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El rincón del politólogo

Los jóvenes politólogos Luis Lorente, David Muñoz Lagarejos y Carlos Navarro analizan la realidad descubriendo las ideas, los procesos y los movimientos sociales y políticos que hay detrás, y que nos ayudan a entender el presente.

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Ucrania irreversible

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Sobre el autor

Luis Lorente, David Muñoz Lagarejos y Carlos Navarro

Luis Lorente - Socialdemócrata porque creo en la justicia social y en la economía social de mercado. Europeísta e internacionalista. David Muñoz Lagarejos - Liberal por voluntad propia. En constante movimiento en la batalla de las ideas en defensa de la Libertad. Y Carlos Navarro - Estudiante de Ciencias Políticas en la UV. Militante del PP y co-fundador de Ágora Libertaria. También SFL.

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Por Carlos Navarro Ahicart

Más de tres años y medio han pasado desde que estallase uno de los conflictos más sonados y tensos de la historia reciente de Europa. El 12 de abril de 2014 se inició oficialmente el conflicto armado en Ucrania entre los partidarios del Euromaidán, que provocaron el derrocamiento de Víktor Yanukóvich, y los detractores prorrusos, que exigían un mayor acercamiento a Rusia y la independencia de los territorios del este del país para ser anexionados por la Federación. Un evento que recibió una rápida atención por parte de la prensa y la opinión pública, pero que ha sido también rápidamente olvidado por los mismos. Entonces, ¿qué es de Ucrania a fecha de 31 de diciembre de 2017?

Ucrania se encuentra en una situación de guerra casi irreversible. Los sucesos que se han ido desencadenando, desde la invasión clandestina de Rusia a la península de Crimea (que ahora administra como sujeto federal) hasta la violación del alto el fuego y de los acuerdos adoptados en Minsk, demuestran que el conflicto no parece ir a finalizar próximamente. Con más de 100.000 unidades desplegadas por parte de ambas partes y con unos números de bajas que oscilan entre varias decenas de miles, lo que está más que claro es que la crisis ucraniana es mucho más que una escalada de tensión esporádica entre bloques políticos.

Precisamente los acuerdos de Minsk fueron la principal razón por la que todos apartamos la vista de Ucrania, puesto que estos sentaban las bases para poner fin al derramamiento de sangre en las zonas más conflictivas. Pero la cruda realidad es que nacieron muertos y no tardaron en hacer aguas, retomándose la lucha y los enfrentamientos directos en el Donbáss. A pesar de que algunos sugieren que el reciente intercambio de prisioneros ha sido el principio de lo que podría ser una tregua duradera, lo bien cierto es que no ha sido otra cosa que un logro de los líderes religiosos de ambos países. Las fechas y la influencia de ambos sobre los presidentes ruso y ucraniano han permitido que se produjese, pero de ahí a que mañana vayan a abrazarse los soldados de ambos bandos por lazos religiosos hay un abismo.

Jugar a las adivinaciones con un asunto de tal calibre sería una sandez. La ausencia de horizontes claros y la actitud inmovilista de ambos bandos impide que podamos llegar a una conclusión sobre lo que ocurrirá en Ucrania. La poco creíble ignorancia de la que hace gala Rusia para con los rebeldes prorrusos en el país en guerra tampoco es un punto a favor, ya que nadie parece hacerse mínimamente responsable de lo que estos han hecho y siguen haciendo en detrimento del territorio soberano ucraniano. El despliegue de tropas de la OTAN y EEUU en países vecinos de la Unión Europea y las sanciones impuestas al gigante ruso no permitirán acercar posturas, al menos a corto plazo. Y la total negación de la autoridad ucraniana hacia las exigencias de los rebeldes es la principal tara para alcanzar una resolución medianamente aceptable.

Sí hay algo evidente: no hay marcha atrás. Ucrania no puede esperar que Rusia y los prorrusos se retiren y dejen los territorios tomados tal y como estaban antes del conflicto; y el otro bando no puede exigir que toda Ucrania se arrodille ante Putin y pida a gritos ser absorbida y controlada por la Federación Rusa. Está claro que ambos deben ceder y aceptar determinadas premisas si quieren poner fin a la guerra. Pero la cuestión es: ¿acaso hay alguien dispuesto a dar su brazo a torcer?

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