Crítica

Del Mar del Norte al Golfo de Bengala

Crítica de ópera / «El holandés errante». De Richard Wagner. Voces: Evgeni Nikitin, Kwangchul Youn, Ingela Brimberg, Nikolai Schukoff, Kai Rüütel. Coro y Orquesta del Teatro Real. Dirección escénica: Alex Ollé. Dirección musical: Pablo Heras-Casado. Teatro Real. Madrid, 17-12-2016.

La impactante escenografía corrió a cargo de Alex Ollé
La impactante escenografía corrió a cargo de Alex Ollélarazon

Reparto absolutamente internacional para esta producción: un ruso, un coreano, una estonia, un austríaco y una sueca para los cinco papeles estelares. Añádase a esto la presencia de españoles en orquesta, coro, dirección escénica y rectoría musical. Pero el inefable cóctel funcionó como un mecanismo de relojería, con rara perfección. El arranque, a telón descubierto nada más se inicia la Obertura, es impactante: la proa de un barco enorme, una suerte de «Titanic», que oscila hacia los espectadores en medio de un mar embravecido. Idea sorprendente de Alex Ollé: sólo hay un barco, el de Daland, y de las bodegas y sentina del navío surgen los espectros que acompañan al Holandés en su eterno periplo: son los fantasmas que viven dentro de nosotros. La siguiente ideación es aún más arriesgada: ubicar la acción, no en las costas noruegas, sino en Chittagon, el mayor puerto de Bangladesh, en época actual, y en un completo «cementerio marino» –pero no el del poema de Paul Valery–, donde los incansables técnicos de la Fura van a ir desguazando entero el barco en el curso de la obra. El equipo canoro fue de plena competencia. El ruso Nikitin, un cantante entre los preferidos de Valery Gergiev, superados ya sus problemas en Bayreuth por sus tatuajes filo-nazis, dio la talla como Holandés; pero aún más que él brillaron el coreano Choun, como el capitán de barco que vende a su hija, vitoreado por el público, y desde luego, ella, Sent, recreada con pasión por la estonia Brimberg. Muy bien la sueca Rüütel en el conciso papel de Mary y algo escaso de recursos el tenor austríaco Schukoff. Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) dirigía el primer Wagner de su brillante carrera. Su trabajo fue magnífico, lleno de vitalidad y cargado de fuerza desde los primeros compases de la obra, pero detallista y transparente con las texturas de la partitura. Sólo se le puede objetar un cierto exceso de velocidad en el arranque de las última escena, lo que provocó algún ligero desajuste entre el coro grabado y el que estaba en escena, en la secuencia en que las formaciones corales cantan enfrentadas. De otra parte, su acompañamiento a la balada de Senta fue extraordinario, con mimo a la cantante y sutilezas instrumentales palpables. La Sinfónica respondió a sus órdenes con precisión, entusiasmo y un sonido grande, vibrante, de gran formación orquestal. También apta para los superlativos la prestación del Coro Intermezzo, no sólo exacto en afinación y precisión, sino como adecuadísimos figurantes de la nada sencilla escenografía/coreografía de Ollé. Obligado es citar a su director principal, el siempre caluroso Andrés Máspero. El libro-programa contenía interesantes y sabios ensayos de Andrés Ibáñez y Juan José Carreras sobre el contenido musical de la página y sobre los orígenes literarios de la leyenda del navegante. Todo ello conformó una velada en la que el Teatro Real despedía el año con flamante exhibición de sus recursos propios –coro y orquesta, y su principal director invitado– y en una producción que a nadie deja indiferente.