por el Paseo de Pontones para girar a la izquierda por el Paseo de los Melancólicos, y así encontrarme de bruces mi "Catedral", mi faro en la niebla, mi mausoleo, mi templo, el lugar donde se veían reflejados todos mis sueños de niño: el Vicente Calderón.

No sé si podré soportar pasar por la M30 en un futuro y no ver el escudo de mi Atleti en lo alto.
Y si una de las cosas que más valoro de mi Iván es su inteligencia emocional, en ese preciso momento hizo gala de la misma: me miró con esos ojos verdes que tiene y me dijo: Tranquilo Papá...Tranquilo Papá, ¡ya está! No pasa nada.

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