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Enrique Morente, el rey león del flamenco

El Festival In-Edit estrena el documental «Omega», la unión del cantaor con Leonard Cohen, Lorca y Lagartija Nick en disco.

Enrique Morente, en un ensayo con el batería Eric Jiménez
Enrique Morente, en un ensayo con el batería Eric Jiménezlarazon

El Festival In-Edit estrena el documental «Omega», la unión del cantaor con Leonard Cohen, Lorca y Lagartija Nick en disco.

La ortodoxia flamenca tiene sus demonios. Cuando salió «La leyenda del tiempo», de Camarón, hace 40 años, los gitanos incluso devolvían el disco a las tiendas con furia en los ojos. «¡Nos han engañado, esto no es flamenco!», exclamaban con los colmillos largos de rabia. El tiempo atemperó la reacción adversa y hoy es un clásico indiscutible del género de la fusión flamenca. Veinte años más tarde, Enrique Morente iba todavía más lejos, juntándose con un grupo de noise rock de Granada, llamado Lagartija Nick, y entregando al mundo «Omega», un disco en que unía a Lorca, las canciones de Leonard Cohen y la fuerza del rock, con la hondura flamenca. A esos ortodoxos casi les nace una tercera rodilla del susto. Sin embargo, dos décadas después también es un disco esencial del género, un icono de la música en mayúsculas, venerado por todos, de aquí y de todo el mundo. ¿Incluso por los ortodoxos? No, la ortodoxia flamenca tiene sus demonios.

El Festival In-Edit de documentales musicales estrena esta noche «Omega», filme en el que se radiografía paso por paso la génesis y crecimiento de un disco hoy clásico y que vivió muchos sinsabores antes de entrar en la historia de la música. Gervasio Iglesias y José Sánchez Montes dirigen un documental que se apoya en los testimonios de sus protagonistas e imágenes de archivo del propio Morente para dejar clara la importancia de aquella grabación que a finales de 1996 cogió al sector musical por sorpresa. «Dentro de 20 años seguirá siendo un disco moderno. Hay tanto corazón dentro que es un trabajo mágico, que te transporta a otras esferas», comentó ayer Aurora de Morente, mujer del genial cantaor, a la que él llamaba cariñosamente «pelota» y ella a él «el rey león». «Con esos pelos que tenía, cuando salía al escenario con ‘‘Omega’’, uno veía a un león rugir ante todo ese ruido», añadió. El filme arranca con un joven Morente ya ansioso de experimentar y romper fronteras. «Enrique siempre se aburría con las cosas más normalitas. Sólo hay que pensar en su “Misa flamenca”, sus cantes con voces búlguras, incluso cantó flamenco en inglés e hizo un disco para niños en francés», comentó Aurora de Morente.

A mediados de los 90 buscaba un nuevo proyecto y tenía dos ideas en la cabeza, convertir en flamenco las canciones de Leonard Cohen y los poemas de Federico García Lorca. Con este esquema empezó a preparar «Pequeño tango vienés», versión del «Take this Waltz» de Cohen, otro enamorado de Lorca. «De pequeña creía que Lorca era un tío o un primo nuestro por la de veces que oía hablar de él», bromea Soleá en el documental. En las playas del sur, en el verano del 95, Enrique obligaba a sus hijas, Estrella y Soleá, a hacerle el compás con las palmas mientras cantaba. «Me acuerdo que cuando salió el disco, sentí que me había atravesado un rayo, como si me hubiese activado centros en el cerebro que no sabía que existían», dijo Sánchez.

En esa época, Enrique y su familia regresaron a Granada, donde casi por casualidad, y por la insistencia de los miembros de Lagartija Nick, empiezan ambos a coincidir en bares. La idea de hacer un disco entero de canciones aflamencadas de Leonard Cohen pasa así a convertirse en un disco que una dos universos, el del rock ruidista de mediados de los 90 y el flamenco más osado. «Lo que conseguimos fue la unión de la voz de la sangre, que era él, y el sonido caótico de la ciudad. Era un maestro incansable, con una curiosidad infinita, que siempre buscaba aportar nueva música al mundo», aseguró Antonio Arias, bajista y compositor de Lagartija Nick.

