Reflexiones de un joven pensador

Estoy con los jóvenes que queremos ser personas libres y comprometidas, capaces de tomar decisiones y expresar nuestras opiniones con espíritu crítico, negándonos a participar en lo que sea para ser aceptados y abriendo nuevos caminos. Defiendo la diversidad, la singularidad y la igualdad educativa.

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El alumno enchufado

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Sobre el autor

Álvaro Cabo

13 años. Escritor, Blogger y conferenciante. Colaborador en Prensa, Radio y Televisión. A los 10 años irrumpió en el mundo de la actualidad con su blog “Mi país a través de mis ojos”; a los 11 años publicó su libro “Ser inteligente no es un delito” y desde los 12 imparte un Ciclo de Conferencias denominado “Tu éxito está en tu esfuerzo”. Ha sido reconocido como talento Marca España 2016 y es miembro de la Red Mundial de Conferencistas y de la Cámara Internacional de Emprendedores. Aficionado a la novela histórica, marketing, actualidad política, económica y social; futbolero y practicando artes marciales casi desde que empezó a andar. alvarocabo.com

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Es descarado y hasta llega a rayar la ridiculez y a insultar nuestra inteligencia cuando algunos profesores, sea por el motivo que sea, vuelcan todo el favoritismo y elogios en un determinado alumno, en muchos casos sin llegar a pensar el daño que le pueden llegar a provocar, ya que haga lo que haga siempre habrá una excusa para ponerle la mejor nota; el alumno perfecto que nunca falla ni se equivoca, los puntos negativos para él no existen, porque tanto su comportamiento como su sabiduría y su conducta son ejemplares, los únicos capaces de ser profetas en su tierra. Les llueven los dieces, mientras que para otros un diez es una misión casi imposible de conseguir, porque somos alumnos imperfectos y el menos uno en comportamiento ya está asegurado. El corporativismo en estado puro, como los Tres Mosqueteros, uno para todos y todos para uno. Es curioso observar que cuando se presentan a algún concurso de talentos fuera de su protección no brillan ni aunque les pongan halógenos, porque no tienen ni pajolera idea de nada y, lo principal, no les conocen.

Los alumnos curiosos, los trabajadores, los que buscan, los inquietos, los que quieren dar un paso más... ¿qué pasa si encuentran un alumno o una alumna así? Que empiezan a hacerle sentirse chiquitito para que se desmotive y termine creyéndose que su esfuerzo no es suficiente, que su curiosidad no interesa a nadie y que querer dar un paso más no es querer aprender ni avanzar, sino presumir, ofender, entretener, fastidiar... así de mediocre e insultante es el asunto. Nos educan para limitarnos, para obedecer, para callar, para estudiar y aprobar sin aprender, para no salirnos de su tiesto. Ni se te ocurra escribir algo diferente o más de la cuenta en un examen, ni plantear preguntas, porque lo que recibirás a cambio será la indiferencia, el desprecio o incluso un suspenso.

Este sentimiento de injusticia fundado, no inventado, hace que algunos perdamos la confianza en los profesores y en el propio sistema, y estemos más pendientes de por dónde nos la van a colar de nuevo y cómo vamos a tener que volver a comulgar con ruedas de molino. Y nos dirán que siempre estamos a la defensiva.

Ahora os preguntaréis por qué falla el sistema educativo. ¿Por qué está mal visto el pensamiento crítico y saca mejores notas el que memoriza y lo suelta todo como un papagayo sin razonarlo? ¿Por qué tantos genios han fracaso en el colegio? ¿Por qué muchos estudiantes nos sentimos discriminados por el sistema? ¿Por qué nos intentan esconder haciéndonos de menos?

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