A mi bola

Este blog es el fiel reflejo de mi personalidad. Ni más ni menos. Porque nadie dicta lo que pasa por tu cabeza yo hablaré de lo primero que se pase por la mía. ¿Y eso es bueno o malo? Ni idea.

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Allí donde estemos los atléticos se oirá rugir al Calderón

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Sobre el autor

Maribel Casado

Periodista de vocación y madre en la vida. De becaria de sucesos a redactora en la arena política y, entre medias, veinte años de vivencias. Ahora estoy inmersa en la edición digital de La Razón y esto promete.

La primera vez que pisé un campo de fútbol fue el Vicente Calderón. Era muy pequeña pero jamás olvidaré ese día. Mi padre es del Atleti, siempre lo ha sido y siempre lo será. De él heredamos mi hermano y yo la pasión por este equipo. Tan pronto llamaba «valdaos» a los jugadores como gritaba ¡Gooooooooool! a pleno pulmón. Los atléticos éramos los «pupas» y los «sufridores», pero ni importaba entonces ni importa ahora.

El día que entré por primera vez en el Calderón no había partido. Mi padre y mi hermano se fueron a arreglar unos papeles y yo me quedé con mi madre en la puerta. Entonces un señor que trabajaba allí me miró y me dijo: «¿Quieres ver el campo? Levanté los ojos hacia mi madre y no hizo falta nada más. Allí estaba yo, pisando el césped. Todo para mi solita. Yo era tan pequeña y aquello tan grande. Y por allí, como el que no quiere la cosa, pasó Hugo Sánchez (sí tengo ya unos añitos), se acercó y tras darme un beso me dijo: «¿Serás del Atleti, no?». Mi cara, por lo visto, era un poema.

Dije que sí sin saber muy bien a qué le estaba diciendo que sí. Con los años lo descubrí y fue cuando dio comienzo mi historia de amor con el Atleti y el Vicente Calderón. Empecé a ir a los partidos con mi padre, uno de mis momentos preferidos. A mi me encantaba ir por el ambiente, no entendía de fútbol pero me lo pasaba genial. Mi padre seguía diciendo de todo (...) pero yo no reparaba en eso. Tan sólo me ponía triste si él lo estaba. Lo que se vive en un estadio de fútbol con tu afición es algo indescriptible, lo que yo viví en el Calderón con los atléticos fue mágico.

Con el tiempo dejé de ir al Vicente Calderón. Incluso dejé de ver los partidos por la tele para no sufrir. Y me arrepiento. El Calderón ha sido siempre nuestro hogar, nuestro refugio. Si estamos juntos, las derrotas se hacen pequeñas y las victorias saben mejor. Hicimos del coraje nuestra seña de identidad y aprendimos que si te caes, te levantas. Que en nuestro estadio somos los más grandes, sea cual sea el resultado.

Soy del Atleti, siempre lo he sido y siempre lo seré. Cada vez que mi equipo juega me sube la tensión. He llorado con sus victorias y también con sus derrotas. Es el único que provoca en mí esa emoción. Ser del Atleti es no sentirte nunca solo, nunca. No somos mejores ni peores que otros, somos diferentes.

Hace unos días los cimientos del Vicente Calderón temblaron. Ese día, pese a ganar al Real Madrid, perdimos la semifinal de Champions. Lo hicimos en nuestro terreno y los atléticos rugieron con más fuerza que nunca. Somos diferentes, muy diferentes.

Ahora nos trasladamos. El nuevo estadio se llamará Wanda Metropolitano... No importa, no tiene sentido ninguno, pero no importa. En nuestro corazón siempre estará el Vicente Calderón. Mi historia y la de otros muchos está ligada a la suya. Y lo pueden llamar Wanda, Mandy o Chun li que nosotros seguiremos nombrándote en cada clamor:

«...Yo me voy al Manzanares,

al estadio Vicente Calderón,

donde acuden a millares,

los que gustan del fútbol de emoción

Porque luchan como hermanos,

defendiendo su colores,

en un juego noble y sano,

derrochando coraje y corazón.

Atleti, Atleti, Atlético de Madrid...»

Te voy a echar de menos, igual que echo de menos aquellas tardes con mi padre y aquel sentimiento de felicidad que me inundó la primera vez que pise tu césped. Tus puertas se cierran, las de nuestro corazón estarán siempre abiertas. Y allí donde vayamos, el Calderón seguirá rugiendo.

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