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Javier Marías: «La sociedad es hoy más puritana e hipócrita»

Publica «Berta Isla», una novela sobre espías «y zonas de grises de la sociedad» que encaja en el universo de su obra anterior.

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Ulises Fuente. 

Tiempo de lectura 4 min.

06 de septiembre de 2017. 00:05h

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Ulises Fuente.  5/9/2017

Cada vez que escribe una novela, Marías dice que no volverá a hacerlo. Escribiendo la que desde ayer está en las librerías, «Berta Isla», pensaba que era «una porquería, algo horroroso», mientras fueron fluyendo las historias, las tramas argumentales de esta historia de espías «contada al revés», es decir, de puertas hacia adentro de la casa del espía, desde el punto de vista de su mujer, Berta Isla, que pensaba que llevaría una vida convencional. «Es una novela sobre la espera, porque la espera es algo que resulta adictivo. Mientras uno espera, todo es posible, todas las posibilidades caben», comentó. También es una historia sobre las zonas grises. Como las que generan los servicios secretos en sociedades que quieren ser transparentes y no tener secretos. «Pues sin secretos no se pueden tener servicios secretos. Sin embargo, la sociedad sabe que eso es necesario. Es llamativo cómo nadie ha protestado porque la Policía eliminara a los terroristas de Barcelona en lugar de juzgarles. Eso es porque existe una conciencia de que hay enemigos a los que, o les aniquilas, o lo hacen ellos. Y por eso la sociedad acepta que haya determinadas ‘‘cloacas’’ a pesar de que presumimos de un tiempo ‘‘virtuoso’’ que todo lo quiere impoluto», dijo el escritor, que es polémico comentarista social en sus columnas.

Terminar cada página

Javier Marías no tiene Twitter. Para eso están sus colaboraciones periodísticas, que vienen a ser el mismo desahogo. Tampoco utiliza el correo electrónico. Escribe sus textos a máquina y alguien se los escanea y los envía por esa cosa llamada internet. En ese trance estaba para contestar un mensaje del poeta John Ashbery cuando recibió la noticia de su fallecimiento. Pero es que Marías vive en un ritmo distinto al de los tiempos. «Yo escribo a mano y cada página la transcribo a la máquina de escribir. La vuelvo a corregir a mano y otra vez la paso a máquina, tantas veces como sea necesario hasta que pienso que está perfecta. Sólo entonces paso a la siguiente, cuando creo que que ya no soy capaz de escribirla mejor. Trabajo de esa manera, cada página como si fuera única. Y claro, no tengo la sensación de que eso se pueda leer después de manera fluida porque no se concibió así», explicó. Con razón se ha tomado tres años de esfuerzo para terminar su nueva historia. «No dejo de sorprenderme de que haya personas que mantienen una o varias ocupaciones, incluso presentadores de televisión, que escriben novelas. Hay un aluvión de ellos. ¿Cómo es posible? Y no es que me moleste, porque en la literatura intrusos somos o lo hemos sido todos. Pero claro, la escolarización ha hecho que, como todos aprendemos a leer y escribir, pensemos que cualquiera puede hacerlo. Pero a esas personas no se les ocurre componer una sinfonía o hacer una película. Escribir una novela por lo visto sí».

El escritor manifestó ayer su extrañeza por el presente. «Sé que en ocasiones mis columnas o mis opiniones generan revuelo. Alguien me lo dice cuando sucede», dijo. El escritor achacó las polémicas que levanta a que «se ha habituado a la gente a pensar a través de ‘‘ideas recibidas’’, como decía Flaubert, lugares comunes que nadie pone en cuestión. Y de esa manera vivimos una sociedad cada vez más puritana e hipócrita», señaló. También más insustanciada. «En general, sí. Aunque hay excepciones. Hasta, digamos, los años 90, uno no podía ver a un señor de 70 años haciéndose un ‘‘selfie’’ de la oreja o montado en un Segway por la ciudad. Y sin embargo hoy vivimos un extraño fenómeno de superficialidad. Tanto, que la gente ya no es capaz de entender por escrito ni un mensaje SMS», señaló Marías, que tampoco utiliza Whatssap. El escritor señaló que no puede ambientar sus novelas en el presente porque «el tipo de conflictos, ambigüedad y densidad que me interesan en una narración son más inverosímiles en 2017». Sobre el material de sus historias, señaló: «No estoy dispuesto a escribir novelas bobas con tonterías del día a día. Me interesan las grandes cuestiones del pasado, las que importaban en el siglo XVIII hasta el año 1995», lamentó.

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