domingo, 04 diciembre 2016
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Cultura

Dolores Redondo: «Tenía claro que si me volvía a presentar era para ganar el premio»

  • La flamante vencedora del Premio Planeta regresa al misterio con «Todo esto te daré» cambiando el Baztán por Galicia para crear una trama con la que volver a hechizar al lector.

Dolores Redondo
Dolores Redondo

Todavía se asomaba en los ojos de Dolores Redondo el brillo de la emoción cuando habló con este diario sobre el Premio Planeta que ganó la pasada noche con «Todo esto te daré», su regreso a la narrativa de misterio tras convertirse en un fenómeno de masas con la serie de novelas protagonizadas por la inspectora Amaia Salazar.

–No es la primera vez que se presentaba al Premio Planeta.

–Era más jovencita y me presenté creo que hará ya unos diez años. Era una novela muy distinta y que jamás se publicará. Sí, eso es, esa obra ya no verá la luz.

–En alguna ocasión ha dicho que tiene mucha creación inédita guardada, anterior a su trilogía de Baztán.

–Bueno, hay una publicada antes de «El guardián invisible», una pequeña novela, pero también muchas más que no se han editado. Me parece normal porque hay que aprender. Son textos que en su momento te parecen obras cumbres, pero que pasado el tiempo ves que no lo son porque todavía tienes mucho que crecer. Es una sensación que tengo siempre cuando repaso lo que he escrito porque piensas que se podría haber hecho mucho mejor y ese es mi propósito en cada una de las nuevas obras que entrego.

–¿Era una asignatura pendiente para usted volver a presentarse al Planeta y tratar de ganarlo?

–Sí, igual que lo es para los 552 que se han mandado su obra y para la mayoría de los autores que conozco. Hay cantidad de autores en este país que han optado a él y el Premio Planeta es como un recordatorio porque sabes que está allí todos los años. En estas fechas se vuelve a celebrar, ves a alguien ahí, subiendo al escenario, acaban formando parte de ti, de tu propia biblioteca, con una presencia constante en tu vida. ¿Por qué no anhelar formar parte de eso? De esa manera lo ves desde que eres adolescente y estás en tu casa. Es bonito.

–¿Cree que recibe este premio en un momento en el que ya ha madurado literariamente?

–No pienso que todavía haya alcanzado mi madurez literaria, pero las cosas llegan cuando tienen que llegar. Es así. Al fin y al cabo, esto es un sueño buscado, deseado. Que yo esté aquí y con el Planeta es porque era mi deseo. Tenía claro que si me volvía a presentar debía que ganarlo.

–Esta nueva novela, ¿es un cambio en la manera de ver el género policíaco o una prolongación?

–Es una obra que permite explorar aspectos desde una perspectiva diferente. Una novela que no permite la saga o la trilogía porque comienza y termina, contando una historia muy concreta, además de abordar otros aspectos que ya aparecían en mi serie anterior. Por ejemplo, el hecho de que tu fuerza y tu karma confluyan en lo mismo, que es pertenecer a una familia, esto ya le pasaba a Amaia Salazar en la trilogía. Pero es un clásico, algo que ya aparece en uno de mis libros favoritos como es «El padrino» de Mario Puzo. En este caso el protagonista en la sombra vive la misma carga: la de pertenecer a una familia de esas que pueden resultar odiosas o vergonzosas por sus comportamientos.

–Otro cambio es que parece que ha dejado los personajes femeninos fuertes por los masculinos como protagonistas.

–Sí. las mujeres aquí son secundarias. La novela está protagonizada por Manuel, un escritor de 52 años que acaba de quedar viudo de un hombre, de Álvaro. Pronto se encuentra con que hay una familia importantísima de nobles gallegos, con pactos de propiedades, con una potente empresa y una gran herencia. Todo ese mundo se le viene encima y su primer impulso es el de huir. Si algo lo sostiene y lo hace quedarse allí es sospechar que se trata de un asesinato. El conocer a Nogueira, un guardia civil que se jubila al día siguiente de abrir el caso y que no se va contento a casa, le arroja a la cara la impunidad con la que esa familia ha vivido siempre en esa zona. También conoce a Lucas, un sacerdote que es amigo desde la infancia de Álvaro y te lo defiende a ultranza, pese a que cada cosa que va descubriendo lo horroriza más. El enfrentamiento de tres hombres tan distintos, con perfiles tan diferentes, con una manera muy distintas de afrontar lo vivido, desde la homosexualidad hasta la posición social pasando por las riquezas y la fe, lleva primero a un choque de trenes intenso para luego surgir territorios en los que se tienen que mover juntos. Esto los lleva a tener que conocerse y cuando lo hacen es duro lo que pasa, descubren que han vivido lleno de prejuicios.

–¿Qué le ha hecho elegir a un escritor de éxito como protagonista?

–Me puedo sentir fácilmente identificada. Teniendo en cuenta de que se trataba de un hombre y que estaba explorando un territorio distinto para mí, me resultaba más fácil que tuviese un trabajo que le facilitara movilidad y libertad necesarias como para permanecer en otro lugar el tiempo suficiente. Pero, sobre todo, porque quería tratar un tema complejo como es el de las relaciones de los escritores. Como dije cuando dedicaba el premio a mi marido, él es quien me sufre porque creo que las parejas de los autores son grandes héroes que tienen mucho que lidiar. Esto me lo he encontrado en muchísimas de las parejas de escritores que he conocido, tanto hombres como mujeres. Nosotros vivimos más tiempo en nuestros mundos quiméricos que en la realidad y cuando esto se prolonga te encuentras que eres dependiente de la realidad de la persona que vive a tu lado.

–¿Por qué uso Jim Hawkins, el protagonista de «¿La isla del tesoro», como seudónimo?

-Es también un homenaje a las lecturas de mi infancia y, claro, el chico que se iba a buscar un tesoro me parecía lo máximo. Alguien tan valiente que deja a su pobre madre me pareció un buen símil.

–El Premio Planeta le llega cuando está a punto de llegar a la gran pantalla la adaptación de «El guardián invisible».

–Sé que a la Prensa esto os llama la atención, pero yo me siento un poco ajena. Al fin y al cabo, es mi criatura, pero mi criatura mutada. En el cine entran otros muchos talentos y creatividades y hay que darles cabida porque en ese medio las cosas se hacen así. Una de las cosas que más me han fascinado mientras veía el rodaje de la película era ver esos equipos de 250 personas trabajando para hacer algo que yo había hecho absolutamente sola. El cine es otra cosa y es imposible que su criatura no se vea transformada e, incluso, en algunos aspectos mejorada. Es otro lenguaje que yo no domino y aunque me siento muy feliz la película no es algo mío.

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