Sin temor ni temblor

Este será un lugar de crítica y análisis de los hechos políticos y sociales que nos afectan y pretendo escribir y hablar de manera libre y autónoma, sin temor ni temblor, con claridad y contundencia pero con el máximo respeto a quienes puedan pensar diferente. Quiero que sea un lugar para la libertad y la decencia, la honestidad y el compromiso público, incluida la necesaria autocrítica que nos hace mejores.

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¿Por qué extraña que los nacionalistas se comporten como nacionalistas?

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Sobre el autor

Gorka Maneiro

Impulsor y portavoz de la Plataforma Ahora. Comprometido con los asuntos que afectan a España y a los españoles, convencido de que la política debe servir para construir una sociedad mejor para todos. Defiendo más bienestar y más igualdad para todos, lucho contra todas las desigualdades e injusticias, abogo por una regeneración profunda de España y reivindico una política decente que anteponga los intereses de los ciudadanos a los de los partidos políticos. Ofrezco hechos, no simples palabras, soy dialogante y europeísta, defiendo las reformas modernizadoras que el país necesita y me siento cercano a los ciudadanos que peor lo están pasando, consecuencia de la crisis económica y política que seguimos padeciendo. Soy inconformista y creo en las causas justas, crítico pero constructivo, flexible en lo accesorio pero firme en lo esencial.

Es extraño. En España sorprende que los nacionalistas se comporten como nacionalistas y, sin embargo, ya no sorprende que quienes supuestamente no son nacionalistas se comporten como si lo fueran... y sean capaces, sin despeinarse, de defender que España es una nación de naciones, la inmersión lingüística en Cataluña, un federalismo asimétrico que barra cualquier atisbo de igualdad ciudadana entre españoles o el Concierto Económico vasco para que los que más tienen no aporten a la solidaridad interterritorial entre españoles. Son unos pocos ejemplos, pero habría miles que evidenciarían su sumisión a algunas de las tesis nacionalistas. Por cierto, tampoco sorprende que la izquierda haya sustituido la bandera de la igualdad por la de la identidad y no haya rastro de izquierda progresista en el Congreso de los Diputados, esa que fuera capaz a enfrentarse a los de la Gürtel... pero también a los independentistas que quieren romper España y la ciudadanía compartida: ¿puede haber mayor corrupción que ésta? ¿Puede haber algo más reaccionario? Lo confieso: soy uno de esos millones de huérfanos políticos que echan de menos la presencia en el Congreso de los Diputados de una izquierda progresista que se enfrente democráticamente a tanto reaccionario.

Me sorprende que sorprendiera que el consejero de Interior del Gobierno de Cataluña distinguiera entre ciudadanos catalanes y españoles... como si no fuera esa precisamente la guía habitual de actuación de los gobernantes catalanes... y no solo de los catalanes. También de los vascos y de otros gobernantes que supuestamente no son nacionalistas pero se comportan como si lo fueran, con la aquiescencia de los tontos útiles, que son legión de acomplejados y despistados. No recuerdo haber dicho cosa más revolucionaria (y tan sencilla) durante mis 8 años de trabajo parlamentario en la Cámara vasca que afirmar que nuestra obligación como representantes ciudadanos es pensar en el interés general de España: todavía veo al resto de diputados subirse por las paredes.

Me sorprende que sorprenda que los independentistas se echaran a la calle el sábado pasado para defender su proyecto político antidemocrático en lugar de para sumar fuerzas para defender a las víctimas y condenar el terrorismo yihadista. Para criticar al Rey, las políticas del PP o la islamofobia teníamos el resto de los días del año... pero los independentistas y otros quisieron anteponer sus intereses a los intereses generales de España y de los españoles. Mejor lo propio que lo óptimo. Me sorprende que sorprendiera tanto desprecio a las víctimas del salvaje atentado: tras el vil asesinato del socialista Fernando Buesta, Ibarretxe y los suyos salieron a la calle no para oponerse a ETA o solidarizarse con la víctima sino para defenderse a sí mismos. Quizás, es cierto, fuera cargo de conciencia ante sus propias miserias. Aclaro que me sorprende que haya quien se sorprenda, no que haya quien con razón se indigne. Y me sorprende que Albert Rivera destacara la unidad institucional al terminar la manifestación del sábado, como si la hubiera habido, y los complejos del PP o el silencio socialista. En el fondo, no me sorprende, para qué vamos a engañarnos.

España irá mejor cuando se comporte como un país unido y unitario en lugar de como un puzzle de 17 piezas enfrentadas que se dan la espalda mutuamente. No se resolverían todos los problemas que padecemos pero sí algunos de los más importantes. Y nos permitiría enfrentar mejor todos los demás problemas, desde la precariedad laboral hasta la corrupción política, pasando por la creciente desigualdad o la baja calidad de nuestra democracia. El problema es que hay gobernantes autonómicos y partidos políticos nacionales carentes de visión de Estado e incapaces de anteponer el interés general a los intereses particulares de sus regiones correspondientes. Y un gobierno de España ausente de Cataluña y otras partes de España.

Me sorprende que sorprenda lo que, a estas alturas del partido, no debería. Pero no se trata de decir solo que a millones no nos sorprende. Sino, sobre todo, de ponernos manos a la obra para que los reaccionarios se sorprendan de nuestro compromiso y nuestra disposición a presentar un proyecto político alternativo al suyo. Y de que confirmemos que no tenemos complejos... y tampoco miedo.

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