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Así suena América

Un ambicioso y completo proyecto de tres documentales, una película y una serie discográfica apadrinada por Jack White, T-Bone Burnett y Robert Redford profundiza en las raíces de la música popular estadounidense. «American Epic» se estrena hoy en Movistar +.

  • Sesión de grabación con Willie Nelson interpretando algún tema desconocido o que se daba por perdido.
    Sesión de grabación con Willie Nelson interpretando algún tema desconocido o que se daba por perdido.
Ulises Fuente. 

Tiempo de lectura 8 min.

17 de septiembre de 2017. 03:03h

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Ulises Fuente.  16/9/2017

La música popular americana ha cambiado a personas a lo ancho del mundo desde hace un siglo, lo que equivale a decir que ha cambiado el mundo. Y es que si la vieja Europa se construyó en parte con mitos y leyendas grecolatinas, baladas y cantares, juglares, historias de viejas y alguna novela, la épica sobre la que se levanta la construcción moderna de Estados Unidos es, más allá del Día de Acción de Gracias, la música. En ella se ha cantado su historia, la oficial y la subterránea, la que apetece escuchar y la de violencia y represión. Las heridas, el desarraigo y el mestizo ADN de la cultura estadounidense se han transmitido de generación en generación a través de canciones que permanecían en la memoria de los mayores. Hasta que en los años 20 del siglo pasado, por primera vez pudieron grabarse y reproducirse y «América empezó a escucharse a sí misma», como narra el primero de los documentales de «American Epic», una trilogía que se acerca al pasado cultural e histórico del país. Dirigidos por Bernard MacMahon y Allison McGourty, el proyecto está producido por tres pesos pesados de la cultura reciente de EE UU: Jack White (músico con The White Stripes y productor), T-Bone Burnett (músico de Bob Dylan, Roy Orbison entre otros y productor) y Robert Redford y que es la voz que narra los tres capítulos que en España se emiten, desde esta noche, por Movistar +.

El ambicioso proyecto, que se ha desarrollado durante una década de trabajo, ha dado lugar a otras producciones complementarias: junto a los documentales, aparece la grabación de una sesiones en las que White y Burnett se suman a artistas como Taj Mahal, Willie Nelson, Merle Haggard, Steve Martin, Alabama Shakes, Beck y hasta el rapero Nas, que interpretan algunos de los temas de los años 20 que se habían dado por perdidos o eran desconocidos. Asimismo, Sony a través de sus sellos Legacy y Columbia, ha rescatado de sus archivos añejas grabaciones de las primeras décadas del siglo pasado que ha agrupado en cinco discos más un libro que ha salido a la venta con el mismo título de «American Epic».

Grabar camino del sur

La serie documental arranca con el primer sistema de grabación. Ahí es donde todo cambió. Lo fascinante es que, como si se tratara de exploradores de un sistema solar recóndito, algunos cazatalentos urbanos emprendieron su camino hacia el sur con los primeros equipos de grabación de audio. Sistemas arcaicos, pesados y precarios como el sonido Western Electric, que solo admitía una toma en un disco de cera, sin añadidos ni remezclas pero que en su momento causaron el mismo impacto que ver en acción al Delorean y que sirvieron para recoger, por primera vez, los sonidos de la América rural. Estos «aventureros» descubrieron un planeta lejano más adentro y más al sur de su propio país. Los documentales arrancan en los Apalaches, la cuna de la cultura Hillbilly, levantada sobre las tradiciones de colonos irlandeses y escoceses, con su acento, leyes y costumbres propias y, por supuesto, sus canciones. Eran pobres de recursos pero ricos en un acervo que se había cocinado en esas cordilleras aisladas, compartido en los porches de las casas. Pero de entre todos los paletos de estas montañas había una familia especial. Los Carter serán los padres del country moderno desde el primer día que entren a grabar una canción en Bristol (Tenessee) vestidos con harapos. Les hicieron entrar al lugar por la puerta trasera porque parecían unos cazurros. Habían conducido todo el día por una carretera de barro y se habían puesto perdidos. Además, a la audición Maybelle llegó con un prominente embarazo de nueve meses. Sin embargo, A.P., Maybelle y Sara Carter provocaron el big bang del country en un almacén abandonado donde una persona fundamental para la historia de la música, el cazatalentos Ralph Peer había instalado su equipo de grabación.

