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David Martínez: «Todos tenemos el reverso de un vagabundo»

Su ópera prima, «Flow», que acaba de salir a la venta en DVD, ganó 33 galardones en los 45 certámenes en los que participó el año pasado.

Su ópera prima, «Flow», que acaba de salir a la venta en DVD, ganó 33 galardones en los 45 certámenes en los que participó el año pasado.

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Walter Mann es un actor que, cuando está a punto de protagonizar su propia función teatral, recibe la noticia de la muerte de su padre, de quien hereda la mitad de una empresa. Y, coincidiendo con el estreno de la obra, descubre que dicha compañía era una estafa. Como nuevo accionista mayoritario, le detienen. «Flow» cuenta la historia de un hombre que se enfrenta a sí mismo en una empedernida batalla entre sus luces y sus sombras. Se trata de un viaje interior a las entrañas del ser humano que el año pasado ganó 33 galardones en los 45 certámenes en los que participó.

–¿Cómo es Walter?

–Un actor que fluye en el escenario, pero no en su vida personal. A la hora de relacionarse con su entorno es un fracasado y un padre irresponsable. Una persona que tiene cerrados los conductos que le conectan con sus más cercanos. Lo acaba perdiendo todo por mala suerte, desconocimiento o exceso de confianza. Toma una decisión equivocada que le lleva a perder lo material. Y con esa riada se va también lo emocional. Termina desconectando consigo mismo, con su vocación, con su interior... y decide despegarse de quienes tiene alrededor.

–¿Cuánto margen hay entre el todo y la nada?

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–Una delgadísima línea.

–¿Qué tienen los ricos de vagabundos?

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–Todos tenemos el reverso de un vagabundo.

–¿Y cuál sería la riqueza de los pobres?

–Si tienen la cabeza despierta y esa luz que les permita seguir adelante, pueden caminar con ligereza y apreciar, de verdad, lo que es imprescindible en la vida.

–¿Y qué sería eso?

–Valorar lo que somos, lo que nos hace fluir. Ser conscientes de lo que nos viene bien. La cultura es un recurso para ser más felices que nos ayuda a entender los reveses que nos da la vida.

–¿Hablamos de un viaje interior?

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-Lo mejor para sobrevivir es conocernos a nosotros mismos, saber cuáles son nuestros límites, nuestros gustos y preferencias... Eso nos llevará a tomar un camino certero.

–Pero a veces cuesta encontrar la senda...

–Mucho, aunque depende de la persona. El camino interior es la vida entera. Conocernos nos lleva toda la vida. Pero no podemos estar buscando un objetivo continuamente. Hay que aprender y disfrutar del proceso. Para llegar a donde no sabes, has de ir por donde no sabes.

–En ocasiones, se duda.

–Siempre. También dudamos porque escuchamos, porque somos permeables a lo que ocurre a nuestro alrededor, que nos puede sacar de nuestro camino. Tener las cosas claras y estar conectado con uno mismo ayuda. Pero la persona que hace una búsqueda interior da pasos para adelante y para atrás.

–¿Quién debe vencer en esa batalla tan íntima?

–Hay que quitar tragedia a esa lucha dejándose llevar. Tampoco se debe entender la vida como una guerra permanente por imponer lo que uno quiere.

–¿Resulta más difícil reconciliarse con uno mismo que con los demás?

–Sí. Y eso es una gran incógnita. Cuanto más te conozcas, más fácil será perdonarte. Es difícil darse cuenta de que nos estamos haciendo daño a nosotros mismos.

–¿Somos entonces nuestro peor enemigo?

–Sin duda. Tenemos el poder de conocernos y de perdonarnos. Hay que ser conscientes de quiénes somos y de nuestros límites. Y saber que si los sobrepasamos podemos equivocarnos.

–¿Me está usted contando un cuento para mayores?

–«Flow» posee un trasfondo dramático, pero quisimos cerrar de manera optimista. Porque creemos que hay que serlo. Y que la vida es bella.

–¿Con colorines y colorados?

–El desenlace es el de un cuento. Buscamos el final más feliz que esta tragedia podía tener.

–«Flow» se hizo en 9 días de rodaje con 9 personas, un actor y 60.000 euros. ¿Puede el cine ser independiente?

–No, aunque se pueden hacer cosas con pocos medios e imaginación. A veces, el cine está un poco sobredimensionado. Hicimos así la película porque nos la planteamos de esta manera, porque decidimos que poniendo nuestros límites teníamos que llegar a buen puerto. Fue un reto para nosotros.

–¿Habrán recuperado el dinero invertido?

–Para nada. No era nuestra misión, pero creíamos que lo íbamos a recuperar. Es una buena película. En el extranjero la han valorado mucho, sin embargo no ha cuajado entre las televisiones. Desde luego ha sido un éxito en reconocimiento internacional, aunque no económico.

–¿Un ejemplo de que el éxito no siempre se mide en euros?

–Exacto, aunque nos hubiera gustado, no te voy a engañar.