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Jaume Balagueró: «Más que sobrenatural, lo de Cataluña es antinatural»

El realizador de «[REC]» estrena el viernes «Musa», una mirada aterradora sobre estos seres inspiradores, y confiesa que «me encantaría enfrentarme directamente» a los poderes incognoscibles que pueblan sus películas

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Gonzalo Núñez. 

Tiempo de lectura 8 min.

05 de noviembre de 2017. 11:42h

Comentada
Gonzalo Núñez.  4/11/2017

Jaume Balagueró (Lérida, 1968) pertenece a esa generación que quitó los complejos y las telas de araña al género popular y lanzó al mundo la «marca España» del cine fantástico. La saga «[REC]», junto a su compañero y amigo Paco Plaza, lo situó a la cabeza de ese grupo de cineastas que han logrado traspasar las fronteras y ganarse el respeto de festivales y audiencias de todo el mundo. Ahora, con «Musa», regresa al terror con componentes de «thriller» psicológico que marcó sus obras primeras como «Frágiles» (2005). La cinta, adaptación de una novela de José Carlos Somoza, «La dama número 13», plantea el descenso a los infiernos de un profesor de Literatura del Trinity College de Dublín que se las verá con unas musas más temibles que inspiradoras.

–La imagen moderna de la musa es siempre benefactora: esa chica que nos hace suspirar en poemas, la mujer por la que perseguimos un sueño... Pero con sus musas no quisiera toparse uno...

–La virtud que tenía la novela de Somoza era ésa. Me impactó cuando la leí porque contraponía a esos seres maravillosos, relacionados con la bondad y la creación, y los vinculaba a la brujería. Me fascinó además toda la conexión de la trama con la Literatura Universal.

–De hecho, el origen folclórico-legendario de las musas, desde Homero, es más bien inquietante: seres que vinculaban lo terreno con lo sobrenatural, hablando por boca del poeta. Algo así como una posesión.

–El propio hecho de la inspiración poética es un influjo. En la película está eso: cómo algo así puede afectar a los comportamientos o sensaciones de una persona. Por ejemplo, el concepto de nana me llama mucho la atención. Es una canción pero es una vinculación poética, un influjo, unos versos que nos provocan el sueño. Hay algo mágico en eso.

–Su película se toma muy en serio el poder transformador de la palabra en una época que quizás lo subestima.

–Las palabras lo son todo. En el principio del mundo era el Verbo, como dice la religión. El poder de la palabra es absolutamente desmesurado. La propaganda, por ejemplo. Es curioso ver cómo cambia el mundo diciendo según qué cosas. Los grandes eventos se han producido por la palabra y se puede usar para el bien y para el mal.

–Sin embargo, su cometido como cineasta es ante todo la imagen.

–Pero le doy mucho valor a la palabra escrita, y de hecho convivo entre esos dos mundo y creo que se pueden combinar perfectamente.

–¿En su formación «fantástica» hay también mucha literatura?

–No he sido lector compulsivo de novelas de terror, lo he sido más de «thriller», que está a veces muy vinculado al terror en la novela moderna, donde tiende más a lo oscuro y siniestro.

–«Dejad toda esperanza vosotros que entráis». Los versos de la «Divina Comedia» de Dante abren la película. ¿El Infierno no está solo en los libros?

–El arranque con esos versos específicos son una invitación al Infierno que el protagonista va a vivir aquí, en la tierra, conociendo una realidad oculta. Siempre me han fascinado mucho esos versos de Dante.

–¿Por qué lleva la cinta a Irlanda en vez de a Madrid, que es el escenario principal del libro?

–Originalmente hubiésemos querido ambientarla en Madrid, pero la película fue creciendo como coproducción con Irlanda y Bélgica y nos dimos cuenta de que Irlanda nos daba la atmósfera perfecta, con el Trinity College de fondo. Pero realmente la localización no era muy importante en esta historia universal.

–Lo digo porque a menudo el cliché del Norte gótico y brumoso frente al Sur solar y desenfadado parece pesar en el cine de terror, aunque excepciones como la de su amigo Paco Plaza con «Verónica» demuestren lo contrario.

–Yo creo que eso es un prejuicio. Madrid es el universo perfecto para ambientar una historia como ésta que tiene que ver con lo antiguo. Por decisiones de coproducción lo hicimos en Irlanda, pero en Madrid hubiéramos encontrado una atmósfera igual de buena. Mira el ejemplo de «[REC]», una película de zombis que ambientamos en Barcelona, en pleno Eixample. Para nosotros fue el escenario ideal aunque algunos no lo vieran de inicio. Nos pareció que cuanto más local era más creíble, y quedó super bien, no nos equivocamos.

–En la película aparece Christopher Lloyd, el entrañable Doc de «Regreso al futuro». Para alguien de su generación tiene que ser algo especial contar con este actor.