Comienzan entonces los ensayos, la seducción entre los dos mundos y los problemas, siempre los problemas, desde el despido de Lagartija Nick de su compañía de discos, Sony, que no quiere tener nada que ver con ese proyecto, hasta el perfeccionismo y las exigencias de Enrique y su entorno, que a veces no comparten el mismo entusiasmo del cantaor y no dejan de descartar temas. «Por fin acabamos las mezclas en Madrid, después de cuatro meses de trabajo, y volvemos a Granada en coche. Eran las cinco de la madrugada y, mientras escuchamos el disco, de repente Enrique frena el coche en seco en medio de la autopista y comienza a decir que aquí falta esto y que aquí podríamos arreglar aquello... pero es demasiado tarde, ¿no?, me dijo con tristeza», explica Arias en el documental. Porque Morente sabía que allí había algo grande, pero no conseguía capturarlo, y esa frustración a veces le volvía más irascible.

El disco contó con grandes colaboradores del mundo del flamenco, para ganar credibilidad en este aspecto y que no pareciese sólo un disco de rock con detalles aflamencados. Allí están guitarristas de la talla de Tomatito, Vicente Amigo o Cañizares, por ejemplo. Aunque lo que dio magia y hondura al disco fue la implicación de todo el clan Morente, desde su mujer a sus tres hijos, que prestaron voces y palmas en la grabación. «Yo estaba haciendo la cena para los niños y nos decía que bajásemos todos. Pero si he de hacer la cena, contestaba, pero insistía a que participásemos. La energía en el estudio era increíble», comentó Aurora, quien recordó cómo su hijo pequeño, entonces con a penas seis años, borró toda una sesión al empezar a apretar los botones de la mesa de producción. «Me acuerdo cómo regañaba a Estrella, que entonces era una adolescente y sólo quería salir y quedar con sus amigos. Convertimos a todos los que estaban allí presentes en una familia», añadió Aurora de Morente.

Y entonces empezaron los conciertos para ver si funcionaba el experimento. En Granada, con un público del rock, fan de Lagartija Nick, el respaldo fue increíble. Sin embargo, en el Teatro Albéniz de Madrid, con el público flamenco, aquello se convierte en una batalla campal de insultos entre los que lo ven como una tomadura de pelo y los que aplauden la valentía de Morente. «No tiene gracia si lo que haces no molesta a nadie. No va a ser que sólo puedan molestarte a ti, vamos, hay que equilibrar las cosas», bromea Morente en una entrevista sobre los ortodoxos flamencos

Viaje a Nueva York

El disco por fin se publica en diciembre de 1996 y el éxito de crítica y pública se hace evidente, aunque los ortodoxos sigan dándole la espalda. Se vendieron hasta 50.000 copias del disco, una cifra nada desdeñable, y gana o queda muy arriba en las típicas listas de mejor disco del año. Con canciones tan míticas como «Omega», que abre el disco», «El pequeño vals vienés» o «La aurora de Nueva York», con música de Vicente Amigo, el disco cuenta con pocos tiempos muertos y enamora por completo al mundo del rock, que la abraza el disco como una revolución. De nuevo, el mundo del flamenco lo mira con más reticencias, aunque con este trabajo haya introducido a toda una nueva generación y colectivo al flamenco. «Morente no tenía miedo de nada, excepto de una cosa, y no miedo, sino mucho respeto, y era Aurora», confesó Sánchez Montes, amigo de Morente desde su juventud y al que esta película sirve de cálido homenaje.

El documental acaba con el viaje que hicieron Morente y Lagartija Nick a Nueva York en 2003, donde actuaron tres noches en Brooklyn, y que cerró de forma brillante esta etapa tan fascinante de la historia de la música española. El documental sigue entonces los rastros que ha dejado este trabajo con los años, con testimonios que van de Leonard Cohen a Lee Renaldo, Laura García Lorca, Cañizares y Tomatito. «Fue un sueño conocerle y queremos seguir soñando», comentó Arias, hoy ya «hijo y hermano» de los Morente.