A mi bola

Este blog es el fiel reflejo de mi personalidad. Ni más ni menos. Porque nadie dicta lo que pasa por tu cabeza yo hablaré de lo primero que se pase por la mía. ¿Y eso es bueno o malo? Ni idea.

  • Paco Sanz, el estafador de los 2.000 tumores
    Paco Sanz, el estafador de los 2.000 tumores

Y el gilipollas del mes es... ¿Paco Sanz?

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Sobre el autor

Maribel Casado

Periodista de vocación y madre en la vida. De becaria de sucesos a redactora en la arena política y, entre medias, veinte años de vivencias. Ahora estoy inmersa en la edición digital de La Razón y esto promete.

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Son muchos los candidatos pero sólo uno el elegido. Mi primera opción fueron los intolerantes de United Airlines. Los mismos que no dejaron a dos chicas subirse a un avión porque llevaban leggins. Por lo visto, si hubiesen sido clientes normales esa vestimenta es adecuada. Sin embargo, si eres empleado y te hacen un descuento ya no vale. Que son sus normas, vale. Que deberían hacérselo mirar, también.

Pues esta historia se queda en una mera anécdota cuando leáis la siguiente. Es la carta de una madre, que conocí a través de mi compañero Gerardo Granda, y que me dejó sin palabras. La misiva va dirigida a la señora (por decir algo) que llamó «loco» a su hijo con autismo.


Vaya por delante mi admiración por la madre de este niño y su capacidad para darnos una lección a todos. Tengo muy claro que yo no habría sido tan amable. Lo primero que pensé es que hay que ser muy ruin para decirle algo así a un niño sabiendo que tiene una discapacidad. Bueno, en realidad se me vino a la mente algo más soez, pero como no está bien decir palabrotas no lo diré. Ya es intolerable que un adulto se enfrente a un niño y le insulte, pero si encima lo haces a sabiendas de que vas a hacer daño y mucho, eres un miserable.

¿Despedido por intentar salvar a tu hija?

Y cuando piensas que el género humano no puede ser más patético y cruel, lees esto: La vida de mi hija dependía de que yo le donara parte de mi hígado. Así que me pedí unos días de baja y otros de vacaciones para poder desplazarme a Madrid y someterme a la operación. A una semana de la intervención, fui llamado al despacho del director de Recursos Humanos y me despidieron. Lo que más me dolió fueron sus palabras: Así podrá usted dedicarse mejor a cuidar a su hija».

(Voy a contar hasta diez y respirar profundo)... Nada, no sirve de nada. Hay que ser hijo de... (respiremos otra vez). No sólo despides a este hombre en un momento complicado de su vida sino que te mofas de él. El comentario final tiene tan mala baba, es de una bajeza moral tan grande. Cómo es posible que la ley, encima, proteja a tipejos como éste. Las donaciones voluntarias de padres a hijos no entran en el registro de bajas laborales, por lo que las empresas pueden actuar a su antojo bajándoles el sueldo e incluso despidiéndoles. Para evitar que estos abusos se sigan produciendo, se ha iniciado una campaña en Change.org. Y es que despedir a alguien por donar un órgano para salvar a otro es vergonzoso, sea baja laboral o no.

A estas alturas no sé si cambiar el título del post porque veo que lo con lo de gilipollas me estoy quedando corta. Aunque viendo la cara del que viene ahora, lo dejaré. El amigo Paco Sanz, ese estafador que dijo tener 2.000 tumores para sacarle la pasta a la gente, nos ha vuelto a sorprender.


Hay que ser ridículo para grabarse y guardar las tomas falsas de los vídeos que utilizaba para engañar a la gente. Dicho esto, y si nos atenemos al contenido del vídeo, es un sinvergüenza que se merece todo lo que estáis pensando y más, mucho más. Efectivamente, el tubito se lo puede meter por donde ha dicho. Lo del corte de mangas y «tocarse los huevos» a dos manos tendría que repetirlo pero no detrás de una cámara, no. Que lo haga delante de los que ha estafado o de la gente que padece cáncer y tiene que soportar que tipejos como éste se mofen de su situación. No sé si existe el dichoso «karma», pero espero que todas esas risas que vemos en el vídeo, tanto de él como de su familia, se conviertan en lágrimas. Porque éste sí que es un «hijo de la gran...». Por no hablar de su madre, la que sale justo detrás, bailando y alentando a su vástago. Él la llama «burbuja Freixenet», yo la llamaría otra cosa. ¿Tenemos ganador?

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