Reflexiones de un joven pensador

Estoy con los jóvenes que queremos ser personas libres y comprometidas, capaces de tomar decisiones y expresar nuestras opiniones con espíritu crítico, negándonos a participar en lo que sea para ser aceptados y abriendo nuevos caminos. Defiendo la diversidad, la singularidad y la igualdad educativa.

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Los ‘Insert Coin’ (II)

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Sobre el autor

Álvaro Cabo

14 años. Escritor, Blogger y conferenciante. Colaborador en Prensa, Radio y Televisión. A los 10 años irrumpió en el mundo de la actualidad con su blog “Mi país a través de mis ojos”; a los 11 años publicó su libro “Ser inteligente no es un delito” y desde los 12 imparte un Ciclo de Conferencias denominado “Tu éxito está en tu esfuerzo”. Ha sido reconocido como talento Marca España 2016 y es miembro de la Red Mundial de Conferencistas y de la Cámara Internacional de Emprendedores. Aficionado a la novela histórica, marketing, actualidad política, económica y social; futbolero y practicando artes marciales casi desde que empezó a andar. alvarocabo.com

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(Lee aquí la primera parte)

Y llega un día en el que el Insert Coin cumple 30 o 40 años, y los de su generación se empiezan a casar y a tener hijos (lo normal), pero eso no va con nuestros Insert Coin, ellos continúan pidiendo dinero a sus padres, a sus abuelos si viven, a sus amigos si les quedan o a sus parejas si los aguantan. Su aspiración más importante en la vida es reengancharse a alguien que les pueda mantener, ya que carecen de formación y los trabajos no les duran ni dos días. Llegado este momento, su pensamiento está puesto en cómo conseguir subsistir sin dar palo al agua, y como para ello tienen un radar, descubren las subvenciones para seguir chupando del bote y continuar con su triste rutina, por no decir existencia, amargando la vida a los que les rodean. Por supuesto, ya no son tan exigentes, y se conforman con un móvil más barato pero que se lo pagan, un coche que le lleve y le traiga pero con gasolina y seguro por cuenta ajena, ropa doblada y la comida en la mesa por alguien que siente pena por ellos... en fin, unos parásitos que nos salen muy caros. Ni producen, ni cotizan, ni les interesa la situación del país, ni la educación, ni la economía; de lo único que se quejan, y que a mí me hace mucha gracia, es que “no les gusta que vengan los extranjeros a quitarles el trabajo”. Por lo que si continúan así, o tienen mucha suerte y les toca la lotería, o terminan pidiendo limosna en la puerta de alguna iglesia o en la cárcel.

Lo peor que le puede pasar a un Insert Coin es recibir una herencia, porque no volverás a saber nada de ellos hasta que no se les acabe el último euro, que se gastarán en fiestas, vicios, tecnología, ropa, relojes, restaurantes... todo para ellos; no invierten, ni ahorran, y cuando ya están desplumados suena el teléfono ¡ring!, ¡ring!, y aparecen con unas cuantas neuronas menos, sin esos amigos tan maravillosos, sin patrimonio y los bolsillos dados la vuelta. Porque una característica que les une a todos ellos, es que van solo van a visitarte o a molestarte cuando tienen algo que pedirte; mientras que tengan todo lo que necesitan no cuentes con ellos para nada.

Existen otros Insert Coin que nos incumben a todos, como los bancos, por excelencia, que nos exprimen con comisiones, intereses, descubiertos, cláusulas; el Estado, que nos acribilla con sus impuestos, el IVA, el IBI, la subida en la cotización a la SS; las autonomías; la corrupción política que tenemos que pagar todos...

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