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Este blog abordará cómo debe cambiar el modelo económico y empresarial, evolucionando hacia un modelo medioambientalmente sostenible y socialmente responsable. Porque la economía debe ser un medio, y no un fin en sí mismo.

La Economía del Bienestar (para las personas)
Asentando bases en pro de la renta básica
| 01/12/2016 07:02
Asentando bases en pro de la renta básica

Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social.

Franklin D. Roosevelt

A pesar de la incipiente recuperación económica, medida en las grandes cifras macroeconómicas de crecimiento del PIB, España mantiene un problema estructural de desempleo.

Con una tasa de paro superior al 20% en España, cuando el porcentaje de desempleados en la zona euro se sitúa en el 10%. Con una calidad del empleo entre las más bajas de la OCDE y una inestabilidad laboral de las más altas del continente europeo. Con más de tres millones de desempleados de larga duración, esto es llevan más de un año buscando empleo. Y con muchas carencias formativas de muchos de esos desempleados, España tiene un problema.

¿Cómo revertir esta situación? Son fundamentales las políticas activas de empleo para recualificar a muchos de los desempleados y lograr así un mejor ajuste de la oferta y demanda en el mercado laboral. Sobre todo considerando los fenómenos actuales de la globalización, que lleva a las empresas a deslocalizar su fabricación en función de los costes laborales, y de la digitalización y robotización que están transformando el mercado de trabajo. Destruye cierto tipo de empleo y a la vez genera oportunidades en nuevos nichos de empleo.

Se están produciendo cambios estructurales en nuestro mercado de trabajo que van más allá de la crisis. Se trata de una redefinición del mercado laboral. La formación es clave. Quizá no sea suficiente, al menos en el corto plazo.

Cuando un 28,6% de los españoles está en riesgo de pobreza y exclusión social y cuando vemos que aumenta hasta casi el 15% la cifra de trabajadores pobres en España, debemos pensar en buscar un nuevo pacto social entre los ciudadanos y el Estado.

Por supuesto que se debe elevar el Salario Mínimo Interprofesional, no sólo para dignificar el trabajo y lograr mejores cotas de redistribución de la riqueza, sino también como medida incentivadora del consumo y la demanda interna, y por ende la actividad y crecimiento económico.

Al propio tiempo debemos plantear cómo evitar la exclusión social y la marginalidad. La pobreza se puede resolver por mecanismos de trasferencias, y la renta básica puede ser un buen instrumento.

La renta básica convierte a los hogares en unidades mínimas de consumo garantizado. Sin embargo no está exenta de críticas. Puede conducir a la marginalidad y cronificación de la exclusión social. O desincentivar la incorporación al mercado de trabajo de determinados colectivos.

La renta básica no debe constituir un ariete para destruir el Estado del bienestar. Es una medida contracíclica, que en épocas de recesión económica puede contribuir a reducir las desigualdades, la pobreza y la exclusión social.

Aunque nadie puede discutir las bondades del trabajo. Tener un empleo es fundamental para el bienestar del individuo. Asegura un acceso al reparto de las rentas, es el principal vehículo de socialización e integración en la sociedad, refuerza la autoestima, la autonomía y el sentimiento de realización, tiene un impacto positivo en la salud mental y es el mejor instrumento para luchar contra la exclusión y la pobreza.

Las propuestas sobre renta básica no ignoran ese punto. Y como todo avance seguramente va a ser incremental, quizá sea más realista comenzar implementando una medida intermedia de consenso: el Ingreso de Participación. Se trata de recibir una renta pero a cambio de “participar” en tareas para la comunidad. Requiere un diseño descentralizado con participación de las Entidades Locales para identificar de manera eficiente las tareas a desarrollar, como por ejemplo atención y cuidado a mayores.

Puede contribuir a incorporar al mercado de trabajo a los colectivos excluidos (mujeres, jóvenes sin experiencia laboral previa, parados de larga duración, minorías raciales, personas con bajo nivel de estudios) y evitar algunas malas prácticas de contratación.

No olvidamos que el debate sobre la renta básica se ha planteado muchas veces desde posturas maximalistas de universalización e incondicionalidad, que han contribuido a que se rechace sin demasiada discusión. Pero tal vez haya que dar estos primeros y tímidos pasos de redefinición del mercado laboral, aunque sean parciales y condicionados, para acumular argumentos y experiencias en pro de mayores objetivos y alcance. No es sólo cuestión económica, sino de justicia social.

Sobre el autor
Mónica Melle Hernández Doctora en Economía con Premio Extraordinario por la UCM. Profesora Titular de Economía Financiera de la UCM. Pertenece a las Juntas directivas de “Economistas Frente a la Crisis”, de la “Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas” y de la “Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales BPW-MADRID”
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