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Beczala, admirable voz en plenitud

Gonzalo Alonso. 

Tiempo de lectura 2 min.

10 de enero de 2018. 00:37h

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Gonzalo Alonso.  10/1/2018

Obras de Donaudy, Wolf-Ferrari, Resphighi, Tosti, Szymanowski, Karlowicz y Moniuszko. Tenor: Piotr Beczala. Piano: Helmut Deutsch. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 8-I-2018.

Piotr Beczala (Polonia, 1966) lleva ya años cantando –parece mucho más joven de lo que realmente es– y ocupando uno de los lugares más destacados de la lírica actual. Hace ya más de quine años que destaqué sus valores cuando pertenecía a la compañía de la Ópera de Zurich. Sin embargo empezó a ser conocido en España por la perfectamente prescindible «Traviata» de la Scala de 2013, tras la que declaró no sentirse propicio a cantar más en Italia a medio plazo. Ciertamente poco hubo positivamente destacable en aquella premier y ni el mismo Beczala. Un par de años después se presentó en el Teatro Real en un concierto con orquesta en el que homenajeó a Alfredo Kraus. Declaró entonces ser admirador del tenor canario. Tres años después parece más bien serlo de Jussi Bjoerling sin que lo declare, porque la voz recuerda en muchos momentos a la de aquel admirable tenor y en otros a Carreras o di Stefano de jóvenes. Sólo esto ya dice todo de su maravillosa voz, que ha llegado al ciclo de lied en plenitud, produciendo al oyente el mismo placer que cuando en él debutó Thomas Hampson. ¡Qué placer escuchar una voz así, bella, natural y sin problemas! Sonido limpio, claro, con brillo y solidez, de agudos impecables, con un paso que no se advierte, sin engolar... Le acompañó Helmut Deutsch, habitual con Kaufmann, con más corrección que inspiración. A veces alguien debería aconsejar a estas grandes figuras o ellas deberían pedirlo. La gran Christa Ludwig no acababa muchas veces de diseñar convenientemente los programas de sus recitales liderísticos. Beczala dedicó una primera parte a canciones italianas muy conocidas y la segunda a compositores de su entorno natal. En la primera se caldeó el público hasta lanzarle algún que otro «¡Bravo!», mientras que la segunda lo enfrió hasta las dos últimas piezas de Moniuszko, una de las cuales concedió como propina en el Teatro Real. Se le aplaudía, pero el ambiente se enfrió. También se enfriaron los subtítulos que muy acertadamente se proyectan desde hace poco y ni en Karlowicz ni en el citado Moniuszko aparecieron. Mejor hubiera resultado el intercambio entre ambas partes. Beczala sabía que tenía que acudir a las propinas para levantar la velada y concedió tres: «Matinatta», los adioses a la vida de Werther y Cavaradossi. Espléndido el primero y sin concesión alguna al efectismo el segundo. Las tres marcaron un triunfo total que, hasta entonces, era claro pero frío. Hacía mucho que quien firma no disfrutaba tanto con un tenor. ¿Cuándo le tendremos en una ópera en el Real? Estamos deseándolo.

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