jueves, 17 agosto 2017
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Arte

El Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso conforma una de las estampas más reconocibles del diálogo que la ciudad de Córdoba mantiene con Sierra Morena, a pesar de que, a lo largo de su historia, que se remonta a varios siglos, ha existido en torno a él un halo de misterio y desconocimiento.

Un misterio que, desde el pasado septiembre, lo es menos toda vez que este antiguo monasterio, fundado a principios del siglo XV y considerado la primera obra del gótico cordobés, ha sido abierto al público que podrá contemplar no sólo su espléndida conservación, sino gran parte de los tesoros que esconde en su interior.

Las visitas son fruto de la iniciativa del Conjunto Arqueológico Medina Azahara, la Universidad de Córdoba, y Victoria Elena López de Carrizosa y Patiño, marquesa del Mérito, propietaria del inmueble, y están dirigidas por estudiantes de Historia del Arte, que ayudan a desentrañar este inmueble, fundado por el emérito portugués fray Vasco, que trajo a Córdoba la primera orden Jerónima de España.

El director de Medina Azahara, José Escudero, ha acompañado a Efe en una de estas visitas guiadas y ha explicado que San Jerónimo y Medina Azahara no mantuvieron ninguna relación, puesto que para cuando comenzó a construirse, el asentamiento omeya estaba oculto, tras haber sufrido numerosos expolios.

No obstante, la auténtica relación entre San Jerónimo y Medina Azahara estriba, según señala Escudero, en que para la construcción del monasterio se utilizaron materiales de las infraestructuras que habían permitido la existencia en Medina Azahara durante el siglo X.

"Desmontaron puentes, un acueducto que abastecía de agua a Medina Azahara y a Córdoba, así como una serie de materiales que se aprovechan para levantar el templo, especialmente los sillares y las piedras", especifica el director del yacimiento que, además, cuenta una anécdota relacionada con Ambrosio de Morales, el cronista de Felipe II.

Según relata, de Morales vivió en el Monasterio de San Jerónimo en el siglo XVI y confundió Medina Azahara con los restos de la antigua Córdoba romana, lo que a su juicio evidencia que, a pesar del expolio al que fue sometido el asentamiento, aún debían quedar "estructuras emergentes o alteraciones topográficas".

Por su parte, el propio monasterio, fundado para retiro espiritual por una orden que precisamente hace del aislamiento su bandera, tampoco fue ajeno al "expolio", que en este caso llegó en forma de la desamortización de Mendizábal.

Para entonces, a mediados del siglo XIX, el monasterio contaba apenas con catorce o quince frailes antes de pasar a manos del Estado que, ante la imposibilidad de instalar allí un hospital para dementes, lo vende a finales de ese siglo a manos privadas.

Todo ello desembocó en la venta, en 1911 de este inmueble al marqués del Mérito, que adquirió su propiedad e inició una restauración que culminó en 1912 y que hizo del monasterio una residencia privada, en la que ahora pasa ciertas temporadas la marquesa del Mérito, señora de un lugar en el que, paradójicamente, estaba prohibido el acceso de las mujeres.

Hubo una excepción honrosa, la de la reina Isabel la Católica, tal y como recoge el libro de visitas del templo, donde también están estampadas las firmas de Felipe II, Felipe IV, Víctor Fleming, Ernest Hemingway o "Manolete", sólo algunas de las personalidades que pasearon por este recinto.

Un recinto que, a primera vista, ya seduce, con su gran fachada, plagada de balcones y ventanas y un medallón de mármol blanco con relieve de San Jerónimo, seguido del patio principal, preñado de columnas dóricas y bóvedas góticas, la iglesia, la sala capitular o las capillas claustrales, todos perfectamente conservados.

Tanto que este monumento fue declarado en 1980 Bien de Interés Cultural, lo que obligaba a la propiedad a establecer una serie de visitas, que, por impericia o por inaccesibilidad, han tardado en concretarse en un proyecto como el que ahora se está llevando a cabo.

Sea como sea, San Jerónimo finalmente se ha prestado a que sean los propios cordobeses los que se acerquen a desentrañar los misterios que oculta el que es uno de los tesoros más desconocidos de Córdoba.

El Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso conforma una de las estampas más reconocibles del diálogo que la ciudad de Córdoba mantiene con Sierra Morena.
El Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso conforma una de las estampas más reconocibles del diálogo que la ciudad de Córdoba mantiene con Sierra Morena.
Efe
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