Hace aproximadamente un año (el 22 de noviembre) fallecía uno de los últimos grandes de la danza: Maurice Béjart. Comenzó como bailarín, continuó como coreógrafo y terminó fundando su propia compañía, el Ballet del siglo XX, que más tarde se convertiría en el Béjart Ballet Lausanne. Esta evolución no lo distingue de muchos otros bailarines. Lo que sí lo hace, es que él, tras los pasos de Roland Petit, consiguió impulsar y popularizar dos nuevos lenguajes en la danza, el neoclásico y el contemporáneo, que utilizó en las más de 200 coreografías que creó. Pero su visión artística no se quedó en la concepción innovadora de movimientos. Béjart introdujo en sus ballets escenografías propias de una ópera, utilizó estilos de música infrecuentes en los teatros europeos y la calidad de sus bailarines se daba por descontado. Es en este último apartado donde Béjart tuvo una relación más estrecha con España. Consciente, quién sabe por qué, de que había bailarines con ganas de dejar atrás los “Cascanueces” y las “Giselle” para formarse en otros estilos, el coreógrafo tentó a muchos de ellos con ofertas para formar parte de su compañía. El ca...
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27 Nov 2008
Maurice Béjart, la mirada azul de la danza
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20 Nov 2008
El último tango en Brujas
Las ocho de la tarde en Bélgica son como las dos de la mañana en España. Y si hablamos de Brujas, las tres. Esta ciudad, repleta de encantos, lucha por superar el tópico de que cuando se pone el sol (a eso de las cinco) ya no hay nada que merezca la pena hacer fuera de casa. Esta coyuntura supone un gran problema para la atracción de turistas, sobre todo si son españoles, es decir, noctámbulos por naturaleza. Su lucha, sin embargo, está bien planeada. Durante el fragor de la batalla chocolatera y cervecera que inunda la ciudad de día, los brujenses (sí, se dice así) prepararon ayer la contienda más dura de ganar: la nocturnidad desierta. Así, iluminaron con colores sus canales, ésos que la convierten en la “Venecia del Norte”; dibujaron caminos con velas que llevaban a improvisados escenarios callejeros; y, llegado el momento, la música comenzó a sonar en su mismo centro para despejar cualquier duda de que algo iba a ocurrir más allá de las siete. Siete y media de la tarde. En la plaza del Museo Arentshof (quién sabe lo que significará en flamenco) dos bailarines/malabaristas escenifican un tango en el que, para ser sinceros, es más importante el fuego que lanzan, encienden, apagan y sortean, que los movimientos de sus pies, pero centenares de personas se admiran y aplauden ante sus acrobacias. Se llaman Bilboba...
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15 Nov 2008
Enseñad, enseñad malditos
Como casi todos las problemas de este mundo, el de la danza es también una cuestión de educación. Pensemos un momento en las enseñanzas culturales que se imparten en los colegios. Hasta donde yo sé –pertenezco a la “generación EGB”– hay materias de literatura, historia del arte, música e, incluso, pretecnología (¿hay alguien que todavía utilice ese término?). Con estas enseñanzas se cubre cierto conocimiento de cinco de las seis bellas artes, es decir, de arquitectura, escultura, pintura, música y gracias a la asignatura de literatura, declamación (que incluye la poesía). Si incluimos el séptimo arte, nos quedarían huérfanos el cine y la danza. Equiparar el conocimiento que existe entre la sociedad entre éstas dos últimas, resulta ridículo. ¿Quién no se atreve hoy a criticar una película? Por fortuna, el cine tiene una presencia social que no envidia a ninguna de las otras artes. Llegados a este punto, ¿qué referencia educativa tiene la gente sobre la danza? Ninguna. Y si a alguien se le ocurre como respuesta la gimnasia o, en fino, la educación física, me enfado un montón. De esta manera, que la gente vaya a ver un espectáculo de danza es casi un milagro, uno de éstos que te hace volver a confiar (si algún día lo hic...
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10 Nov 2008
¿Quién dijo miedo?
Si aquí decíamos que extrañan los malos augurios que constantemente planean sobre la danza, el pasado sábado, los espectadores del Teatro Albéniz de Madrid daban ejemplo de lo injustificados que están tales presagios. Pongámoslo en contexto: dentro de la programación del Festival de Otoño se ofreció un espectáculo de danza contemporánea butoh con el nombre de “Hibiki”, de la compañía Sankai Juku. Sí, japoneses, y prácticamente desconocidos en España. Así sucedió. Seis bailarines de cabeza afeitada y completamente cubiertos de maquillaje blanco (la cosa en un principio parecía más una sesión colectiva de budismo) se plantan en un Teatro lleno hasta la bandera y ofrecen una coreografía al son de una música que poco (o nada) tienen que ver con las referencias de un occidental al uso. Su ritmo es lento, espiritual, casi divino. Y su rictus, absorto en la representación que tienen entre manos, da miedo. A los diez minutos, se es perfectamente consciente de que es algo diferente, raro, pero bueno, y uno no sabe qué pensar. Pero estos nipones en hora y media consiguen meterte en su mundo, en su forma de entender el arte. Te has olvidado incluso de que estás en Madrid y, hasta el Teatro, ya no parece un teatro. Supongo que es una de esas cosas que, en ocasiones, consigue la danz...
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04 Nov 2008
¿Qué es danza? ¿Y tú me lo preguntas?
No sé cuántas veces he podido oír eso de que “la danza no tiene público”. Pues no lo tendrá, pero cada vez que se programa un buen espectáculo, que es la mayoría de las veces, se agotan las entradas. ¿Será gente que entró en el teatro equivocada u obligada? También resuena en mi cabeza el clásico “la danza es la hermana pobre de las artes”. Pues será pobre (y hermana también), pero cada vez se presentan más y mejores obras que, además, tienen éxito. Espero que se refieran a la falta de presupuesto, el mal endémico de la industria cultural que, desde luego, no excluye a la danza. Cualquiera puede pensar que la danza es, por ejemplo, ese espectáculo en el que unas chicas esqueléticas con tutú (algo que, curiosamente, no tiene nada que ver con el arte del tuteo) se mueven sobre las puntas de sus pies, que les deben de doler un montón, al son de la música de un ruso que se llama algo así como "Chaicosqui", para contar una historia que se sabe desde el principio cómo va a terminar. Bueno, es una opción. Un lector más metido en el mundo de las artes escénicas también podría decir que la danza es ese espectáculo que alguna vez vio en un festival poco concurrido, en el que muchos bailarines se convulsionaban siguiendo el ritmo de ...






