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«La batalla de los sexos»: Pelotas fuera

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Sergi Sánchez. 

Tiempo de lectura 2 min.

03 de noviembre de 2017. 02:13h

Comentada
Sergi Sánchez.  3/11/2017

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Directores: Valerie Faris y Jonathan Dayton.

Guión: Simon Beaufoy.

Intérpretes: Emma Stone, Steve Carell, Andrea Riseborough.

Estados Unidos, 2017. 121 minutos. Comedia

Ahora que el caso Harvey Weinstein ha abierto la caja de Pandora de los abusos sexuales en Hollywood, y que toda la industria ha puesto el grito en el cielo contra los macromachismos que siguen circulando en despachos y hoteles festivaleros, el estreno de «La batalla de los sexos» parece de lo más oportuno. La película de Dayton y Faris nos recuerda que hubo un tiempo, en el fervor de la lucha feminista, en que la guerra por la igualdad en derechos y salarios se celebraba a máscara quitada, con los machos alfa enorgulleciéndose de la superioridad de su género a bombo y platillo, regodeándose en la humillación del sexo opuesto con la connivencia de los medios. A la historia de superación personal que se le supone a toda película deportiva basada en un caso real se le añade aquí el carácter simbólico de la victoria: más allá de los cien mil dólares que están en juego, quien gane el partido de tenis de exhibición entre la campeona Billy Jean King, de 29 años, y el excampeón y adicto al juego Bobby Riggs, de 55, habrá roto una lanza por una causa que considera justa o solamente lucrativa. Es obvio de qué parte están Dayton y Faris. A Billy Jean King, encarnada con firmeza y sensibilidad por una eficaz Emma Stone, se le reserva el arco dramático más llamativo, con el despertar de sus amores lésbicos (con la magnética Andrea Riseborough) como mascarón de proa de las contradicciones de una época en que la liberación sexual aún era marcadamente heteropatriarcal. Son los pasajes más delicados y hermosos de una película que nunca se deja afectar del todo por su potencial virulencia política. Especialmente desafortunada es la interpretación de Steve Carell, que convierte a Riggs en una caricatura irritante. Lo sabemos: su hiperbólico machismo es fruto de la puesta en escena de la lógica del capitalismo, pero cuando la película se da cuenta de que tiene que redimirlo ante el espectador, ya es tarde.

LO MEJOR

El despertar amoroso de la protagonista, sustentado por Emma Stone y Andrea Riseborough

LO PEOR

A Steve Carell se le va la mano en la caricatura de su personaje y arruina la empatía

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