lunes, 05 diciembre 2016
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Libros

Buenos amigos, hasta que se demuestre lo contrario

  • El último libro de Use Lahoz pone a prueba la amistad de dos viejos conocidos y se sumerge en la transición de la adolescencia a la edad adulta, donde las cosas ya no se ven iguales

El escritor Use Lahoz
El escritor Use Lahoz
Rubén Mondelo

Entró a un bar y se encontró con «Los buenos amigos» (Destino) de golpe y porrazo. Era un Jueves Santos «aburridísimo, de esos que no hay nadie en la calle», cuenta Use Lahoz (Barcelona, 1976). Cuatro de la tarde.

Sólo había tasca abierta, por lo que las opciones de su destino eran evidentes. Allí que fue. Una mujer arrodillada y dos camareros. Ellos, de pie, en la barra, en silencio. De fondo, una procesión. «Todo muy sórdido –continúa–. Esos dos querían algo, estaba clarísimo. Ese silencio hablaba de muchas cosas, o igual no, pero a mí me entró al curiosidad de tirar del hilo». ¿Quiénes son esos dos? ¿Qué relación hay entre los tres?

Ése fue el comienzo de la última novela de Lahoz. Una simple anécdota cotidiana que al escritor se estalló en la cabeza. Una onda expansiva que ha durado más de seis años y que ha dejado 736 páginas como secuela.

Cuenta que existen tres chispas que encienden su mecha literaria: una imagen, la memoria transformada que invita a rescatar recuerdos y la inventiva. «Aquí se unieron los tres», sin quitarle mérito a la escena en la cantina. Tres años pasaron hasta que se puso a escribir, «pero siempre estuvo ahí latente».

Es la historia de –ya lo dice el título– dos «buenos amigos», Sixto y Vicente. Al menos, así es cuando son pequeños. Al entrar en el orfanato, el primero ve en el segundo un hermano mayor al que aferrarse. «De un castillo de naipes hace un edificio de hormigón», explica el autor. Lástima que la pasión de ambos por una novicia rebelde, Lucía Barranchina –«eso no puede acabar bien nunca»–, termine por dilapidar una relación «intensa». Ella elige a Vicente y desde entonces nada será igual.

La obra de Lahoz también habla del paso de la adolescencia a la edad adulta. El paso del tiempo desgasta a los dos protagonistas, no es igual la vida a los catorce que a los 36, y transforma los dos sentimientos que hacen vivir al ser humano: amistad y amor. El edificio inexpugnable vuelve a ser un ligero castillo a meced de un soplido. Es lo que le llega a un buscavida Sixto tras el rencuentro años después con el que fue su sombra y protección. A Vicente no le ha ido tan bien y ahora vuelve a buscar compasión. Bandazos de una accidentada amistad que en veinte años pasa por todas las situaciones imaginables, de ser uña y carne, protegido y protector, a envidias, traiciones, celos errores...

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