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Alberto Manguel: «La identidad del paraíso es la de un lugar que uno pierde»

El director de la Biblioteca Nacional Argentina recibió ayer el Premio Formentor de las Letras 2017 al conjunto de su obra

  • Alberto Manguel / Escritor
    Alberto Manguel / Escritor

Tiempo de lectura 8 min.

26 de septiembre de 2017. 16:22h

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Marta Robles 26/9/2017
Alberto Manguel: «La identidad del paraíso es la de un lugar que uno pierde»

El director de la Biblioteca Nacional Argentina recibió ayer el Premio Formentor de las Letras 2017 al conjunto de su obra

Sobrecogidos, con la piel de gallina y conteniendo un quejido de emoción, los privilegiados asistentes a la entrega del Premio Formentor de las Letras 2017, carecíamos de aplausos suficientes para celebrar el discurso del premiado, Alberto Manguel. Casi al final del mismo, el escritor argentino incorporaba un poema con la voz de Isaac a su padre, Abraham, al que rogaba: «No me cortes el cuello insensiblemente. Abrázame amorosa y dulcemente al matarme. Así podrás ver mis lágrimas y escuchar mis ruegos». Los allí presentes, muchos escritores, pero sobre todo lectores, nos convertimos a la religión de Manguel. Esa, según la cual la literatura es lo primero porque, según explicó para concluir, «nos permite contar nuestra ancestral experiencia de tantas maneras como sea necesario, para poder leer en esas ficciones, aunque sea imperfecta y oscuramente, lo que sospechamos que es la verdad».

El lector perfecto

Tal vez por ese amor a la lectura reconocido por Manguel, al sentarme junto a él frente al mar de ese edén que es la bahía de Formentor (Mallorca), no me resisto a preguntarle por el lector perfecto. «Cada lector es perfecto a su manera», me dice. Y no puedo evitar recordar el principio de Anna Karenina. «Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera». Entiendo que lo fácil es similar, mientras lo difícil es distinto para cada uno. Y leer es una tarea exigente, requiere atención e interacción, para buscar y descubrir. «Aprendí desde temprano que el arte del lector consiste en leer entre líneas», aseguró Manguel en su discurso. Y añadió: «Y una vez que tiene claro eso, supongo, es cuando ya se convierte en un lector perfecto a su manera». Me lo explica un poco más: «Cada lector adapta su lectura y sus libros a lo que es, de manera que para cada libro hay un determinado lector que encuentra en esas páginas unos aspectos que otro lector no encuentra. Yo he hecho una lista que es “Notas para la definición de un lector ideal”, que es un intento de aproximarme a la idea, pero, por supuesto, no hay un lector ideal».

Manguel es un escritor prolífico, pero en él el lector prevalece sobre el escritor. De ahí esa enorme biblioteca personal, de 40.000 volúmenes, ahora embalada tras haberlo dejado todo para ocupar el cargo de director de la Biblioteca Nacional Argentina. Imagino su pena inmensa. «Es una pérdida. Estoy en duelo. Por eso mi último libro, “Mientras embalo mi biblioteca”, con bella y delicadísima edición de Alianza Editorial, tiene como subtítulo una elegía. Fue una desazón enorme, porque yo pensé que esa biblioteca que había montado en Francia, en la cual viví durante quince años y que reunió las bibliotecas dispersas de toda mi vida, era eterna. Y hubiese debido saber, a través de mis lecturas, que la identidad del paraíso es la de un lugar que uno pierde... Pero no me resigno, la biblioteca está en cajas y espero que un día pueda resucitarla».

Mientras tanto, vive entregado a la Biblioteca de Argentina, a donde llegó sin afiliación política y con el ánimo de saldar una deuda: «Toda mi vida he escrito sobre lecturas, bibliotecas y libros. Acepté el cargo porque era la oportunidad de poner en práctica algunas ideas que surgieron de mis escritos, pero, por otro lado, me eduqué en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Fueron seis años de escuela secundaria donde tuve profesores extraordinarios, universitarios, en un sistema muy distinto al de otras escuelas. Y creo que todo lo que aprendí allí es lo que me ha servido para trabajar desde entonces. Nunca después tuve una experiencia similar o aprendí cosas tan importantes. Así que sentía la obligación de pagar esa deuda y volver a Argentina a ocuparme de la biblioteca».

