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Afkham y la ONE, en órbita amorosa

Gonzalo Alonso. 

Tiempo de lectura 2 min.

18 de septiembre de 2017. 22:52h

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Gonzalo Alonso.  18/9/2017

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Obras de Schumann y Mahler. Javier Perianes. Orquesta Nacional de España. David Afkham. Auditorio Nacional. Madrid, 15-IX-2017.

La ONE abrió su temporada como se debe hacer: con un programa lleno de gancho, un solista y un director que provocasen el «no hay entradas». Buen planteamiento inicial que ha tenido una excelente ejecución y ello merece la más sincera enhorabuena.

Tanto el «Concierto para piano» de Schumann como la «Quinta de Mahler» destilan amor, a Clara y a Alma, pero en el caso de Mahler –quizá también en el de Schumann– a algo más. La vida, sus ambiciones y sus desengaños afloran por doquier. De la traumática marcha fúnebre inicial de esta «Quinta» a su esperanzador rondó final hay todo un recorrido vital, potententemente expresivo en sus tres movimientos iniciales y lirísimo en su célebre «adagietto». Schumann no quiso escribirle a Clara un concierto virtuoso al uso, sino más contemplativo y poético. Lo logró. Todo ello lo entendieron tanto Javier Perianes como David Afkham y supieron reflejarlo ambos en sus interpretaciones. Este concierto supone algo bastante especial para el pianista onubense dado que fue el primero que tocó con orquesta hace unos veinte años, con Paul-Decker dirigiendo la orquesta de la Radio Televisión Española, de la que hemos de escribir bastante dada la «especial» situación actual que atraviesa. Perianes hace música, expresa y sabe sacar la poesía de las partituras. Quizá pudo echarse de menos algo más de vigor, pero tanto él como Afkham se decantaron por el lirismo. ¡Que preciosidad de movimiento inicial! con las maderas también en estado de gracia. Un acompañamiento de lujo con el que el solista se habrá desquitado del que sufrió en Granada con Sokhiev hace cinco años. La propina –el «Notturno» Op.54 del V libro de las «Piezas líricas» de Grieg– nos dejó sin aliento.

Sin aliento nos dejó también el final del inmortalizado «adagietto» viscontiniano, sobre todo por la intensidad con la que lo expusieron director y orquesta. Sin batuta, con claridad en las manos y una entrega absoluta, Afkham volvió a demostrar el acierto que supuso su elección como titular. Lectura perfectamente construida en su arquitectura de principio a final. Vibrante, enérgica y «abandonada» cuando se requería. Se notó que se había dedicado en los ensayos más tiempo a Mahler que a Schumann, porque la ONE sonó a primerísimo nivel. Al mismo que las renombradas agrupaciones que afortunadamente visitan Madrid. Un espléndido inicio cuyo nivel hay que mantener. «Yes, you can».

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