lunes, 05 diciembre 2016
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Entre la ironía y la gamberrada

  • «Es un escritor que ha reflejado nuestra sociedad desde diferentes géneros literarios»

Siempre que he publicado una novela nueva de Eduardo Mendoza he escuchado la inevitable pregunta: «¿Es de las serias o de las de humor?», y mi respuesta jugando al desconcierto ha sido siempre la misma: «En todas sus novelas hay humor». Es un caso de justicia poética que el premio Cervantes haga honor a su nombre reconociendo una obra en la que la presencia del humor ha oscilado desde la ironía a la gamberrada, del humor serio de corte británico al escatológico. Y a la vez a un escritor que ha sabido reflejar la sociedad española de los últimos cien años desde diversos géneros literarios, desde el realismo a la parodia pasando por la novela negra. Resulta alentador para miles de escritores que buscan su camino y su voz, que este galardón reconozca a quien ha sabido hacerse respetar sin renunciar a ninguna de sus inquietudes literarias; que ha concitado el consenso de lectores de todas las edades y nacionalidades. El Premio Cervantes ha sorprendido a Eduardo en Londres, su Triángulo de las Bermudas particular, el lugar donde desaparece y deja de ser escritor para poder escribir. Estaba conmovido, agradecido y sorprendido. Al colgar el teléfono, tras organizar con él la rueda de prensa y recibir un aluvión de llamadas para felicitarle, me he dado cuenta de que su reacción al recibir el Premio Cervantes ha sido exactamente la misma que cuando sonríe agradecido al escuchar de sus lectores: yo empecé a leer con Gurb.

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