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Carter, la gran familia del country

La novela gráfica «La Familia Carter: Recuerda esta canción», premiada con el prestigioso Eisner, relata la vida de una estirpe singular que definió las reglas de la canción americana hace un siglo y abrió el camino a artistas como Woody Guthrie, Johnny Cash y Bob Dylan

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Alberto Bravo.  Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

10 de abril de 2017. 08:10h

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Hay historias que merecen ser contadas y, en este caso, también dibujadas. «La Familia Carter: Recuerda esta canción» (Impedimenta) es el título de la novela gráfica que narra cómo la Carter Family pasó de la granja a las estanterías de toda América recopilando y cantando historias que todavía hoy siguen siendo interpretadas en todos los escenarios del mundo. El escritor Frank M. Young y el dibujante David Lasky son los autores de una obra impecable, la historia de una gente que, más que convertirse en las primeras estrellas del country, contribuyó a sublimar el valor de una pieza de dos minutos que se cantaba. La Carter Family inspiró decisivamente a Hank Williams, pionero de la canción contemporánea, y después llegaron Woody Guthrie, Pete Seeger, Johnny Cash y Bob Dylan. El resto ya es historia. Young y Lasky logran evocar con texto y dibujos una época muy concreta, la del nacimiento de los viejos discos de pizarra, dentro de un contexto específico: la América de la depresión y la segregación racial. La obra, publicada originalmente en 2013, ganó el premio Eisner a la mejor novela gráfica basada en hecho reales y ahora llega a nuestro país con una cuidada edición y traducción a cargo de Miguel Ros González.

w el alma del grupo

El eje del relato es Alvin Pleasant «A.P.» Carter (1891-1960), el gran impulsor del grupo y uno de los nombres decisivos en la evolución de la cultura popular. Pobre como un trapo, se dedicaba a cultivar tabaco y alimentar su pasión musical. Obviamente, eran tiempos sin música registrada ni aparatos reproductores de canciones. Todo lo que existía para aprender era la tradición oral y A.P. viajaba por la América rural en busca de gente que le interpretara canciones. Tan simple como eso. Le interesaban las historias y extraer melodías derivativas para cantarlas. Tenía una especial sensibilidad para captar historias diferentes, ya fueran épicas, bélicas, religiosas, reivindicativas o amorosas. Ante todo, poseía el don de detectar la autenticidad.

También sabía cantarlas. Tuvo la suerte de encontrar en su esposa Sara y en su prima Maybelle el trío que necesitaba para la interpretación. La primera contaba con una voz espectacular y sabía tocar la tabla, mientras Maybelle logró desarrollar una técnica pionera con la guitarra. Era capaz de llevar ritmo y melodía al tiempo, toda una influencia en el desarrollo posterior del género.

Así fue como el 2 de agosto de 1927 el trío se montó en un viejo trasto para viajar desde Virginia a Bristol, en Tennessee, para grabar un disco. Allí se encontraron con Ralph Peer, un productor ansioso por encontrar nuevos talentos para grabar y difundir música, un hombre que supo ver antes que muchos que ahí había dinero. Recibieron unos dólares por canción que aliviaron levemente su angustiosa situación económica. Meses después se enteraron casi por casualidad de que había un disco en las tiendas con las canciones «Wanderin Boy» y «Poor Orphan Child». Al año siguiente llegarían nuevas grabaciones comerciales con temas como «The Storms are on the ocean» y «Single girl, married girl», entre otros.

«Bendice a todos los que ayudan a los niños huérfanos», cantaba la familia. «Dale un beso al bebé, pues me marcho al mar y no sé si volveré», era otra de las estrofas que les gustaba. «Apiádate del hombre que fue castigado por robar para comer», sugerían en nuevas grabaciones. Esa era la verdad de Estados Unidos, los relatos que difundía la tradición oral y que se habían convertido en la razón para vivir de A.P. y su familia.

