sábado, 10 diciembre 2016
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Cultura

Edurado Mendoza: «Si Cultura se empeñara en premiar a todos los catalanes que escriben en castellano se quedaría sin presupuesto»

  • El autor de «El laberinto de las aceitunas» recibió el anunció de que había ganado el Premio Cervantes en Londres, donde se refugia para escribir. La distinción es un reconocimiento a una trayectoria original que ha abierto nuevas vías en nuestras letras.

Eduardo Mendoza ofrece una rueda de prensa tras haber ganado el Premio Cervantes 2016, en el Instituto Cervantes de Londres.
Eduardo Mendoza ofrece una rueda de prensa tras haber ganado el Premio Cervantes 2016, en el Instituto Cervantes de Londres.

Eduardo Mendoza asegura que «la simpatía que uno despierta rara vez es de manera deliberada». «El humor no es terapéutico, no lo elijo en función de las circunstancias. Sencillamente forma parte de mi ADN. Es una manera de estar en el mundo, una manera quizá demasiado fácil de afrontar realidades injustas, pero no puedo ser de otra forma», explica. Cuando uno tiene oportunidad de conocerle en persona da fe de ello. El escritor se mostró de lo más entrañable en el encuentro con la prensa que se celebró ayer en el Instituto Cervantes en Londres, tras conocerse el fallo del ya bautizado como el Nobel de las letras en castellano. «De verdad que ha sido toda una sorpresa», señaló. Prueba de ello es que ni siquiera sabía que el galardón estaba dotado con 125.000 euros. «¿De cuánto?», preguntó de nuevo con asombro cuando los propios periodistas le decían la cantidad. «La verdad es que lo último que leí hace tiempo es que no había presupuesto para esta edición y me dije a mi mismo que ya sería mala suerte que me lo dieran en este año... pero ahora que se la cantidad tengo que pensar bastante qué voy a hacer con ello», bromeó.

Una búsqueda

Sí, el humor es seña de identidad para Mendoza. Pero, en cualquier caso, el autor considera que «el humor no es una manera de dejar la búsqueda de la excelencia». En este sentido, recordó todo lo que sintió al leer por primera vez «El Quijote», cuando aún no había empezado la universidad. «Lo empecé con poco entusiasmo y asustado por el volumen. Pero pronto quedé completamente abducido. Entendí que se puede escribir literatura sin perder la sonrisa, estando a gusto con las personas, que no ha de forzarse uno por ser un luchador marginal, un maldito... Muchos lo intentaron y se quedaron en maldecidos.... pero Cervantes fue maestro de la sencillez y elegancia. El lema sería esto», matiza. En este sentido, cuando se le pregunta si considera que entra ahora «en la estela de la tradición cervantina», responde que «eso suena un poco pedante», pero en cualquier caso, al igual que Shakespeare y Quevedo, Cervantes ha tenido para él una influencia «muy importante como escritor y persona, dos cosas inseparables». «El humor hasta hace poco ha estado mal valorado. Siempre se ha pensado, sobre todo en la novela, que se tenía que ser dramático. Y era inútil recordar que los grandes de la literatura como Cervantes, Quevedo, Moratín o Dickens eran grandes escritores de humor. Pero pesaba mucho la tradición del siglo XIX de la novela trágica», explica.

El novelista vive desde hace una década a caballo entre Barcelona y la capital británica, de la que se enamoró en sus años de estudiante. Fue en Londres donde conoció a Carlos Clavería, responsable de lo que en su día se conocía como Instituto de España (luego Instituto Cervantes). «Era una gran figura intelectual y cuando le comenté lleno de entusiasmo que quería ser escritor, me dijo que tenía un camino muy largo y que iba demasiado acelerado. Si me viera ahora... Me dio un consejo: lo más importante es hablar con propiedad y citar con exactitud. Si hacía eso bien, todo lo demás estaba solucionado», recordó con una sonrisa y algo emocionado. «La verdad es que en estos momentos me vienen a la cabeza nombres como el suyo o el de Carmen Balcells, más que mi agente una gran amiga», dijo.

Un autor galardonado

No es ni mucho menos el primer premio que recibe el novelista. Ayer bromeó con esta idea y, en un guiño, dijo: ««Si Cultura se empeñara en premiar a todos los catalanes que escriben en castellano se quedaría sin presupuesto». El Cervantes ahora corona una lista de reconocimientos que incluye el Planeta, recibido en 2010 por «Riña de gatos», y el José Manuel Lara, por «Mauricio o las elecciones primarias», en 2007. Pero de alguna manera, este galardón es especial, ya que, tal y como explicó, cierra un ciclo. «Estoy en un momento a modo de conclusión. No es que no vaya a hacer nada más, pero considero esto es un premio a la trayectoria», matiza. «Mi primera novela recibió el Premio de la Crítica de manera inesperada porque era un auténtico desconocido. Hizo que mis principios fueran casi violentos porque estaba catapultado, se esperaban muchas cosas sobre mi. Y ahora este premio, también inesperado, quiere decir que la cosa ha ido bien», añade.

Antes de ganar el Premio de la Crítica en 1976, «La verdad sobre el caso Savolta» se presentó a censura y le cambiaron el título. «En 1973 dijeron que se podía publicar porque era un novelón estúpido y confuso», recuerda. «Pero tras pasar la censura no se publicó y cuando luego pidieron otro informe en 1975 se catalogó como libro ameno y moderno», aclara. «Descubrir qué ocurrió en esos dos años para que un crítico experto y anónimo evolucionara de manera tan radical es una de las cosas que encuentro más interesantes. He escrito algo sobre esto y quiero seguir trabajando en ello», explicó.

Si tuviera que elegir una de sus obras como merecedora del Cervantes, el autor responde con el título de su primera obra. «Cada vez que publico algo, me dicen que ésa era la mejor. Llevo escuchando lo mismo durante 50 años, así que supongo que los que lo dicen tendrán razón», asegura. En cualquier caso, en su opinión, uno de los momentos «cumbre» en su carrera, llegó con «Sin noticias de Gurb». “Me convirtió en un escritor de humor, leído por niños, adolescentes y otras personas de malvivir... y me abrió puertas insospechadas», comenta. «Difícil no encontrar a una persona que no lo haya leído, quizá para mi sea el momento más importante o quizá no... ninguno lo es», asegura. Aunque, por otra parte, también da especial importancia a «El misterio de la Cripta embrujada». Para Mendoza fue un «libro que destapó un poco la posibilidad de escribir literatura callejera, salió en pleno desconcierto de los primeros años de la transición y dio forma literaria a cosas que estaban cosas que estaban pasando y que era difícil describirlo de otra manera», concluye.

Por último, recalcó que no era ninguna rareza que es un escritor catalán escribiera en español. “Si tuvieran que darle un premio a todos los que lo hacen entonces sí se terminaría el presupuesto”, señaló.

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