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Sin consenso

Mi opinión es mía. Personal, individual, exclusiva y, sobre todo, no consensuada.

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Sí que hay Ley, Puigdemont

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Sobre el autor

Carlos Prallong

Soy periodista, asturiano, escritor y residente en Madrid (no necesariamente en ese orden). Autor de “La tiranía de los imbéciles”.

Hay redaños. Los hay. Los hay de sobra. Así que déjate ya de desafíos de patio de colegio, en plan a ver si hay arrestos de encarcelar a un President. Asume de una vez que tu carrera política está finiquitada. Lo estuvo desde el principio. Tu carrera política nació muerta.

Te lo explico masticadito, Carles: No es que estés perdiendo el pulso que le estás echando al Gobierno. Es que se te hizo president para que lo perdieses. Es que si ese pulso pudiese ganarse, si existiese la más mínima posibilidad de que eso sucediera, no estarías echándolo tú...

No soy yo muy de batallitas, pero recuerdo perfectamente el día que te invistieron president. Estábamos en la radio, en plena tertulia política, y en cuanto te vimos en el monitor que teníamos en el estudio nos pusimos a investigar tu pasado. Tu futuro ya lo conocíamos. Tu futuro era la cárcel. Porque tú nunca has sido president, Carles; mucho menos timonel de un heroico prusés. Tú siempre has sido un cabeza de turco. El tonto útil. El ‘patsy’ que dicen los anglosajones. Lo más ‘presidenciable’ de entre los descerebrados que creían que la vía unilateral realmente era una vía que podía llevar a algún sitio distinto de una celda... El día que Artur Mas comprendió que aquel tren ya no había quien lo frenase te hizo la trece catorce: “conduce tú, Carles; que yo me tengo que bajar aquí un rato. Que me he dejado unas croquetas en el fuego y la lavadora puesta”... Y tragaste. Tragaste hasta el fondo. Y contigo Forcadell, y los cachorros de la CUP, y algún que otro insensato de los que hoy hacen cola para pedir clemencia ante el juez. Os la tragasteis todos igual que os habíais comido con patatas aquello de que a Cataluña le vendría bien la independencia, que el mundo entero se rendiría ante la supremacía catalana, que Rajoy y el Rey se harían caquita en los pantalones, y que Cervantes y Colón eran de Llobregat.

Tal vez desde Bruselas se vean las cosas de un modo diferente, pero tus colegas de por aquí lo van teniendo cada día más claro. No solo hay Ley; es que les han enviado al trullo y en la calle no se ha generado tumulto alguno. Las hordas independentistas no han acudido al rescate, ni han reventado los barrotes. No ha ardido Troya. El pueblo catalán oprimido por España hasta la asfixia que se suponía representaban no ha enarcado una ceja. Ha llevado a sus niños al cole y luego se ha pirado a la oficina a trabajar... Y así las cosas, uno a uno se han ido retractando, y pidiendo perdón, y diciendo que no iba en serio y, por supuesto, renunciando a participar de un nuevo gobierno independentista. Porque finalmente lo han entendido. Ahora ya saben lo solos que estaban. Hoy finalmente comprenden que no han sido más que tontos útiles. Cabezas de turco para una clase política independentista que jamás aspiró a la independencia. Que tenía pavor a la independencia, de hecho; porque la independencia era y es lo único que puede terminar con el modo de vida faraónico que se ha construido en el independentismo.

En la burra te vas quedando solo tú, Puigdemont. Bueno, tú y cientos de miles de ciudadanos ingenuos que también se tragaron la fábula de los unicornios envueltos en esteladas. La diferencia es que ellos no irán a la cárcel y tú sí. No te quepa la menor duda. Tú irás a la cárcel, y llegará el día en que seas el único de todo el tinglado del prusés chupando celda. Porque ese es el papel que se te asignó desde el principio. Así que déjate ya de desafíos, que esto no se trata de si el Gobierno tendrá redaños a encarcelar a un president, Puidgemont. Lo único que debe importarte es que Cataluña no tiene arrestos para investir a un delincuente fugado y, toma buena nota: tampoco tiene el más mínimo interés.

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