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Marta Galatas: «El azar es lo más importante, está por encima de planificaciones»

Marta Galatas / Escritora

Rompió con todo y se dedicó a la escritura. Acaba de publicar su segundo libro, «Dejé mi corazón en Manila», una historia de grandes valores clásicos

  • Marta Galatas, escritora
    Marta Galatas, escritora / Connie G. Santos
Juan Beltrán.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

28 de febrero de 2017. 03:56h

Comentada
Juan Beltrán.  Madrid. 26/2/2017

Dice creer en el azar y quizá fue éste el que, de alguna manera, llevó a Marta Galatas al mundo de la escritura. Licenciada en Arte, tuvo distintos trabajos hasta que circunstancias personales la llevaron a formarse como escritora. En 2015 publicó su primera novela, «La princesa que cambión la historia», y ahora presenta «Dejé mi corazón en Manila» (La esfera de los libros). Julia embarcó hacia Manila en junio del 36. En el barco encontró al amor de su vida, un joven empresario filipino que la llevará a conocer la oligarquía española en la Filipinas postcolonial. Grandes terratenientes dedicados al tabaco, la caña de azúcar y la copra. Allí vivió la llegada de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que lo cambió todo.

–¿Es una escritora de vocación tardía?

–Sí, empecé a escribir al separarme. La gente suele quedarse en casa con los hijos, pero yo me fui, me independicé, rompí con mis actividades anteriores y comencé a escribir como terapia, pero sin técnica. Un día vi un letrero en una escuela de escritores, me apunté y nació mi primera novela.

–¿Le aporta mucho escribir?

–Me ha cambiado la vida. He descubierto la paz conmigo misma. Ya no puedo hacer otra cosa, me engancha. Me lleva a una introspección tan grande para volcar lo que soy o me gustaría ser en los personajes que me resulta terapéutico. Cuanta más paz tienes, mejor escribes.

–Hay lugares y episodios reconocibles, pero en realidad es una novela de amor.

–Sí, es que creo en el amor. La gente espera algo horrible, que se traicionen... ¿Y por qué? Yo quiero rescatar esos valores, creo en el amor para toda la vida y de verdad. Lo he visto en gente cercana. Un proyecto de vida sólido no limita, te hace crecer y dar lo mejor de ti. El amor la hace ser ella, sacar su mejor versión, le da seguridad y tranquilidad interior, le permite proyectarse. Ese es el amor en el que creo.

–Pero no siempre sale bien.

–Si es sólido no tienen por qué suceder cosas horribles y en-revesadas. Lo horrible lo tenían alrededor, situaciones complicadas, guerra, muertes...Todo se desintegra, pero ellos no. Al contrario, las adversidades los unen.

–Está marcada por dos guerras.

–Salen de España al inicio de la contienda civil, en el barco se conocen los protagonistas y esto les lleva a vivir allí formando parte de la oligarquía española que domina la isla hasta la Segunda Guerra Mundial. Es tremendo cómo influyen las guerras en las familias, las separan, las arruinan o aniquilan lugares, como ocurrió con Manila.

–¿Por qué Filipinas?

–Principalmente por mi origen filipino. Aunque es ficción, me he documentado a fondo y conozco muy bien todo lo que ocurrió allí. A pesar de Estados Unidos, la oligarquía española seguía dominando la isla. Tras la invasión japonesa, el bombardeo que arrasó Manila y la inmediata independencia, volvieron a España y rápidamente se perdieron los vestigios españoles que habían en la isla, incluido el idioma. Manila quedó literalmente aniquilada. Ya no se podía vivir allí.

–Estos grandes empresarios lo perdieron todo.

–Perdimos Filipinas, pero, por el contrario, teníamos el monopolio de muchas empresas, la compañía de tabacos, las cervezas San Miguel...y además las grandes plantaciones. Los españoles eran dueños de todo, un imperio que controlaba los grandes negocios. Por lo que sé, eran personajes muy valiosos e inteligentes. La hegemonía española persistía por estos grandes empresarios que incluso formaron parte del gobierno filipino. Aunque lo que terminó realmente con todo fue la guerra, sin embargo, como gente emprendedora, pudieron rehacerse al volver a España.

–Cuando regresan, España no es el país que habían dejado.

–Para nada. Es otra España. Un país triste y gris, con mucha hambre y pobreza, todavía en la postguerra con cartillas de racionamiento. También existía una clase burguesa más alta que vivía bien. Había muchas diferencias entre ricos y pobres y esto chocaba.

–Usted refleja muy bien el Madrid de los años 50 y 60.

–Al volver encuentran una sociedad con los papeles muy marcados y no encajan. Hay un pasaje en el libro que lo pasan en EE.UU y allí las mujeres están emancipadas, en Filipinas trabajaban y aquí no. Llega una mujer con el pelo corto, pantalones, emprendedora, con otra mentalidad...y no la entienden. Encuentran sus amigos y viven una vida especial, aunque no se integran totalmente.

–Da la sensación de que en sus vidas el azar juega un papel importante. ¿Es cierto?

–Totalmente, para mí el azar es lo más importante, por mucho que planifiques no puedes evitar las cosas que te pasan. Yo he sentido que está por encima de la planificación. Esto es algo que he pretendido deliberadamente en el libro porque lo he vivido. El azar los unes en el barco y ocurre por algo y para algo, para afrontar situaciones y aprender de ellas, de las experiencias que sobrevienen solas. Está ahí porque lo he experimentado, son mis creencias y mis valores.

El lector

«Soy lectora de prensa en digital y papel. A diario me resulta más cómodo internet, pero los fines de semana prefiero leerla en papel porque tengo más tiempo y me gusta más. Uno de los periódicos que leo fijo es LA RAZÓN, me gustan mucho sus páginas de Cultura y es a lo primero que acudo. También me interesa Internacional, lo que pasa en el mundo, pero lo que no me pierdo nunca son los artículos y reportajes de cultura, que en este periódico son muy ricos y variados».

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