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Amores enredados en Nueva York

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Gonzalo Núñez. 

Tiempo de lectura 4 min.

13 de octubre de 2017. 00:19h

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Desde que se diera a conocer con la modesta pero exitosa «(500) días juntos» (2009), en la que diseccionaba en varios planos el surgimiento, el desarrollo y el fin del amor, sabemos que Mark Webb tiene algo que decir sobre ese sentimiento universal que nunca alcanzamos a explicar del todo. En «Canción de Nueva York», Webb, que de aquel influjo «indie» pasó a dirigir grandes producciones como «Spider-Man», regresa al ser humano y a una de sus problemática más antiguas: la pareja. Y lo hace rodeado de algunos de los mejores intérpretes de varias generaciones: Pierce Brosnan, Callum Turner, Kate Beckinsale, Jeff Bridges y Cynthia Nixon.

Recién graduado

Todo empieza en Nueva York. «Quería hacer una carta de amor a la ciudad», confiesa el guionista, Allan Loeb. Y ese es el espacio en el que se mueven los protagonistas de este drama: un joven (Callum Turner) recién graduado universitario que descubre que su padre (Pierce Brosnan), con quien no tiene precisamente una gran relación, mantiene un romance con una chica de su edad(Kate Beckinsale). Así, Thomas Webb (¿es mera casualidad que se apellide como el director?) intentará evitar esa aventura pero, en su empeño, acabará involucrándose sentimentalmente con Johanna.

«El amor es una palabra muy general», advierte Webb para quienes se acerquen a esta historia buscando una simple lectura romántica. «Creo que las personas se atraen las unas a las otras por diferentes motivos, así que no deberíamos usar a la ligera esa palabra. Lo que me intriga de esta historia es que trata sobre personas pasando por la vida de otros. Todo el mundo está obligado a ser honesto de cierta forma en la película», asegura el director. Y añade una suerte de lección: «Aunque la verdad puede ser increiblemente dolorosa, es imposible remediarla viviendo en una ilusión».

Para Loeb, «Canción de Nueva York» ha sido una posibilidad para re-enamorarse del cine y de su profesión. El guionista de cintas como «Wall Street 2» o «Sigueme el rollo» llevaba una época de decaimiento en Hollywood, perdiendo poco a poco la esperanza y la motivación. Así, se mudó de Los Ángeles a Nueva York y descubrió una ciudad que era la que recordaba, pero al mismo tiempo otra distinta, siempre abierta a sugerencias y estímulos. «Canción de Nueva York», es, dice, «un retrato de la ciudad que había amado mientras la visitaba en los 70 y 80; una Nueva York bañada en arte, música y literatura».

Tanto Loeb como Webb conciben esta película como una historia de maduración. Thomas, el protagonista, aspira a la grandeza, pero nada le va como debería, hasta el punto de que Mimi, su amor de universidad, lo descarta por el clásico chico malo. En este contexto de quiebra existencial, Thomas conocerá a Johanna y tendrá que hacerse preguntas sobre el amor y sobre su padre.

Ecos de «El graduado», la mítica cinta de Mike Nichols en 1967, se dejan sentir tanto en el tema como en el espíritu de esta película. De hecho, el título original de la cinta, «The Only Living Boy in New York», es una canción original de Simon & Garfunkel, el duo que apuntaló el éxito de «El graduado» con su banda sonora. De otra parte, el empeño en retratar la ciudad de Nueva York como emblema del caos existencial de sus personajes hace inevitable las comparaciones con Woody Allen.

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