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La triste vida de Salvador Sobral

Tras años luchando para conseguir el éxito profesional, el momento más feliz de la carrera del cantante está en jaque por sus graves problemas de salud, que se han agravado en las últimas 24 horas.

  • Pese a presentarse en el festival europeo con una canción poco «eurovisiva», Salvador Sobral se llevó el certamen
    Pese a presentarse en el festival europeo con una canción poco «eurovisiva», Salvador Sobral se llevó el certamen
A. Ezezaguna .  Lisboa.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de septiembre de 2017. 01:13h

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La noticia del ingreso hospitalario del cantante portugués y ganador de la última edición del Festival de Eurovisión, Salvador Sobral, ha conmocionado a sus seguidores por todo el mundo. A la espera de un trasplante de corazón que requiere de forma urgente –y más tras el empeoramiento sufrido en las últimas 24 horas tras su ingreso en la UCI–, el estado del músico es grave y, mientras el equipo médico del Hospital de Santa Cruz en Carnaxide (Lisboa) monitoriza sus señales vitales, todos esperan la llegada del órgano necesario para la supervivencia del joven. Este último capítulo dramático es uno de tantos otros en la biografía del lisboeta, que parece haber cumplido con gran parte de los estereotipos del artista maldito y bohemio a sus 27 años.

Nacido en el seno de una familia relativamente acomodada de la capital portuguesa en 1989, los primeros años de Sobral fueron tranquilos. Los amigos del cantante le recuerdan como un chaval tímido, pero alegre. Alguien a quien le gustaba gastar bromas, aunque sin particular interés en acaparar el protagonismo o ser «el más popular de la clase». Tenía un lado sensible y melancólico, fascinado con el interior de las personas, que le hizo interesarse por el mundo de la psicología, y fue precisamente en esta materia en la que decidió licenciarse en la universidad.

Los amigos de Sobral señalan que era inseparable de su hermana mayor, Luísa, y afirman que, en su afán de seguir sus pasos se presentó a «Ídolos», concurso televisivo destinado a promocionar nuevos cantantes, en 2009. Con 19 años recién cumplidos, el joven estudiante del Instituto Superior de Psicología Aplicada de Lisboa impresionó a los jueces con sus espectaculares versiones de canciones de Stevie Wonder, Ray Charles, y el cantante luso Rui Veloso, y fue ascendiendo por los distintos niveles de la competición, tal y como había hecho su hermana, que terminó en tercer lugar en una edición previa del programa.

Desafortunadamente, al final Salvador no disfrutó de valoraciones tan altas, y solo consiguió figurar entre los diez finalistas del programa de ese año. Aunque siempre se le vio de buen humor en la televisión y asimilando las críticas de los jueces con serenidad, los más próximos al joven indican que se sintió tremendamente decepcionado por el episodio, y que cayó en una profunda depresión tras perder la competición. Tras ello, el pequeño de los Sobral decidió poner mar y tierra por medio y se marchó de Portugal, aprovechando una beca Erasmus para mudarse a la isla de Mallorca, tiempo en el que el propio Sobral calificó más tarde de «turbulento». Asentado en Palma, oficialmente para seguir con sus estudios de psicología en la Universitat de les Illes Balears (UIB), el joven portugués pasó de las aulas y para dedicarse a cantar en los bares de la ciudad. Compañeros y colegas de la época le recuerdan imitando la trompeta de otro cantante maldito, Chet Baker, mientras vagabundeaba por la isla. Intentaba dejar atrás el mal trago de «Ídolos» en «jam sessions» en sitios como el Vamp Café, pero quienes mejor le conocían a esa altura afirman que el joven se encontraba sumido en un profundo estado de depresión del que solo escapaba sobre el escenario.

Al igual que Baker –que lidiaría toda su vida con serios problemas con la heroína–, el cantante comenzó a experimentar con las drogas durante este periodo, y posteriormente reconoció que el asunto se le fue de las manos. «En Mallorca hubo desvaríos y de todo», admitió hace unos meses en una entrevista con la televisión lusa, dejando caer que había coqueteado mucho con setas alucinógenas y otras sustancias ilícitas durante su tiempo en la isla.

Sin embargo, durante la estancia mallorquina, Sobral consiguió reconciliarse con el mundo de la música y decidió abandonar el de la psicología, anunciando a su familia su decisión de dedicarse exclusivamente al sector que de verdad le «apasionaba». Una vez terminado su Erasmus balear, el lisboeta se mudó a Barcelona, donde comenzó a estudiar música en el Taller de Músics y donde se adaptó rápidamente a la vida bohemia de la Ciudad Condal, improvisando conciertos en esquinas de la ciudad junto a su amigo Leo Aldrey, músico y productor venezolano con el que formaría el grupo Noko Woi.

El futuro de ambos parecía prometedor cuando fueron invitados a participar en el Sonar de 2014 e incluso llegaron a editar un disco juntos y lograron puestos de finalistas en varios certámenes. Aun así y cuando parecía despegar, tras cinco años en tierras españolas, el portugués añoraba su casa y regresó. De nuevo en Lisboa, Sobral se dedicó a reafirmarse como músico profesional, participando en la edición del Vodafone Mexefest de 2016 y consiguiendo una posición en el prestigioso EDP Cool Jazz Festival.

Aunque ya sufría de problemas de salud –según su equipo profesional, durante la primavera tuvo que ser operado de hernias en el ombligo y el intestino–, Sobral se esforzó para conseguir llegar al éxito que parecía faltarle desde su amargo fracaso en «Ídolos». Ya se había consolidado como artista, y la edición de su debut en solitario, «Excuse Me», había sido muy bien recibida por los críticos, pero al joven le faltaba el apoyo de las audiencias más populares. Por eso, pese a tener una carrera perfectamente respetable, se lanzó como candidato a Eurovisión.

El resto es historia: su selección como representante de Portugal, su flamante victoria en Kiev, la popularidad internacional de su espectacular Amar pelos Dois. Y, ahora, el trágico factor sanitario que pone toda esa felicidad en jaque. Tras tantos años luchando con todo su corazón para conquistar el mundo de la música, la fragilidad de ese mismo corazón hace de esa victoria el triunfo más agridulce.

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