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Malas obras

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Diego Gándara. 

Tiempo de lectura 2 min.

09 de noviembre de 2017. 02:56h

Comentada
Diego Gándara.  9/11/2017
Malas obras
  • Título:

    «Evasión y otros ensayos»

  • Autor:

    César Aira

  • Editorial:

    Mondadori

  • Nº de páginas:

    144 Páginas

  • Precio:

    14,90 euros

«Hoy la novela fluye directamente del autor sin pasar por la intermediación de la literatura; el trabajo que la respalda ya no es el de la escritura, sino el de la publicación», afirma con contundencia el escritor argentino César Aira en «Evasión», el primero de los cinco ensayos que integran este volumen, donde el autor de «Cómo me hice monja» despliega una inteligencia que es capaz de leer como si se tratara de un entomólogo la escritura de los tiempos actuales. Así, en estos breves y lúcidos...

«Hoy la novela fluye directamente del autor sin pasar por la intermediación de la literatura; el trabajo que la respalda ya no es el de la escritura, sino el de la publicación», afirma con contundencia el escritor argentino César Aira en «Evasión», el primero de los cinco ensayos que integran este volumen, donde el autor de «Cómo me hice monja» despliega una inteligencia que es capaz de leer como si se tratara de un entomólogo la escritura de los tiempos actuales.

Así, en estos breves y lúcidos textos plantea como tema de discusión los géneros y, en particular dos de ellos, como son el ensayo y la novela. En paralelo examina también la figura del escritor, que persiste en un trabajo que, señala, «se hace cada vez más difícil y nos hace más difícil la vida», y la de dos artistas como el escritor de vanguardia Raymond Russel y Salvador Dalí desde dos perspectivas que soncompletamente diferentes: el primero, a partir del procedimiento utilizado en su arte; el segundo, desde su propia idea de genialidad.

«La literatura de evasión ha muerto», sentencia el escritor en un momento del libro, que toma como referencia la obra de Stevenson, una narrativa sostenida por un armazón, un trabajo, en la que predominaba el espacio como reemplazo de la imagen y el sonido. Nada que ver, dice, con la narrativa actual, que se sostiene en un relato lineal que se ha olvidado totalmente del espacio y dejó al tiempo, «la más deprimente de las categorías mentales», como única herramienta operable. Y como del tiempo nadie se escapa, concluye, y al tiempo lo representa el discurso, la construcción en las novelas llegó a su fin y «nos quedamos sin buenas novelas».

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