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Miopía idiomática

Miopía idiomática
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Los españoles afrontamos 2017 con muchos retos e ilusiones como siempre que se pasa una hoja del calendario y renovamos los propósitos de enmendar los errores del pasado. Los hogares necesitan bienestar y consolidar proyectos de futuro. Abrir la mente y frenar la pérdida de valores en nuestro país son parte de esos futuribles que he marcado en mi agenda política, junto a la lucha por recuperar niveles de empleo aceptables y amarrar a los pilares de la democracia la prestación de un sistema sanitario, educativo y de derechos sociales para los ciudadanos.

La nueva oleada nacionalista sigue, sin embargo, anclada en los viejos fantasmas de la diferenciación cultural, en el ensalzamiento de la división y en la imposición de un pensamiento único que excluye a todos los que se manifiestan de manera distinta a ese universo onírico del nacionalismo.

El País Vasco, durante décadas, fue el territorio español donde más hincapié se hizo en resaltar las diferencias entre regiones y sus habitantes. La época más negra de la España moderna llegó de la mano de ETA quien con su terror amedrentó a miles de vascos que optaron por el “exilio” para no sufrir las dentelladas de la banda terrorista. Muchos de ellos recalaron en nuestra Comunidad Valenciana y fueron acogidos en una tierra con tradiciones, lengua propia y cultura arraigada siglos atrás pero que está entroncada al proyecto nacional español.

La educación en las escuelas vascas se sumergió en una imposición severa del euskera que denostaba el uso del castellano. El relevo lo cogió Cataluña aplicando un modelo educativo en el que todo concepto relacionado con España tenía un matiz negativo. Transformar la sociedad desde la base de la pirámide social con las herramientas educativas ha sido la obsesión de los dirigentes nacionalistas catalanes que ha fructificado en una sociedad dividida al cincuenta por ciento en torno a la independencia de España –si hacemos caso a las encuestas de esta misma semana–.

Sorprendentemente, no para algunos que ya lo advertíamos durante la campaña electoral de 2015, el nacionalismo también prende, si no socialmente, sí entre quienes gobiernan ahora en la Comunidad Valenciana. Compromís se define así en su estatuto fundacional y sus políticas al frente de la cartera de educación se encaminan precisamente a copiar paso por paso la inmersión lingüística que se practicó en el País Vasco y después, incluso con más virulencia, en Cataluña.

La escuela pública es el campo de batalla ideológico de Compromís con Escola Valenciana como ariete de la inmersión lingüística. Es el consejero de Educación, Vicent Marzà, quien en primera persona está diseñando la política en materia de competencia idiomática y donde los colegios deben optar entre valenciano o castellano. Si apuestan por el castellano podrán ofrecer menos horas en inglés que si escogen la línea en valenciano.

Esta manera de coartar la libertad educativa es inaudita, ya que es lógico pensar que los centros escolares prefieran tener más horas en inglés al ser el idioma más utilizado a nivel global y en profesiones de diferentes ámbitos. Arrincona así al español cuando lo lógico es que las tres lenguas pudieran convivir en pie de igualdad. Así lo entiende la mayor organización de inspectores educativos de la Comunidad Valenciana que considera que los padres deben poder elegir el peso de los idiomas en los centros educativos y pone en solfa la medida que el Gobierno valenciano pretende implementar bajo el impulso de Compromís y la permisividad del PSOE.

Esta pasividad de los socialistas valencianos enrolados en una nave rumbo hacia el nacionalismo rancio de la formación que lidera Mónica Oltra se ha podido también comprobar en el reglamento marco para la puesta en marcha de una nueva Radiotelevisión Valenciana. Y es que en esa normativa PSOE, Compromís y Podemos contemplan que los medios de comunicación autonómicos tendrán que «promover el espacio comunicativo propio del ámbito lingüístico», lo que abre la puerta a la unidad de lengua en los Países Catalanes que defiende el pancatalanismo.

El PP ya ha presentado una alegación para garantizar la diversidad territorial de la Comunidad Valenciana, la promoción de la lengua valenciana como idioma propio de los alicantinos, castellonense y valencianos, y la independencia de los profesionales que realicen su actividad en la misma. El intento del nacionalismo de Compromís que el PSPV de Ximo Puig apoya complaciente es que el español sea un idioma residual y que el valenciano tenga un rango predominante en la vida pública mimetizado con el catalán.

Más aún, la incompetencia de los actuales gobernantes en la Comunidad Valenciana les ha llevado a recortar los Presupuestos para el presente ejercicio lo que conllevará una reducción de más de un 20% el número de alumnos de las Escuelas Oficiales de Idiomas pese a que existe una mayor demanda. El fomento de una sola lengua está restando oportunidades a los jóvenes valencianos que se van a ver afectados por la miopía idiomática de Compromís y PSPV. La libertad y la oferta educativa son objetivos irrenunciables que los valencianos deberemos reconquistar.