Europeístas

España es un buen lugar para empezar a reivindicar Europa. Aprender de la historia para no repetir errores y seguir manteniendo vivo un espíritu de superación continuo. Hablaremos de sostenibilidad, lo importante que son los mercados y la solidaridad, proteger a la familia moderna para que transmita valores y, todo ello, con un nuevo lenguaje más amable, inclusivo y dialogante, porque todos somos Europa y nosotros somos Europeístas.

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Mientras Europa decide su futuro, España opina sobre todo lo demás

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Sobre el autor

José Francisco Sigüenza, Rocío Santos, Miguel Ángel Arranz Molins, Carmen Serrano

José Francisco Sigüenza (@jfsiguenza). Estudié en Salamanca Ciencias Físicas. Oficial del Ejército del Aire, en la actualidad Capitán Reservista Voluntario. Participé en las misiones de paz de la antigua Yugoslavia y Afganistán, soy paracaidista y especialista NBQ (nuclear, biológico y químico). En la actualidad trabajo en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Rocío Santos (@RocioEuropeista) Estudié Ingeniería Superior de Telecomunicación en la Universidad Politécnica de Madrid. Mi proyecto fin de carrera lo hice en Sony International GmbH en Stuttgart (Alemania). He estado también formándome en Inglaterra, Gales, Estados Unidos y Suecia. Desde 2003 trabajo como ingeniera especializada en patentes tecnológicas, primero en Holanda y desde 2009 en Berlín. Miguel Ángel Arranz Molins (@mangelarranz) Bilingüe español-francés. Soy profesor de Seguridad acreditado por la Dirección General de la Policía con Máster en Gestión Integrada en Prevención, autor del libro Guía Práctica de Seguridad Infantil en el Hogar y secretario de organización de la Asociación Nacional de Profesores Acreditados de Seguridad Privada. Tutorizo el trabajo de fin de grado de los alumnos de Criminología de la Universidad Europea de Madrid. Soy Concejal/Portavoz del Grupo Municipal de UPYD en el Ayuntamiento Alcobendas. Colaboro con de Onda Cero Madrid Norte. Carmen Serrano Hospital (@seamos_una_voz). Licenciada en Derecho por la Universidad de Deusto, dedicada a asesorar a empresas. En la actualidad, trabajo en una agencia de desarrollo local. Presidenta de la Asociación iQual. En Europeístas coordino el grupo de trabajo de Familia junto con Arky.

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Asistimos a uno de los momentos más importante para nuestro futuro en mucho tiempo. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, presenta en el Parlamento Europeo el trabajo de los últimos 12 meses, así como los planes de futuro para la Unión Europea. Y esto último, que se dice pronto, es probablemente la decisión política que más va a influir en nuestras vidas en las próximas décadas.

Sin embargo, en España, aunque en determinados círculos se trata el tema, el debate popular sobre los posibles escenarios del futuro europeo no ha hecho la más mínima sombra a otros que sí han ocupado la mayor parte de nuestro tiempo. No sé vosotros, pero a mí ya no me queda nada por leer u oír sobre el procés. El propio Juncker se pronunciaba hace unos días reiterando que una Cataluña independiente saldría automáticamente de la Unión Europea. Esta aclaración, obvia, llega con sorpresa e incredulidad a los oídos separatistas porque, al igual que en el Brexit de oro de Nigel Farage (aunque allí con un marco legal que garantizaba la consulta), se impone la idea de que la separación traerá la felicidad, la ilusión, que se va a ahorrar mucho cuando no se tenga que mantener al pobre y que la corrupción se la va a llevar el flautista de Hamelín. Ahora Farage se pasea por Europa desmintiendo todos sus pronósticos, apoyando a la candidata alemana que aboga por que la policía dispare a refugiados en las fronteras, sean mujeres o niños, y viviendo completamente ajeno a las duras negociaciones que sus compatriotas tienen por delante.

Mientras Europa decide su futuro y quiere contar con nosotros para ello, en España se discute y opina sobre todo lo demás. Se alimenta la crispación, se busca el zasca y la polémica; se acepta la idea de que cualquier opinión debe ser respetada, por muy desinformada que esta sea. Por opinar, se opina hasta sobre el cumplimento de las leyes, que también acaban divididas, para variar, entre leyes que sí hay que cumplir y leyes que no. A la carta.

A pesar de quienes hablan de ellas como enemigas de la convivencia, son justo las leyes las que garantizan dicha convivencia. Es la existencia de leyes en un Estado de Derecho lo que evita que alguien te pegue un puñetazo por la calle porque opina que te lo mereces, o que te robe la cartera porque opina que a él le hace más falta que a ti.

Y luego está quien confunde la democracia con la llamada “regla de la mayoría” y afirma, sin despeinarse, que la democracia consiste en respetar lo que decide la gente y después vienen las leyes. Olvida que la democracia incluye, además, el respeto a los derechos de todos, incluidas las minorías. Si siempre se hiciese “lo que quiere la gente”, sin respetar los derechos y obligaciones democráticos, Hungría podría negarse a acoger refugiados, y para ciertos delitos existiría la pena de muerte y no la cárcel, algo inimaginable de acuerdo con los valores europeos reflejados en el Tratado de Lisboa: “respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías”.

Por sUErte, tenemos Europa. Su futuro se decide hoy.

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