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No es país para cuerdos

La crisis de valores morales, origen de la corrupción política y económica estaba en su punto álgido, era 2012 y publiqué un artículo titulado "No es país para cuerdos". Nada ha cambiado sino a peor. Trataremos, desde aquí, de poner algo de cordura.

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Chantaje a España

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Sobre el autor

Jaime Rocha

Jaime Rocha (1942) ingresó en la Escuela Naval Militar de Marín en 1960, centrado gran parte de su labor profesional en la Armada, donde alcanzó su último empleo militar como Capitán de Navío del Cuerpo General, en 1993. Tras ocupar varios destinos vinculados a la Seguridad Nacional y como agregado en distintas embajadas e instituciones españolas acreditadas en el extranjero, se vinculó profesionalmente al sector privado. En el ámbito de la acción social, destacan su actual colaboración como Vicepresidente de la ONGD Madre Coraje de la que es voluntario y delegado en Cádiz. Es Secretario del Centro de Cádiz de la ACdP. Colabora desde 2008, en el Diario de Cádiz y revistas institucionales, como la de Caballeros Hospitalarios, de la que fue director.

Amenaza de pública difamación o cualquier otro daño para obtener algún provecho de alguien u obligarlo a actuar de una determinada manera” definición suficientemente evidente, pero que viene aclarada más aún, si cabe, con los sinónimos de chantajista “el que ejerce el chantaje” tan incuestionables como “estafador”, “timador”, “tramposo”.

España entera, millones de ciudadanos, estamos siendo permanentemente chantajeados gracias a una Ley Electoral a todas luces obsoleta, inútil y causantes de situaciones propicias para el chantaje.

Las negociaciones que desembocaron en la Constitución Española de 1978, y el consenso difícilmente logrado por los negociadores, no fue tarea fácil. Conseguir una Constitución aprobada en referéndum por una inmensa mayoría de españoles tiene un mérito innegable.

No se trata de criticar a aquellos políticos de la Transición, todo lo contrario, admiración y agradecimiento eterno.

Nuestra Constitución, refleja la situación de España del año 1978, es decir hace casi cuarenta años, cuando nuestro país salía de un régimen autoritario y se adentraba en el mundo desconocido de la democracia política, de la que no se poseían experiencias especialmente positivas, sino todo lo contrario, durante nuestras dos repúblicas.

El chantaje de los nacionalistas por ayudar a formar gobierno tanto a PSOE como PP, nos ha llevado a esta situación en el que ya no basta con que se les transfieran asuntos vitales como educación, sanidad y seguridad. Ya no quieren más transferencias, ni siquiera más dinero, ahora se trata de abandonar España.

Los independentistas vascos, tras casi mil muertos y miles de heridos, han visto que el terrorismo no es el camino. Lo seguirán intentando, ahora por la vía política, desde dentro de las instituciones, donde ya están. La tolerancia del Estado permitiendo el acceso a quienes hasta hace poco mataban o extorsionaban es de un buenísmo que da miedo.

Ahora, en plena crisis catalana, el PNV, que a cambio de unos millones de euros apoyaba los presupuestos del Estado para 2018, ha visto una nueva oportunidad para el chantaje y ya pide públicamente más dinero, volver a negociar. Del acuerdo alcanzado hace apenas unos días, nada, de la palabra dada, nada, vuelta al chantaje que es la ocasión. Menos mal que a los políticos no se les exige un comportamiento moralmente correcto, no conocen el significado de palabras como honor, lealtad, compromiso, bien común...lo que debería ser su guía de actuación política.

Esa modélica transición española, sin duda la mejor posible en 1978, debería haber sido modificada hace unos años. España de 1978 se parece poco a la de 2000. España está en la OTAN, pertenece a la UE, tiene una moneda comunitaria, el PIB per cápita de 1978 era de 2.006 € y en 2016 son 24.100 €, y a tantas cosas positivas a las que hemos accedido gracias a aquellos políticos ejemplares.

La gestión de aquellos acuerdos es lo que ha ido deteriorándose poco a poco hasta hacerlos inservibles. Las modificaciones adecuadas y a su tiempo que no se han realizado desembocan forzosamente en situaciones difícilmente controlables.

La transferencia a las autonomías, casi siempre bajo la presión del chantaje, de competencias plenas en materia de educación, sanidad y seguridad han convertido a España, de hecho, en una confederación asimétrica muy difícil de gobernar.

De todo eso tienen la culpa los dos partidos mayoritarios que se han alternado en el gobierno de España y que no han sido capaces, cuando podían, de hacer esas modificaciones necesarias para no gobernar permanentemente bajo el chantaje de las minorías nacionalistas.

Aun podrían hacerlo, aun, si hubiera salido adelante la propuesta de acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos, se podía haber evitado el caos y el desastre al que estamos abocados.

Las ambiciones personales de Pedro Sánchez, (su programa solo era echar a Rajoy y al PP), el escaso o nulo carisma de Mariano Rajoy, que no sabe transmitir y poner en valor sus muchos aciertos, han impedido llevar a cabo esas modificaciones constitucionales una de las cuales, sin duda imprescindible, una Ley Electoral que evite tener que gobernar bajo la presión de los chantajistas, a los que España les importa una higa.

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