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Cómo convertirte en una supersuegra

La Razón
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Estás en los preparativos de la boda, buscando inspiración para flores, vestidos, fotógrafos, joyas y un largo etcétera para aportar tu granito de arena en la boda de tu hijo, pero un día, algo te abre el horizonte. Te paras a pensar y te das cuenta de que cuando llegue el día de la boda te vas a convertir en suegra. ¡Tú, suegra! ¡Con lo que son las suegras!

”Mi suegra, ¡ese bicho!” no es frase que se construirá junto con tu nombre. No. Tú no vas a ser una suegra como las demás. Tú vas a ser una supersuegra, igual que has sido una supermadre. Todos los años de amor incondicional hacia tu hijo no van a convertirte, de buenas a primeras, en la mala de la película. Ya bastante hay que pasar de tener el papel femenino protagonista de la película a representar el papel secundario.

Te lo propones y te dices a ti misma: voy a ser la mejor suegra.

Pero por mucho que te lo propongas, convertirse en una supersuegra es un camino más largo de lo que en un principio te podrías imaginar y a lo mejor te vendría bien apoyarte en una hoja de ruta, para que tanto tu hijo como tu nuera te adoren, y fortalezcáis vuestros lazos más si cabe.

1. Esfuérzate porque tu nuera se sienta bienvenida a tu familia. No es una extraña, así que no la trates como tal. No promuevas “bandos” ni “familia vs. contrarios” en las relaciones familiares. No hagáis fotos de “sólo la familia” excluyendo a los que no llevan tu mismo apellido. Empezad una nueva tradición familiar incluyendo a todos los miembros que la conforman.

2. Recuerda que el matrimonio se basa en el amor, en el amor que tu hijo y tu nuera se profesan. Por lo tanto, si tu nuera quiere a tu hijo y ves que lo hace feliz, sé feliz tú también por ello. Los celos de madre no llevan a ningún lado y no traen más que sufrimiento. Ama en vez de envidiar.

3. Trata a tu nuera como te gustaría que te trataran a ti, como te gustaría que tu suegra te hubiera tratado, o como tratarías a cualquier persona joven con quien tuvieras una relación de por vida. De tu nuera es de quien depende la relación que tendrás con tu hijo, de quien depende la relación que tendrás con tus nietos. Sí, sí, con tus nietos. Aunque tú ahora te veas joven y no quieras ni oír que nadie te llame “abuela”. Porque igual de lejos estaba el día que tu hijo se iba a casar, que lo está ahora de convertirte en abuela. Es inminente.

4. Piensa en tus actos y en tus palabras. Recuerda cómo era ser la esposa joven, la “recién llegada”.

5. Sé consciente de las virtudes de tu nuera y alábala con sinceridad. Si tiene alguna cualidad especial, si es amable, sensible a las necesidades de los demás miembros de la familia, si trata a tu hijo bien, si cocina bien o es una excelente ama de casa, DÍ-SE-LO. Para ella será agradable saber que reconoces sus virtudes y habilidades.

6. No des consejos a menos que te lo pidan. Aunque tú sepas cómo le gustan a tu hijo determinadas cosas, deja que ellos dos juntos descubran la forma de hacerlas ellos solos. Quién sabe, a lo mejor tú también descubres nuevas formas de hacer las cosas.

7. No hay dos familias iguales y no hay dos formas exactas de hacer las cosas. Sé abierta de mente y fomenta un clima de descubrimiento y de aprendizaje de ambas familias.

8. No creas que tu familia es mejor que la suya, ni se lo hagas creer con comentarios explícitos ni implícitos. ¿A ti te gustaría que te hicieran sentir inferior?

9. No asumas que nuera y suegra tengáis el mismo rol doméstico. Tú has sido esposa y madre y has tomado tus decisiones, deja que tu nuera y tu hijo tomen las suyas y formen su familia conforme a los tiempos actuales y la mentalidad de ambos. Que tú no hayas dejado a tu hijo ni hacerse una tortilla no significa que tu nuera tenga que seguir tu camino.

10. Ponte en el lugar del otro. Si no puedes o no quieres ponerte en el lugar de tu nuera, ponte en el lugar de tu hijo y visualiza los sentimientos que provocan en tu hijo determinadas situaciones.

11. Sé un apoyo, no una carga. Tú has sido madre antes que ellos y sabes lo que te cambia la vida. Sé generosa y propón cuidar de tus nietos un día o un fin de semana, para que ellos puedan descansar o disfrutar de un poco de tiempo juntos.

12. No te presentes en su casa sin avisar. Por mucho que eches de menos a tu hijo o quieras ver a tus nietos, las visitas es mejor avisarlas con antelación. Si estás cerca de su casa puedes hacerles una llamada y comprobar si están en casa y si no están ocupados, si no es el momento adecuado podéis convenir veros en otro momento.

Con todo el cariño para las suegras, nueras, hijos, padres, hermanos, cuñados y todos los miembros de cada una de las familias.