–Fue una propuesta del director de casting, que estuvo dándole vueltas al personaje y se le ocurrió esa posibilidad. Fue muy emocionante para todos tenerlo, cuando llegó resultó un momento inolvidable, con todo el equipo nerviosísimo porque venía Doc. Por lo demás, él es encantador.

–¿Qué es lo más sobrenatural que le ha pasado a Jaume Balagueró?

–Algo me ha sucedido, pero no como me gustaría. Me encantaría enfrentarme directamente a lo sobrenatural porque me fascina lo oculto pero no me lo creo. Quisiera verme confrontado a algo que echara por los suelos todos mis prejuicios de escéptico. Los que sí me han sucedido son cosas extrañas igual que a todos.

–¿Sueños premonitorios como el protagonista de «Musa»?

–No, aunque sí he tenido sensaciones premonitorias, pero al igual que todos. Que de pronto te encuentras a alguien que hace años que no veías y justo estabas pensando en él. Soy consciente de que son sensaciones mentales y que tu mente genera la ilusión, como con el «déjà vu», que lo crea tu cerebro. Siempre hay una explicación científica a todo, pero la sensación es maravillosa.

–¿Son más escépticos que la media los directores de fantasía?

–No sé. Conozco a uno que se lo toma muy en serio y está metido en lo oculto y en el chamanismo. Hablo de Richard Stanley, el director de «Hardware», que fue un exitazo en taquilla. Cuando he coincidido con él en festivales, siempre que llega a la habitación de hotel hace rituales para limpiarla de espíritus.

–¿Ha llegado a sentir miedo o inquietud en algún rodaje?

–No. Solo los miedos naturales a que se caiga algo o no funciones.

–¿Qué película ha hecho estremecer al director de la estremecedora «[REC]»?

–«El exorcista» me estremeció bastante cuando la vi siendo casi un niño. O «La semilla del diablo». Los clásicos. Hablando de películas más modernas diría que lo pasé bastante mal con la australiana «Wolf Creek» (2005) y una que me asustó mucho fue el «remake» de «The Ring», que la vi solo en casa y me dio miedo.

–Ahora el cine se consume casi tanto en casa como en salas. Eso, para una película de terror, puede ser decisivo a la hora de vivir la experiencia.

–Cambia la cosa. En casa puedes parar una película, despistarte, etc... En cines, no. En la sala hay una conexión absoluta: la película sucede y no hay nada más en ese momento, es una comunión total. Pero en casa también puedes dejarte llevar. Cuando hablaba de «The Ring» recuerdo que incluso las cosas que pasaban en mi casa contribuían: sonó el teléfono, había ruidos... Lo importante, ya sea en salas o en casa, es cómo te dejas atrapar por la historia y te olvidas de tu mundo y vives en ese durante un rato.

–¿El fantástico español es el género que más proyección tiene en el extranjero?

–No sabría, aunque se suele decir eso. Lo que está claro es que el fantástico español tiene un hueco internacional y es muy apreciado en el resto del mundo, más de lo que nos creemos.

–Dígame, ¿lo de Cataluña es un caso sobrenatural o, por contra, es humano, demasiado humano?

–Diría que lo segundo. No es sobrenatural, aunque sí un poco antinatural, lo que lo hace muy humano por eso mismo. Yo lo estoy viviendo como todo el mundo aquí, tranquilamente. No sé que idea se tiene fuera de Cataluña, pero a veces oigo hablar de cosas que dan miedo y en realidad ahora Barcelona es como siempre ha sido: la gente trabaja y toma café, aunque con una situación especial. Luego, aparte, hay eventos y manifestaciones.

–Pero imagino que le inquieta lo que sucede.

–Me genera un poco de desconcierto, sin vincularme a ninguna posición necesariamente. Mucha gente está desconcertada.

–¿Tendría sentido una industria meramente catalana del cine y de la cultura en un mundo tan globalizado?

–Yo hago películas, vivo en Cataluña y hablo catalán, pero el hecho de hacer películas va más allá de cualquier ideología y convicción. Mi intención siempre será hacer películas en español o en inglés, y por qué no en francés o catalán, que son todas las lenguas que hablo. Y hacerlas para un público español y del mundo, para cuantos más, mejor. No veo necesidad de que las industrias se separen.

–¿Cree que a nivel de premios se sigue mirando por encima del hombro al cine de género?

–Sí, siempre ha sido así. Se vincula a la fantasía con el cine popular, lo cual para mí es bueno de hecho. De todos modos es algo que no es fijo y va cambiando. Por ejemplo, en el Festival de Venecia la cinta que ha ganado (Guillermo del Toro, «La forma del agua») es absolutamente fantástica. Esto es un paso adelante. Así que ya no se mira tanto por encima del hombro a un cine que es sin pudor absolutamente de género.

–Acaba de pasar Halloween. ¿Es usted de los que se disfraza?

–No me gusta, y es muy interesante porque creo que es algo genético: mi hijo con 8 años se niega a disfrazarse y eso que en el colegio casi les obligan. Los Balagueró no nos disfrazamos.

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