El rincón del politólogo

Los jóvenes politólogos Luis Lorente, David Muñoz Lagarejos y Carlos Navarro analizan la realidad descubriendo las ideas, los procesos y los movimientos sociales y políticos que hay detrás, y que nos ayudan a entender el presente.

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Donald Trump tiene razón: el problema de Venezuela se llama socialismo

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Sobre el autor

Luis Lorente, David Muñoz Lagarejos y Carlos Navarro

Luis Lorente - Socialdemócrata porque creo en la justicia social y en la economía social de mercado. Europeísta e internacionalista. David Muñoz Lagarejos - Liberal por voluntad propia. En constante movimiento en la batalla de las ideas en defensa de la Libertad. Y Carlos Navarro - Estudiante de Ciencias Políticas en la UV. Militante del PP y co-fundador de Ágora Libertaria. También SFL.

Por David Muñoz Lagarejos

Hace unos días tuvo lugar el primer discurso del presidente de EE.UU. en la ONU. Además de la seria advertencia al régimen norcoreano si continúan sus amenazas con pruebas de misiles, Donald Trump también habló de Venezuela, en un tono que se echa de menos en la política actual: una visión crítica y realista del socialismo.

El presidente estadounidense se refería a Venezuela en los siguientes términos: «Hemos impuestos severas sanciones al régimen socialista de Maduro en Venezuela que ha traído a una nación una vez próspera al borde del colapso total. La dictadura socialista de Nicolás Maduro ha infligido un terrible dolor y sufrimiento sobre la gente de ese país. Este régimen corrupto destruyó una nación próspera imponiendo una ideología fallida, que ha producido pobreza y miseria en todas las partes que se ha probado. El problema en Venezuela no es que el socialismo haya sido mal implementado, sino que el socialismo ha sido fielmente implementado».

Así es, el problema de Venezuela se llama socialismo. En una vertiente suave, socialdemocracia, durante la época del bipartidismo AD-COPEI, que puso sobre la mesa las condiciones para llegar a la aplicación severa del socialismo, a partir de la llegada al poder de Hugo Chávez a finales de la década de los 90 y seguir su deriva hacia un país espejo de Cuba con la presidencia de Nicolás Maduro.

Y es que el socialismo es arrogancia, como decía Hayek, ya que elimina la acción y cooperación humana, creyendo que desde el centro planificador una sociedad es más próspera y equitativa. Como han demostrado los diferentes regímenes socialistas o comunistas a lo largo del siglo XX, han sido lugares de desprecio a los derechos humanos, de persecución al diferente y opositor (llámese “burgués”, “liberal”, “capitalista”, etc.), de violencia y muerte sistémicas (chekas, gulags, UMAP, etc.), de pobreza generalizada para la “gente”, mientras la nomenklatura y los que dirigen el régimen viven acomodados, entre todo tipo de lujos y riquezas.

Venezuela no es una excepción del socialismo. Desprecio a los derechos humanos como ir socavando y eliminando la libertad política (no hay representación ni separación de poderes; el régimen ha sustituido la Asamblea Nacional por una Asamblea Constituyente ilegítima y el poder judicial depende fundamentalmente del poder ejecutivo), la libertad de expresión, la libertad de prensa y la propiedad privada.

Persecución al opositor mediante la figura del ‘preso político’, encarcelar a alguien por el simple hecho de ir contra el régimen (que denuncian organizaciones como Amnistía Internacional, nada sospechosa de capitalista o de derechas). Violencia y muerte de la mano de la policía política (GNB), que no duda en utilizar armas de fuego contra manifestantes opositores desarmados, la mayoría estudiantes. Y, por supuesto, pobreza, de lo que más abunda en Venezuela, con una inflación que sobrepasa el 2.000% en estos momentos, y un tipo de cambio paralelo (el oficial no sirve) de casi 24.000 bolívares (BsF) por 1$ estadounidense (US). Todo este camino de la destrucción de la economía se concreta en la Encuesta de Condiciones de Vida de 2016, donde se muestra que el 82% de los hogares venezolanos son pobres (sobrepasando la pobreza extrema el 50% de los hogares).

En definitiva, Venezuela se ha convertido en una especie de infierno sobre la tierra. Cualquiera que haya podido visitar el país caribeño en los últimos años puede dar testimonio de ello. Es de agradecer que Donald Trump denuncie públicamente el socialismo y la situación de Venezuela, al igual que todos aquellos países que cayeron en la guadaña de la muerte que es el socialismo, en cualquiera de sus variantes. Como demuestra la evidencia, Trump tiene razón y el problema de Venezuela se llama socialismo. No es que no se haya aplicado (como dicen falsamente aquellos que quieren más socialismo), sino que se ha aplicado fielmente, aquel modelo político y económico que hace de un país una involución continua.

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