Las gentes más sencillas de Estados Unidos estaban ávidas de escuchar esas canciones, con esos textos que hablaban de la vida que todos vivían y esa forma tan pura de entonarlas. La fama de la Carter Family iba en aumento progresivamente mientras nacían las casas de discos, visto que aquello iba camino de convertirse en mucho más que un fabuloso negocio. La Carter Family era reclamada en todas partes y un nuevo elemento contribuyó a multiplicar su fama: la radio. Sucedió que A.P y su trío firmó un contrato con la cadena «XERA» para grabar un par de actuaciones diarias que luego serían difundidas por todo el país a través de emisoras afiliadas. Aquel sería el estallido definitivo de la música y de la canción americana. La Carter Family estaba en la cima.

Pero con la llegada del éxito aterrizan también los problemas. En eso también fueron pioneros. Inconscientemente, A.P. eligió la música antes que la familia. Presionado para grabar, se vio obligado a buscarlas canciones, a recorrer más lugares y escuchar a más gente que se las cantara. Pasó a ser su prioridad, antes que atender a los suyos. Sara se hartó y pidió el divorcio. Entonces A.P. entraría en depresión. El trío continuó y ver a Sara se convirtió en algo muy doloroso para él. Y más cuando ésta anunció, años después, que se casaba. Fue en 1943 y marcó el final del trío. Las hijas de Maybelle –Anita, Helen y June– extenderían el legado de la Carter Family para añadir más gloria a una estirpe única. Así, June acabaría contrayendo matrimonio con Johnny Cash para formar uno de los grupos más fructíferos y sólidos de la historia de la música.

La Carter Family dejó atrás una vida de leyenda, repleta de viajes, sórdidos camastros para dormir, ruedas pinchadas, amor, épica y canciones gloriosas. Más de 300 grabaron y muchas de ellas todavía perviven como auténticas joyas de la canción americana, títulos tan significativos como «Keep on the sunny side», «River of Jordan», «Little Moses», «The Foggy Mountain Top», «Diamonds in the Rough», «Motherless Children», «Lonesome Valley», «See That my Grave Is Kept Green», «The Mountains of Tennessee» y muchas otras. La Carter Family fueron un éxito por dos razones: la autenticidad de sus interpretaciones y la dedicación de A.P. en la búsqueda de canciones. Ejerció a la vez de músico y de archivista.

Buena parte de ellas serían recuperadas durante los primeros años 60 con el nacimiento del «nuevo folk americano», el surgimiento de una generación encabezada por Bob Dylan que también incluyó a Joan Baez, Tom Paxton, Ramblin’ Jack Elliott, Fred Neil, Phil Ochs, Roger McGuinn y Dave Van Ronk. Ellos iniciaron una revolución contracultural que en buena parte se nutrió del legado de la Carter Family y las viejas canciones que sobrevivieron a lo largo de los siglos gracias a la tradición oral.

En este volumen aparece algo más que la biografía gráfica de un grupo. Se trata del retrato de una época, de la miseria y grandeza de la América de principios del siglo XX. También es el retrato visual y textual del nacimiento del negocio de la grabación de discos y de una de las primeras estrellas de este mundillo. Fueron unos momentos de ingenuidad y auténtico amor por la música que ya no volverán. La grandeza de los viejos tiempos, del nacimiento de la gran canción americana que hoy es parte de la cultura contemporánea.

Jimmie Rodgers, el otro héroe

En el libro aparece un interesante «cameo» al recordar la breve sesión de grabación del trío junto a Jimmie Rodgers, la otra gran estrella del country en aquellos momentos. Compartió su trabajo en los ferrocarriles con su amor por la música y grabó un buen puñado de canciones memorables con el conocido recurso del «yodel», en el que era un maestro. Algunas de sus composiciones más memorables son «Waiting for a Train», «Miss the Mississippi and You» y «In the Jailhouse Now». Una temprana tuberculosis le hizo morir con apenas 35 años. Cuando grabó con la Carter Family ya estaba muy enfermo. Bob Dylan reivindicó su memoria en 1996 con un homenaje en el que también intervinieron numerosos músicos de la talla de Willie Nelson, Dickey Betts, Bono, Steve Earle, Jerry Garcia, Van Morrison y Alison Krauss.

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