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Mariano Peña: «El humor, desde el respeto siempre, es la mejor forma de enseñar»

El versátil actor vuelve a la escena teatral de Madrid con una comedia en la que interpreta a Dios y que ya triunfó en Nueva York.

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Marcos Fernández. 

Tiempo de lectura 4 min.

14 de noviembre de 2017. 00:54h

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Marcos Fernández.  14/11/2017

Mariano Peña (Manzanilla, Huelva,1960) acaba de estrenar en el Teatro Bellas Artes «Obra de Dios», obra dirigida por Tamzin Townsend y llega a España tras haber triunfado en la difícil escena neoyorquina. El señor del Universo, creador de los cielos y la tierra comparece en el teatro para reescribir los Diez Mandamientos, que podrían necesitar de un «lavado de cara» e intentar resolver desde la comedia las dudas que cualquier ser humano, ateo, agnóstico o creyente, se plantea de ven en cuando. Siempre, aclara para que nadie se llame a engaño «desde el más absoluto respeto para que nadie, sea cual sea su credo, pueda sentirse ofendido».

El intérprete añade con este papel una experiencia más a su ya extensa carrera dramática y es que desde que abandonó su Manzanilla natal con 15 años ha vivido por y para la interpretación. Conocido por sus papeles como Mauricio Colmenero en la televisiva «Aída» y Don Benjumea en «Allí abajo», ha trabajado también como doblador lo que le ha permitido ser la voz del maestro Kame Senin de la serie de animación nipona «Dragon Ball» y meterse en la piel del señor Willson en «Daniel, el travieso». El actor no ha descuidado su trayectoria sobre las tablas, que es uno de sus hábitat naturales.

–Para los que no sepan de que va «Obra de Dios»: estamos ante una nueva forma de interpretar la Biblia desde el humor. ¿Con la comedia todo se hace más amable, más humano, menos malo?

–Evidentemente, con el humor todo se hace más llevadero y me parece la forma más inteligente de educar, enseñar o mostrar algo. Siempre y cuando se haga desde el respeto, como es el caso.

–¿Cómo es pasar de interpretar a Bernadette en «Priscilla, la reina del desierto» al Creador en «Obra de Dios»?

–Lo más bello de esta profesión es que te permite interpretar personajes que no tienen nada que ver contigo la mayor parte de las veces; otras, sí; y vivir momentos y situaciones que no imaginabas. Este abanico de posibilidades en cuánto a personalidades es lo que me parece más atractivo de la profesión. Me gustan mis personajes y me los tomo muy en serio, intentando imprimir a cada uno una personalidad fuerte. Hay está el fascista de Mauricio de «Aída», la transexual de Bernadette en «Priscilla, la reina del desierto» y por último, el Creador, que ya es el súmmum del súmmum.

–¿Le resulta difícil interpretar personajes tan dispares como Mauricio, Don Benjumea o Bernadette?

–En absoluto. Hay personajes que son más complicados que otros; sin embargo pero me gusta tanto mi profesión que incluso la preparación del personaje (cómo hablaría, qué tipo de sentimientos tendría, incluso cosas tan simples como el comer, el andar, el mirar o el reír) me parece muy divertida. Por suerte –y toco madera para que esto siga siendo así– todavía no se me ha atravesado ninguno.

–Si fuera Dios, sus tres primeras acciones serían...

–Erradicar la envidia, el odio y la ira. Todo esto es semilla de guerras, catástrofes y masacres. Y en relación con esto que te acabo de decir, desterraría a todas aquellas personas que promueven los sentimientos que antes te he comentado: la envidia, el odio y la ira.

–¿Cree que la sociedad se va alejando cada vez más de la religión?

–Nos sorprendería ver cuánta gente es fiel a sus creencias y convicciones religiosas. Sin embargo, si que es cierto que cada vez la gente joven está más alejada de la religión. Hablo de la religión católica que es la que está más presente en nuestros país y la que a mí me toca de cerca.

–Los creyentes que vean su obra, ¿qué sentirán cuando salgan de la sala?

–Hay de todo como en botica pero no depende tanto de sus creencias como de su mentalidad. Yo, como he dicho antes, siempre he pensado que el humor desde el respeto y en esto hemos coincidido la directora, Tamzin Townsend, y yo. Bien es cierto que es muy difícil conseguir que todo el mundo salga contento pero yo creo que nadie puede abandonar la sala sintiéndose ofendido. Yo en esta función he escuchado de todo, desde el católico practicante riéndose a carcajadas, al agnóstico que cree que en algún momento nos hemos pasado, al ateo que se siente tremendamente ofendido. No estamos ante una caricatura, sino ante una comedia que hace gala de humor y de situaciones algunas de ellas divertidísimas

–¿Cree que en estos momentos el público puede tener la piel más fina, en más sensible a determinados temas y comentarios?

–Con el humor no, con la religión quizá sí. Hace diez años era impensable hacer chistes sobre la monarquía aunque siempre los haya habido. Diremos que ahí estaban pero no se hacían de una manera pública. Ahora sí se ha abierto más la mano para hacer este tipo de chistes.

–Usted interpreta a Dios en la obra,¿ Quien es el demonio en la Tierra?

–Más que una persona para mí es un concepto: serían la guerra, la envidia, el dinero. Son terribles demonios que andan sueltos.

–Si llegara una divinidad a España y viese la situación política actual, ¿qué cree que le pasaría por la cabeza?

–Depende de la divinidad. Si es divina seguramente se reiría y diría que con todo lo que ha pasado en nuestra historia, con todos los errores que hemos cometido, no hemos cambiado ni un ápice y nos volvemos a acercar peligrosamente al desastre.

–Ya hemos aludido a dos de los tres temas de los que sigue causando recelo hablar, la religión y la política. Nos queda el sexo, que es el tercero. ¿Cree que la visión que tenemos sobre la sexualidad ha cambiado con el tiempo o es un espejismo?

–Se habla mucho de sexo pero cuando se hace en serio la gente se asusta. Es cierto, no obstante, que la opinión pública con respecto a la sexualidad se ha ido modernizando y a la vez normalizando, algo bastante importante.

–¿Hace falta más amor?

–Sí, más que sexo. En este mundo de lo que necesitamos es amor.

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