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Cataluña o el cuento de nunca acabar

Cataluña o el cuento de nunca acabar
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Como dije hace algunos meses en estas mismas líneas, la política española lleva unos años inmersa en un círculo vicioso con ciertos temas que no parecen tener fin. El referéndum para la independencia de Cataluña es uno de esos temas. El 1 de octubre tendremos ante nosotros otro referéndum por la independencia de Cataluña. Ya sabemos, por lo que ocurrió hace tres años, que dicho referéndum es ilegal por inconstitucional.

Como expliqué aquí, el relato independentista está basado en tres ejes, los cuales son a todas luces mentira, respondiendo simplemente a una manipulación constante de los independentistas para amoldar a su discurso algo que no es real; dichos ejes son la opresión del Estado español hacia Cataluña, el famoso “Espanya ens roba” y 1714.

En todo este tiempo, además de estos ejes, el relato independentista ha repetido constantemente que la realización de un referéndum es democracia y que evitar que el “pueblo catalán” exprese su voluntad es antidemocrático y “autoritario”, en palabras del propio Puigdemont. Es un simplismo que no tiene base en Ciencia Política. La democracia no es solamente votar (es un elemento más), la democracia también tiene que ver con la libertad política, con el respeto y cumplimiento de las leyes, con la separación de poderes. Además, la democracia liberal también hace suyos elementos como la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y la libertad de culto. Si en un país se permite la celebración de elecciones y la consulta a los ciudadanos, pero no desarrolla las libertades citadas, además del respeto a la minoría, no es una democracia. Esto es algo que olvidan todos los independentistas. Y por lo que demuestran desde el gobierno autonómico y los grupos sociales indexados a la causa independentista, una Cataluña en manos de ERC, la CUP, Arrán, etc. poco democrática seria, ya que en sus genes no estarían, ni mucho menos, los principios característicos de toda democracia liberal.

Por otro lado, hay otro mito que abanderan los independentistas, y es utilizar la mayoría de escaños en el parlamento autonómico como mayoría social. En las últimas elecciones autonómicas, celebradas en septiembre de 2015, las fuerzas parlamentarias independentistas (JxS y la CUP) fueron votadas por 1.95 millones de catalanes, de un censo formado por 5.5 millones; esto es, el 35% del censo optaron por candidaturas independentistas. Que el sistema electoral haga que tengan mayoría absoluta en escaños no quiere decir que sean mayoría en la sociedad, ampliado por el control de la educación y de los medios de comunicación, encumbrando la propaganda independentista a lo más alto. Esto es algo que también olvidan todos los independentistas.

Tampoco puedo dejar a un lado la hipocresía de los independentistas. En este caso, con el artículo 1.2 de la Constitución Española: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. ¿Adivinan qué dice el artículo 2 de la Ley de Transitoriedad Jurídica Catalana? Exactamente lo mismo para el caso catalán: “La sobirania nacional rau en el poble de Catalunya, del qual emanen tots els poders de l’Estat”. Vaya, o sea que niegan para los territorios de Cataluña lo que ellos tanto han criticado del “Estado español”: la imposibilidad de secesión y la soberanía centralizada.

Hay think tanks que denuncian desde su posición en la sociedad civil la tomadura de pelo de los independentistas, su proyecto liberticida para todos los catalanes y el incumplimiento de la Constitución que algunos quieren seguir adelante. Uno de esos think tank es El Club de los Viernes, que ha lanzado un manifiesto contra la situación que vive Cataluña y la posible celebración de otro referéndum inconstitucional. El lema “Somos 47 millones – Som 47 milions” quiere señalar que el futuro de Cataluña se decide entre todos los españoles y que no está permitido un referéndum unilateral. Un poco de sensatez ante tanta locura independentista.