De la Ética y la Estética

De la ética a la estética es un blog de medicina estética, nutrición y antienvejecimiento, a favor de la salud y el autocuidado de los lectores. Compartir una visión personal de los cuidados y los tratamientos desde la honestidad y la profesionalidad donde contaremos todas las novedades sobre Medicina y Cirugía Estética y Regenerativa. Instagram: vicentev.bm

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Un accidente: dos cuerpos... y ¡cinco piernas!

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Sobre el autor

Dr. Vicente Beltrán Martínez

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de Granada. Especialista en Alergias e Inmunopatología por el Ministerio de Sanidad de la República Argentina. Máster en medicina estética en aspectos intervencionistas por la universidad Islas Baleares. Especialista en Salud Pública por la Universidad de Buenos Aires Máster en Flebología y Linfología por la Universidad de Alcalá de Henares. Máster en Cirugía Estética por la Universidad Rey Juan Carlos I.

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Buenos días por la mañana. En el post anterior de este Blog os conté la historia de un gran médico y amigo. Las aventuras que pasó para cumplir sus sueños lejos de su tierra. La historia de Ernesto, gran cirujano, gran luchador y por encima de todo amante de su profesión. Y prometí contar una de las divertidas anécdotas de Ernesto en sus principios como médico en Barcelona.

Agosto del año 2000. Ernesto aprovecha sus vacaciones durante ese mes de estío para hacer guardias de suplencia de cirugía vascular. Muchos médicos lo hacen. Viven de las guardias y sobre todo un médico que acaba de llegar a España y se está abriendo un hueco en el mundo de la medicina en Barcelona. Era el quince de agosto, día en el que, quien no está de vacaciones, está de puente. No hay más que suplentes en todos los puestos. Una patada a una esquina y aparece una legión de suplentes.

Mediodía. Durante la guardia recibe una llamada del médico al que estaba supliendo, indicándole que tenía que asistir de urgencia a una señora que estaba con Alzheimer terminal en su casa, y según le explica, llevaba dos años postrada en la cama por culpa de una isquemia aguda en una pierna.

Había sido atendida en el clínico de Barcelona, y debido a su estado terminal, decidieron que lo mejor era no operarla, ya que era casi imposible que sobreviviese al quirófano. Que lo más beneficioso para la enferma era que estuviese en su casa atendida por la familia. Al paso del tiempo y debido a su postración, se había producido una trombosis arterial en la pierna, que con el tiempo se fue necrosando por debajo de la rodilla. La familia atendía a la enferma siguiendo las indicaciones médicas, y lo hacían correctamente: tener la herida lo más seca y limpia posible para evitar las infecciones.

Pues bien, la familia pide la atención urgente del médico, ya que, según ellos, la pierna se le había torcido. Sin saber que se iba a encontrar, nuestro protagonista recogió el instrumental necesario para hacer una amputación: “una sierra, acero prensado, un bisturí, dos guantes, unas pinzas...”

Al llegar a la casa, se encuentra a la señora postrada en estado vegetativo, con sonda nasogástrica y sonda urinaria. La familia la tenía cubierta de algodones empapados en alcohol para que no se llagara, y perfectamente cuidada por sus hijos.

Efectivamente se encuentra la pierna auto amputada por debajo de la rodilla. Se había roto la tibia, pero quedaba un hilito del peroné que era lo que sostenía la pierna. Ante esta situación, no tuvo más remedio que terminar de amputarle la pierna en la casa. Como la señora estaba en estado vegetativo y la pierna estaba isquémica y ni sangraba ni le dolía, Ernesto, termino de quitársela. El resultado fue perfecto como si se hubiese hecho una amputación en quirófano.

Ernesto entonces debe rellenar el certificado de defunción de la pierna, para seguir los pasos legales para el enterramiento de la misma y así pide a los familiares que vayan a una estanco a comprar el certificado.

Hasta ese momento todo perfecto, una guardia complicada que se solventaba con éxito, en un día caluroso del mes de agosto.

Tras indicarle a la familia que a partir de ahora debido a esa amputación, curar a la enferma les resultaría mucho más fácil porque el territorio a cuidar era mucho más pequeño, envolvió la extremidad amputada en unas toallas, advirtiendo a la familia que tenía que llamar a la funeraria para el posterior enterramiento del miembro.

Tras llamar a los servicios funerarios y explicar lo sucedido, el funcionario/funerario, que debía ser también un suplente, indica a la familia que no puede ser, que allí se entierra el cuerpo entero, que no pueden enterrar solo una pierna. Ante la negativa telefónica se personan en la funeraria recibiendo de nuevo la misma respuesta negativa. Entre el ir y venir de la familia, deciden llaman a la Mutua y tras contarle los hechos afirman que ellos, evidentemente también suplentes, no saben nada de enterramientos por partes, recomendándoles “llamar a la policía”.

Poco antes de las ocho de la tarde se persona un agente de policía en el domicilio de la anciana, y tras mostrarle la pierna, con el semblante muy serio contesta: “Yo termino en unos minutos mi turno, no se preocupen, que yo le cuento al compañero que entra de guardia lo sucedido, y él se hará cargo de todo” Estos no eran suplentes ...pero aún están esperando a que vuelvan para hacerse cargo de la pierna y según me cuenta Ernesto, allí no apareció nadie.

No había posibilidad alguna de que “alguien” se hiciera cargo de dicha extremidad, por lo que, al día siguiente, los hijos de la amputada, con los papeles que Ernesto les había rellenado y la pierna envuelta en toallas, se dirigen al tanatorio Sancho de Ávila de Barcelona con su vehículo: una moto, para dejar la pierna allí junto al certificado de defunción.

Sin menospreciar a la anciana, ni a la familia con su dolor, la situación en el fondo tiene gracia. Ernesto con una sonrisa nos describe la escena, imaginando por un momento que los hijos de la enferma hubiesen tenido algún accidente con la moto. Una película de humor negro. Imaginemos la escena ¿cómo explicar a la policía: Un accidente, dos cuerpos y ¡cinco piernas! ...por las calles de Barcelona?

Después de esto, nuestro amigo Ernesto siguió visitando a la enferma. La úlcera de la pierna fue cicatrizando a la velocidad de vértigo, y como por arte de magia se curó, y la mujer llego a vivir bastantes más años bajo el cuidado de sus hijos.

Un médico no debe ser indiferente al sufrimiento de los pacientes y los familiares de estos, pero la medicina tiene momentos divertidos si aislamos por un momento lo trágico de las situaciones con las que nos encontramos a veces. Podríamos llamarle humor absurdo o humor sanguíneo...

Quizá el humor nos sirve para alejarnos lo más posible del sufrimiento que tenemos tan cerca día a día. Permitidme tener nuestra propia defensa natural.

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