miércoles, 24 agosto 2016
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Cultura

Instituto Cervantes, 25 años velando por el español

  • La institución, concebida para «promover el uso del castellano», cumple hoy un cuarto de siglo

Víctor García de la Concha, actual director de la institución
Víctor García de la Concha, actual director de la institución

El Instituto Cervantes cumple 25 años. Conmemoración que se suma al IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes y que nos recuerda el amplio consenso parlamentario alcanzado con la Ley de 21 de marzo de 1991. El nuevo Instituto recibió el doble mandato de «promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español» y «contribuir a la difusión de la cultura en el exterior». Veinticinco años después, el Cervantes es una referencia mundial. Lidera los estándares de calidad de formación de profesores, plan curricular, centros acreditados, cursos en línea (AVE Global) y por la certificación del español.

Hoy, con visión europea y americana, el Cervantes es una entidad intercultural y de diálogo entre sociedades. En nuestros centros se ofrecen las demás lenguas de España y nuestra diversidad cultural. La intensa actividad cultural (bibliotecas, cine, exposiciones, música, ciencia...) está al servicio de la comunidad iberoamericana y en cooperación estrecha con los 43 países donde tenemos unidades propias, adscritas a las embajadas de España. Un Instituto que resulta útil y barato, que logra en torno al 46% de autofinanciación, que cuesta poco más de un euro anual a cada español y que ahora se consolida con un modelo sostenible.

Amplia Red mundial

Su red exterior no nació ex novo, sino que incorporó los centros culturales existentes. Es llamativo que el primero de los nuestros abrió, en plena posguerra mundial, en Londres (1946), hace 70 años. Después vinieron Nápoles (1948), Roma (1949) y la Biblioteca Española de París (1952), inaugurada por el escritor francés Paul Claudel y por monseñor Roncalli, futuro Juan XXIII. Eran los años en que el Goethe Institut o el British Council hacían su expansión.

El Cervantes también acogió centros del Instituto Español de Emigración, del Instituto Hispano-Árabe de Cultura y, más tarde, de la Sociedad Cultural Brasil-España. Después, llegó la reestructuración y «cervantización» de los centros; la apertura a Europa del Este, tras la caída del telón de acero, y a Asia, donde, a Manila, se sumaron Tokio, Pekín y Nueva Delhi. En todo momento, el Instituto sintió el respaldo del gobierno, de cualquier signo, y de la Corona, fundado bajo el patrocinio de Sus Majestades. Así, no ha cerrado un solo centro a causa de la crisis de la última década, ni ha hecho un ERE. Más aún, ha abierto, en EE UU, en la Universidad Harvard y en la Texas A&M University.

Sólo faltan por unirse a esta gran marca cultural de prestigio internacional los centros culturales en países de lengua española, dependientes de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. El mapamundi cervantino también echa de menos la necesaria presencia en Wáshington y en otras grandes ciudades, en especial del África subsahariana. Tal vez la situación estará pronto madura para un nuevo consenso, como hace 25 años.

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