Volver al siglo VII

El yihadismo se ha convertido en el principal enemigo para la estabilidad de Occidente, de las sociedades democráticas que tienen su base en los principios del Cristianismo. Miles de personas están en la primera línea del combate contra esta amenaza. Los medios de comunicación se deben empeñar, bajo los principios de contar la verdad y denunciar los ataques a la libertad, en este combate global.

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Gringo muerto a 4.000 dólares

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Sobre el autor

Jesús María Zuloaga

Subdirector de LA RAZÓN, he dedicado los últimos 31 años a la información sobre las bandas terroristas que constituían una amenaza para España, en especial ETA. Ahora, me ocupo, junto con otros compañeros del diario, del problema del yihadismo

El Estado Islámico, que se ha dedicado a llenar páginas y páginas en las que ensalzaba la moral de sus “moujahidines” (combatientes) que luchaban para mayor gloria de Alá, ha tenido que recurrir a un sistema más propio de los pioneros que poblaron el Oeste americano (“Se busca, vivo o muerto, recompensa 1.000 dólares”, decían los carteles clavados en árboles y en las puertas de los saloon) para animar a sus tropas.

Ahora resulta que ofrece a sus combatientes una recompensa de 20 dinares de oro (4.000 dólares) por cada soldado estadounidense que consigan matar en la provincia siria de Al Raqqa. Se supone que tendrán que acreditar ante sus jefes la baja causada al enemigo. De “soldado del Califato” a la búsqueda de objetivos lucrativos. Así no puede funcionar ningún ejército. Mal tienen que andar las cosas cuando se echa mano de estos métodos.

Al parecer, la recompensa también vale si se causan bajas en otras unidades de soldados “extranjeros” encuadrados en las Fuerzas Siria Democrática (FSD), alianza armada encabezada por kurdos que, con el apoyo de Estados Unidos, combate en el norte de Siria, con un contingente que va a pasar de 400 a 900 soldados.

Con el yihadismo por medio nada puede sorprender en su eterna lucha por llevarnos a los tiempos más tenebrosos de la historia de la humanidad. Pero noticia como la que se comenta en este blog es una prueba más de que el Estado de Islámico, además de una cuadrilla de fanáticos, lleva camino de convertirse en un grupo parecido del que se escindió (Al Qaeda Central, AQC). Una banda terrorista que tratará de amargarnos la existencia allí donde pueda y durante bastante tiempo. Pero de Califato, nada de nada. Para mí que estos individuos ven (aunque lo tengan prohibido) llenos de envidia y de rabia, las series de Chuch Norris y los largometrajes de la Delta Force y los Boinas Verdes. Sic transit gloria mundi.

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