Regresar al lugar que le vio nacer, su patria tal vez. Aunque Manguel ha viajado tanto, que parece más un ciudadano del mundo. «No creo en las etiquetas. Desconfío de lo que dicen pasaportes y partidas de nacimiento. El hecho de que nuestra madre nos parió en algún sitio no sé por qué nos obligaría a ser fieles a ese sitio. Obviamente, tras haber pasado mi adolescencia en Buenos Aires, forma parte de mi geografía imaginaria, pero es un Buenos Aires que ya no existe, que me he inventado de recuerdos y que se integra a otros lugares como Toronto, los Mares del Sur, París, Milán... Tengo muchos amigos en Argentina, que me son muy queridos, tengo familia y está la biblioteca, pero si me tuviera que declarar ciudadano de algún lugar sería de la Biblioteca Nacional de Argentina».

Debate sectario

Es decir, ciudadano del paraíso, según su referente y antecesor en el cargo, Jorge Luis Borges, que siempre imaginó el edén como una biblioteca. Más paraíso aún sin la administración peronista, que no le gustaba nada. «A mí tampoco –dice Manguel–, no soy peronista. En la administración precedente la biblioteca se convirtió en un lugar de debate sectario y no puede ser un sitio que se identifique con un partido político, ni con el gobierno ni con la oposición. Tiene que ser un lugar abierto a toda discusión intelectual y al acopio de toda documentación que venga de cualquier lugar...». Le pregunto por el incendio de críticas que le recibió antes de ocupar el cargo y sonríe. «Solo era un poco de humo. En todo cambio hay gente que se opone. Y en Argentina, como no es un lugar de diálogo intelectual serio en el campo político, era un griterío entre hinchas de distintos partidos. Pero eso cambió y en la biblioteca ahora hay una atmósfera de trabajo espléndida. Si tuviéramos más presupuesto podríamos hacer muchas más cosas, pero estamos consiguiendo algunas inauditas. En 2015, en la administración precedente, entraron unos 10.000 items, documentos, libros...En el primer año de esta gestión, más de 100.000, y en el segundo van a entrar más de 200.000».

Le digo que todo eso ocupa mucho espacio en la era digital y le pregunto si los libros seguirán existiendo siempre. «Una definición de biblioteca es la institución que ocupa más espacio que el lugar que se le asigna, desde Alejandría en adelante. Este problemas se resuelve construyendo bibliotecas más grandes o haciendo depósitos en el exterior como hacen en la mayoría de las nacionales, pero bueno, la solución al hecho de que un país tenga demasiada población no es la eutanasia...».

Personal e intransferible

Alberto Manguel nació en Buenos Aires en el año 1948. «Voy a hacer 70 años el año que viene. Es una edad hacia la cual estuve creciendo. Nunca me sentí verdaderamente joven. Siempre pensé que tenía una edad mayor que la que tenía. Ahora estoy entrando en la confirmada edad». Está casado, tiene tres hijos, se siente orgulloso «de mis nietas» y se arrepiente «de muchísimas cosas que no voy a confesar aquí». Perdona «con dificultad», no olvida «casi nunca», se ríe «con el humor inteligente» y llora «con el sufrimiento cotidiano que vemos en los periódicos». A una isla desierta «Chesterton dijo que se llevaría un manual de construcción de barcos, pero yo me llevaría “La divina comedia”». Su manía es ser «implacablemente ordenado», confiesa muchos vicios, entre ellos «la lectura» y se le repite un sueño en el que su padre y él, transformados en rocas, «estamos cayendo por una ladera mientras vamos hablando». De mayor le gustaría ser «alguien justo» y si volviera a nacer sería «¡un perro!».

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