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De Ovidio a Johnny Cash

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Jesús Ferrer. 

Tiempo de lectura 4 min.

20 de abril de 2017. 02:00h

Comentada
Jesús Ferrer.  20/4/2017
De Ovidio a Johnny Cash
  • Título:

    «Regiones devastadas»

  • Autor:

    Guillermo Carnero

  • Editorial:

    Fund. J. M. Lara

  • Nº de páginas:

    88 Páginas

  • Precio:

    11,30 eur.,

En 1970 José María Castellet publicaba una antología lírica, «Nueve novísimos poetas españoles», donde un joven grupo de poetas reivindicaba, sin complejo alguno y rechazando la poesía social de la generación de 1950 la sibarita expresión de la belleza ideal, la fascinación hacia el modernismo neorromántico, el imaginario referencial del mundo grecolatino y un culturalismo exquisito. Junto a Vázquez Montalbán, Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Gimferrer, Molina Foix, Ana María...

En 1970 José María Castellet publicaba una antología lírica, «Nueve novísimos poetas españoles», donde un joven grupo de poetas reivindicaba, sin complejo alguno y rechazando la poesía social de la generación de 1950 la sibarita expresión de la belleza ideal, la fascinación hacia el modernismo neorromántico, el imaginario referencial del mundo grecolatino y un culturalismo exquisito. Junto a Vázquez Montalbán, Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Gimferrer, Molina Foix, Ana María Moix y Leopoldo María Panero figuraba Guillermo Carnero (Valencia, 1947), quien había publicado un poemario, «Dibujo de la muerte», donde mostraba ya una voz personal, elaborada y «novísima». A ese primer libro le seguirían «El azar objetivo» (1975), «Música para fuegos de artificio» (1989), «Verano inglés» (1999), «Espejo de gran niebla» (2002) o «Cuatro noches romanas» (2009), que iban consolidando una trayectoria vinculada al rigor estilístico, el selecto cosmopolitismo y la temática idealista. Esta poesía deshumanizada, de característica frialdad vanguardista, responde a una modernidad que huye del apasionado sentimentalismo convencional, para emocionarse con la belleza nostálgica, la contemplación artística y la estetizante erudición. Quizá sea el poeta de su generación que se ha mantenido más fiel a estos postulados, ahondando en los perfiles de esta depurada lírica.

Atractivo de lo sintético

«Regiones devastadas» es así un poemario que recoge, con renovado ímpetu, obsesivos temas autoriales: el sentido identitario de la memoria, la arrebatadora fuerza del amor y la madurez inherente al paso del tiempo. Destacan poemas como «Villa de un magistrado en Macedonia», detenida contemplación de la belleza que anida en las ruinas del pasado; «Libro Primero de los Reyes», recreada escena bíblica del anciano rey David ante una atractiva joven; «Vejez de Juan Bautista Tiépolo», donde el clásico pintor rememora su vida, «Busto truncado de un desconocido», en estatuaria alusión a la figura de un patricio romano, cuestionada su existencia por siglos de olvido; «Remedia amoris», con Ovidio al fondo, y el amor físico arrasado por el transcurrir de los años; «Atardecer en Roma», bucólico paisaje de intencionado tono crepuscular; «Luis de Góngora, 1612» , emotivo retrato del genial barroco; o «Como un niño», entrañable evocación de los colores y destellos de la infancia.

En palabras introductorias al volumen, el propio poeta señala el carácter selecto de estos versos: «Para mí estos poemas han tenido y tienen el atractivo de lo elemental, lo sintético y lo pequeño, y el alivio de la fatiga de intensidad sostenida que producen, afortunadamente y en su terreno, los más extensos y unidireccionales». No extraña así el elogio de la escritura literaria que aparece en «Scripta manent»; el incisivo juego de identidades opuestas que aparece en «Dióscuros» ; el majestuoso poder de Poseidón en su «Promontorio de Sunion»; o el claro simbolismo de lo agónico en «Árbol de otoño». Todo este imaginario, que habita las devastadas regiones de un pasado mítico, de ruinas sobrevivientes y textos clásicos, recala en los seductores versos de «Para una tumba en Génova». Con un total dominio de la cadencia rítmica y la renovada expresión de una iconografía culturalista, este poemario de Carnero representa una fiesta de la inteligencia, el conocimiento y la sensibilidad.

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