miércoles, 23 agosto 2017
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Libros

  • El Premio Nadal recayó ayer en una de las autoras con más seguidores de estos últimos años. La escritora se alza con el galardón con una novela protagonizada por cinco mujeres con un turbio pasado

Care Santos recibe el Premio Nadal de manos del editor Emili Rosales
Care Santos recibe el Premio Nadal de manos del editor Emili Rosales
Miquel González/Shooting

Tras dos años en los que parecía que la narrativa de corte policiaco parecía reclamar su voz, el Premio Nadal dio anoche un giro. La novela «Media vida» de Care Santos se alzó ayer con el galardón en la tradicional velada que Ediciones Destino organiza todos los 6 de enero en Barcelona como homenaje al escritor Eugenio Nadal. La obra galardonada, presentada bajo el título de «El juego de las prendas», de Julia Salas (seudónimo), nos traslada hasta 1981, cuando se vuelven a reencontrar cinco mujeres. Han pasado tres décadas desde la última vez que se vieron, justo cuando un hecho terrible las marcó para siempre. Con ese punto de partida, la novelista construye una trama en la que sus protagonistas se preguntan por el tiempo pasado, así como por el peso de la culpa y el papel del perdón, sobre todo tras los dramáticos sucesos vividos en otro tiempo por un juego que acabó mal. Una obra que también es, por parte de Santos, una nueva mirada hacia la amistad y el amor.

Con «Media vida», título original de la obra, Santos sigue reflexionando sobre lo que hemos hecho y lo que somos, aunque todo a través de una trama de ficción, como sucede en otras obras suyas, como «Habitaciones cerradas», «Deseo de chocolate» y «Diamante azul». Pero si en los títulos citados se trasladaba fundamentalmente a las primeras décadas del siglo XX, en esta ocasión el viaje literario nos lleva hasta el fallido golpe de Estado de Tejero en el Congreso de los Diputados y todavía más atrás, treinta años nada menos, momento en el que las protagonistas viven el suceso que las marcará. Todo ello como metáfora sobre la reconstrucción de una serie de vidas en un mundo marcado por la hipocresía.

- Por medio mundo

Care Santos comenzó su carrera en 1995 y desde entonces ha cultivado desde la novela juvenil a la de adultos, además de los relatos breves o la poesía, todo ello con un gran eco internacional, como lo demuestran las traducciones de sus libros. En este sentido, algunos de sus trabajos han llegado a Lituania, Brasil, Alemania, Italia, Grecia, Noruega o Finlandia, entre otros países.

Nacida en Mataró (Barcelona) en 1970 nunca ha ocultado su deuda para con «Cien años de soledad» de García Márquez, que la marcó profundamente. A este respecto, en una entrevista con este diario explicó que «comencé a leer a García Márquez por el “Amor en los tiempos del cólera”, una novela que me sigue fascinando, y lo digo bajito, pero me gusta más que “Cien años de soledad”, aunque reconozco la dimensión que tiene de gigante de la literatura. Me dio un arrebato a través de sus novelas. Le llegué a escribir con 12 ó 13 años diciéndole que nunca habría nadie como él en mi vida. Después lo hubo. Esperé durante muchos años una respuesta, que, por cierto, nunca se produjo. Igual me equivoqué de dirección...».

La escritura se ha convertido en su aliada y confiesa ir acompañada a todas partes de una libreta en la que apuntar inmediatamente todo cuanto ve o la perturba. Hablando de ella misma en tercera persona, Care Santos asegura que tantas veces la han seducido tierras lejanas y acentos extraños que ya no podría entenderse sin ese aprendizaje de la soledad que tanto tiene que ver con la escritura. Sabe ser incómoda y respondona, aunque no siempre lo hace. No se resigna a mirar la función desde el patio de butacas, porque ha descubierto que en el escenario se siente como en casa. Ante el blanco del papel siempre trata de matar al padre, pero nunca sabe si lo consigue, y por eso sigue intentándolo. Apunta alto, ambiciona, trabaja, se rebela y todavía cree que hay ideas que algún día salvarán al mundo».

La mujer es, por otra parte, la gran protagonista en su producción narrativa. Son ellas las que toman la palabra en novelas como «El aire que respiras», «La muerte de Venus», «Trigal con cuervos» o «Habitaciones cerradas». Eso ha hecho que, a la par, alguna de sus heroínas tengan mucho de la propia escritora, como ocurre con Victoria Lax, la protagonista de la última novela citada. Como la misma Care Santos dijo en su momento sobre Lax, «hay mucho mío en ella. Compartimos la edad, el momento de madurez, aunque yo no tengo sus turbulentas dudas. También está la voluntad de profundizar en el pasado familiar. Supongo que a eso hay que sumar las crisis existenciales que una tiene».

Si la producción de la escritora es abundante, también lo son los numerosos reconocimientos que ha recibido en el transcurso de su camino en la república de las letras. Entre ellos destaca el Ateneo Joven de Sevilla, el Barco de Vapor, el Narrativa Ciudad de Alcalá, el Ana María Matute, el Alfonso de Cossío de Relato Corto y el Ramon Llull.

- Malos sueños

Asimismo, su narrativa incluso ha dado el salto a la pequeña pantalla: «Habitaciones cerradas» se convirtió en una miniserie ampliamente seguida en Televisión Española.

Como ella comenta, «ya lo dice la frase popular: “Ten cuidado con lo que sueñas porque a veces se convierte en realidad”. A mí, en más de una ocasión me ha sucedido. De sueños sólo puedo hablar diciendo que se cumplen en la mayoría de los casos, pero si te sientas a esperar a que vengan no es lo mismo».

La novela se alzó entre las 303 originales que se presentaron a la edición de este año, la número 73 desde que la ganara en su primera andadura la entonces desconocida autora Carmen Laforet con «Nada».

El jurado estuvo formado por Germán Gullón, Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Clara Sánchez y Emili Rosales, tuvo que elegir entre un amplio abanico de géneros que iban desde el relato intimista hasta el negro, pasando por las propuestas de corte histórico y con un claro acento social.

El premio, dotado con 18.000 euros, recibió obras de toda España, siendo Madrid la provincia con más originales (26), seguida de Barcelona (16) y de países europeos y americanos como Argentina, Austria, Colombia, Chile, Estados Unidos, Francia, Puerto Rico, Reino Unido. También hay representación de Singapur.

Carmen Laforet en el origen

Desde 2014, cuando Amoraga ganó el Premio Nadal con «La vida era eso», el galardón no había vuelto a una escritora. A lo largo de su ya larga historia, desde que Josep Vergés y sus compañeros de la revista «Destino» tuvieron la idea de crearlo, el Nadal ha servido para descubrir voces femeninas que necesitaban un trampolín en el que poder dar a conocer su trabajo. Eso es algo que se hizo evidente desde su primera edición, cuando una desconocida llamada Carmen Laforet sorprendía al jurado con una novela titulada «Nada», presentada en el último momento y casi fuera de plazo. A ella le siguieron otras voces ya fundamentales en nuestra narrativa, como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Elena Quiroga. En los últimos años, las mujeres han sido quienes han alcanzado un mayor éxito en el Nadal, como sucedió especialmente con «Lo que esconde tu nombre», el fenómeno editorial de Clara Sánchez.

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