Peer fue decisivo porque grabó el primer disco superventas para afroamericanos, de Mamie Smith, conocida como la reina del blues, y al mismo tiempo la primera grabación de country tocado por blancos, Fiddlin John Carson. Pero lo que la humanidad le agradecerá es que no permitiese que algunas interpretaciones del joven Louis Armstrong se difuminasen en las noches de Nueva Orleans. Él fue el primero en llevar a cabo una grabación comercial en el maravilloso puerto del sur. Peer fue un visionario y supo acercarse a la música de la clase trabajadora. Como dice Jack White en el documental: «Lo maravilloso de América es que alguien inventa algo en un almacén o un garaje y altera la vida de millones de personas».

Las grabaciones de la música «étnica» (negra) y las «canciones de las montañas» (country) realizadas por Peer para el sello Victor resultaron ser un éxito en las ciudades y un modo de vida para quienes estaban desahuciados en el sur pobre. Los Carter ganaron bastante. Registraron 326 canciones en 12 ciudades distintas y superaron la era de la gran depresión, hasta que A.P y Sara se divorciaron pero la dinastía ya tenía fama suficiente para seguir transmitiendo las viejas canciones de su cosmos rural.

Sin embargo, esta historia no tiene sentido sin las ciudades y MacMahon y McGourty, realizadores del documental, viajaron a algunas antes de que desapareciese el último testigo de los viejísimos tiempos. La cámara entra en Memphis, donde el comercio del algodón atraía a jornaleros que gastaban la paga semanal en alcohol barato y prostitutas. La música jugaba un papel esencial en esa parte del Delta del Mississippi, una ciudad que estaba siempre despierta, y donde nació el blues seguramente por enlazar muchas mañanas de resaca. En Beale Street se consumían drogas y se bebía whisky hasta el amanecer mientras las «jug bands» (grupos que no podían permitirse instrumentos convencionales y tocaban con tablas de lavar la ropa, cubos de fregar y soplando dentro de botellas como si fueran flautas) cantaban a ese submundo marginal. El rapero Nas dice en el documental: «Hablaban de mujeres, de llevar armas encima, de proteger su honor, como en el hip hop moderno. Cantaban lo que pensaban sin reparos». Tan parecida era la vida a esto que tenemos hoy que incluso la Mississippi Jug Band tocaba «Cocaine habit blues» como crónica de una adicción peligrosa ya en 1930. Will Shade, su líder, murió en 1960 arruinado. Pero parece ser que un joven de Tupelo (Mississippi) llamado Elvis llegó a escuchar sus grabaciones.

Y es que aquellos discos grabados por gente corriente empezaron a hacer volar las mentes a lo ancho de EE UU. Los guitarristas del Delta, el góspel de los predicadores del Sur, el cajún de Louisiana, los tambores de los Hopi, nativos del desierto de Arizona, los corridos de la frontera entre Texas y México, y hasta las “slide guitars” de Hawai impulsaron al rock & roll. “American Epic” también acude a esos rincones del país, para ver qué queda. Los protagonistas y testigos de esta enorme epopeya musical hablan para la cámara. Pero no las grandes estrellas, sino los actores secundarios, quienes quedaron fuera de foco, los que vivieron toda esa cultura y aún siguen por allí. No es una versión wikipédica de la historia, sino una de viva voz, contada por gente corriente.

Todas las razas y acentos

Si la épica es una narración de hechos legendarios (reales o ficticios) aquí la tienen. Pero, ¿y si la épica fuera en el fondo permanecer en el mundo como un eco? Entonces, lo mejor que podemos hacer los vivos es aprender de dónde venimos, cuánto de común es nuestra historia, escrita por gente corriente de todas las razas y acentos. Los americanos saben hacerlo mientras en España suspendemos en Historia. Escuchar aquellas grabaciones en el documental es muy revelador, porque mientras el sonido crepita y se ahueca lejano, la sustancia, las palabras y el sentimiento siguen siendo de la misma naturaleza un siglo después. Por esa razón tiene sentido la película final, en la que artistas contemporáneos como Taj Mahal, Willie Nelson, Merle Haggard, Steve Martin, Los Lobos, Elton John, The Avett Brothers, Pokey Lafarge, Ana Gabriel, Alabama Shakes, Beck y hasta el rapero Nas se suman en una histórica sesión a cantar canciones de los pioneros. La versión de Nas de «I’ll Get a Break Someday» de Will Shade, pionero del blues, deja claro que ambos son primos lejanos y que, de haberse conocido, se habrían llevado bien.

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