lunes, 05 diciembre 2016
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¿Llegará España a ser un «estao»? ¿Se dice cocodrilo o crocodilo?

  • «Cocodrilos en el diccionario» se edita como un libro de normas lingüísticas diferente: se olvida de formalismos y analiza el idioma a través de las modas

¿Llegará España a ser un «estao»? ¿Se dice cocodrilo o crocodilo?

¿Quién es el dueño del lenguaje? ¿De los que lo hablan en la calle o de quien pone las normas? ¿Cómo de viejuno suena escuchar «me puse un niqui fetén para mover el esqueleto»? ¿O es que ahora la gente se pone «un polo que mola para ir a perrear»? No son más que tiempos diferentes en los que las palabras han evolucionado con ellos. Modas. Julio Borrego Nieto tiene su propia clasificación: «Lo comparo con la ropa. Hay muchas soluciones que no son incorrectas y que simplemente están condenadas porque en ese momento no se llevan. Como si vas a una boda con un pantalón corto; no es lo establecido, sin embargo, puede que sea lo más cómodo. Pues con las palabras ocurre lo mismo».

Él ha sido el encargado de dirigir «Cocodrilos en el diccionario. Hacia dónde camina el español», un libro de normas lingüísticas lejos de lo común. «Ninguno de los publicados hasta ahora es como éste», aseguraba ayer durante la presentación Víctor García de la Concha –director del Instituto Cervantes, coeditor junto a Espasa–. Borrego –en una autoría a la que hay que sumar a Lorena Domínguez García, Rebeca Delgado Fernández, Álvaro Recio Diego y Carmela Tomé Cornejo–, lejos de ceñirse al lado institucional y estrictamente correcto, reconoce que «se rompe una lanza en favor del hablante y se indaga por qué se dicen ciertas palabras, por ejemplo “dijistes” en lugar de “dijiste”».

- Duración imprevisible

Y es que las lenguas cambian. De forma lenta e imperceptible en muchas ocasiones, que sólo la comparación de textos permite cerciorarse, y, otras veces, los aspectos más superficiales, fundamentalmente el vocabulario, el estilo de escritura y los latiguillos conversacionales, quedan sujetos a las modas, «como la de cualquier fenómeno que tenga carácter social», apuntan. Unas se quedan y otras se van. Porque, como comenta Borrego –catedrático de Lengua Española de la Universidad de Salamanca–, «es imposible determinar la duración de una palabra en el tiempo. Es muy variable». Por ello en «Cocodrilos en el diccionario» se han limitado a hacer un balance de la situación actual del idioma y a buscar los caminos por los que pueden derivar las tendencias en los siguientes años. Porque en la lengua ocurre que no siempre lo que se impone como correcto es lo más coherente. De este ejemplo surge el título del libro: y es que «cocodrilo» no debería estar en el diccionario si se retrocede hasta su etimología, «Crocodilum», según la cual habría que trasladar la erre unas cuantas posiciones. Alguien la movió en su día, y ahí se quedó hasta convertirse en lo cotidiano. Igual que los «murciélagos», que extinguieron a los «muciégalos» originarios.

«Los errores del pasado son la norma del presente», defienden en este libro en el que ahondan en las marcas que caracterizan el español de principios del siglo XXI. «Puede que lo que escuchamos en la calle no esté en los libros y por ello sea erróneo, pero lo que aquí tratamos de descubrir es el motivo de cada uno de esos fallos», explica Julio Borrego.

«Mostramos las variantes en litigio, señalamos cuáles han sido las preferidas hasta ahora por las autoridades normativas, intentamos ver la lógica interna de las menos favorecidas y cuál es, en este momento, su pujanza, reflejada en el número y tipo de hablantes que las usan, en los juicios que emiten sobre ellas y, sobre todo, en la evolución de las opiniones que manifiestan las Academias y otros agentes responsables de la norma», argumentan los responsables. Y en éstas, siempre que es posible, la obra de Espasa hace un pronóstico sobre el previsible desenlace partiendo de que «lo correcto es un juicio social y, por tanto, cambiante».

El volumen se agrupa en cuatro bloques –pronunciación, gramática, vocabulario y discurso– que demostrarán que «el protagonista y quien dicta la norma es el pueblo –reconoció García de la Concha–. La lengua no es de los gramáticos, ni de los filólogos, ni de los académicos, sino de la gente».

- Adiós a la ll

Así, la nueva obra se adentra en por qué en Andalucía los «ciervos no se casan», sino que los «siervos se cazan», jugando con el resultado del sonido variable que, según las zonas, los hablantes y las ocasiones, se asemeja más o menos al de /z/, el ceceo. O la más que posible extinción de la ll, «parece algo casi seguro, como ya lo fue en otras lenguas», se lee en el libro. Otra posible pérdida es la de la d caediza: cuando aparece en terminaciones como -ado en las palabras llanas. No toda la gente lo ve mal –«Estao» por Estado–. Mucha gente lo entiende ya como algo normal porque cada vez se derriban más barreras formales; sin embargo, para las autoridades normativas es algo que no termina de verse con buenos ojos.

Una radiografía del uso cotidiano del español y las explicaciones de cómo se ha llegado hasta ahí por unas modas que tan pronto catapultan los «selfies», los «hipsters» y los «community managers», como se olvidan de las «gachises», «pecata minuta» o de «darse el lote en la discoteque».

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