A Contraquerencia

A Contraquerencia es el punto de encuentro. Ese suspiro que da paso a la reflexión, aquello que no tiene espacio en la asfixiante vorágine del día a día.

  • Una manifestación de los antitaurinos en Barcelona
    Una manifestación de los antitaurinos en Barcelona

¿Provocación?

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Sobre el autor

Patricia Navarro

Periodista por vocación y tras 15 años en esta casa amante de seguir contando historias. Vivir para contarla, que diría García Márquez. Responsable de la Sección de Toros. Todavía el periodismo de verdad. Ese resquicio que nos mantiene vivos.

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El tema da pereza, por repetitivo, pero en verdad es asombroso cómo reacciona la gente, qué contraste a uno y otro lado del río. A partir del mes de abril de este año, se informó de lo que en principio iba a ser un gran avance. Se prohibían las manifestaciones en los aledaños de la plaza y en la hora de corrida y se hacía con carácter nacional. Qué descanso, pensamos muchos. Informaba de ello la Unión de Criadores de Toros de Lidia. Luego, la realidad es otra, la letra pequeña hace que las libertades individuales se vean atacadas. Un antitaurino tiene todo el derecho a manifestarse pero alguien a quien le gusten los toros y haya decidido invertir su dinero en una tarde de sábado para ir a un festejo tiene también derecho a no verse agredido de manera impune con gritos de "asesinos", por no caer en conceptos más soeces que se reparten con metralleta, eso sí entre cacerolazos y pitos. Ayer lo volvimos a vivir en la plaza de Valencia. Ya no en la misma explanada, pero sí enfrente. Los insultos cruzaban el paso de cebra que separaba un lugar y otro sin gran esfuerzo. Me asombra la naturalidad con la que afronta el aficionado lo que en realidad es indignante. Más allá de las diferencias ideológicas entre unos y otros debería primar el respeto. Y luego, hablamos, matizamos, avanzamos o creamos un camino de polémica, aunque sea irreconciliable. Lo que quieran. Puedo entender una parte. No el radicalismo exacerbado y violento en el que se representan en cada convocatoria. Lo dice Perera en una entrevista con no poca razón, "este tipo de manifestaciones se convierten en provocaciones".

Como provocar es irrumpir en un festejo para intentar boicotearlo o asaltar un ciclo de conferencias, como es el caso de Barcelona y unas cuantas veces en Madrid en lo que va de año y con heridos incluidos. Se va a la caza y para ello están preparados con cámaras para argumentar el día que un taurino no pueda más y pierda los nervios. Lo que estamos perdiendo entre todos es la cabeza, por encima del debate y del amor a los animales, que en realidad nos une más que nos separa.

Ayer a las ocho de la tarde acabó, creo, o eso dicen, la manifestación controlada en todo momento por la policía. No soy buena en números pero me cuesta sumar más de cien en esa agrupación. Venga, 200, 300. Lo que quieran, no los había, pero da igual. La manifestación de una sola persona ya tiene relevancia. En la plaza a la misma hora y pagando una buena suma por ver el espectáculo en día de calor asfixiante y con la playa hasta arriba, superaron las 7.000 personas. Tengamos la fiesta en paz. Que sigan las manifestaciones en lugares habilitados para asegurar la tranquilidad de unos y de los otros. Pero de verdad, sin que suponga una irritante provocación. Los derechos y obligaciones son vitales en el equilibrio de una sociedad. Pero eso nos debe igualar a todos.

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